| 9/19/2017 9:48:00 AM

Crecimiento: entre la espada y la pared

El enfriamiento de la economía colombiana evidencia que tanto al Gobierno como al Banco de la República se les acaba la munición para reanimarla.

La economía colombiana pasa por un momento agridulce: mientras que el Banco de la República ha defendido a capa y espada el control de la inflación, al Gobierno se le han venido agotando los argumentos para inyectarle dinamismo.

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Y es que las pruebas son claras: mientras que hace diez meses, la inflación se ubicaba en 8,97%, hoy en lo hace en 3,87%, una rebaja importante de 510 puntos básicos.

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De manera reciente hemos registrado que los precios de los alimentos (uno de los componentes que más pesa en la canasta familiar) vienen protegiendo el presupuesto de las familias al no registrar alzas importantes, lo que hace pensar que el impulso temporal que habrá de mantenerse hasta el fin de año, no hará que la inflación supere significativamente el temido tope del 4%.

Sabiendo que al controlar la inflación el Banco de la República busca proteger el poder adquisitivo de los colombianos y propiciar un entorno en el que las familias, empresas y gobierno puedan asignar de la mejor manera los recursos para maximizar el bienestar, debemos reconocer que con un débil crecimiento del 1.2% alcanzado en promedio durante el primer semestre, la actividad económica en el país ha estado más débil de lo que habríamos esperado al inicio de año y requiere de todas las herramientas que estén al alcance para reanimarla. 

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Pero el panorama no luce muy positivo. Tras la reforma tributaria aprobada en 2016, los empresarios del país han visto afectadas las ventas por cuenta del incremento del IVA del 16% al 19%, en medio de una preocupante reducción en el ritmo de colocación de crédito, con lo que el optimismo y la confianza en el futuro económico de los empresarios se vino al piso. En este escenario, hemos observado un menor dinamismo en las intenciones de compra y de inversión tanto de las familias como de los empresarios, con una gran acumulación de inventarios que han demandado toda la creatividad y estrategia para superar la coyuntura, sacrificando en muchos sectores márgenes de utilidad en el intento de preservar el empleo del país, reduciendo la capacidad de operación de manera dramática.

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Si bien los informes de producción industrial y ventas al por menor de julio permiten suponer que la economía ha tocado fondo y un mejor desempeño estaría por venir, la velocidad de la recuperación dependerá en gran parte del apoyo que los bancos ofrezcan a los colombianos, al permitir un mayor traspaso de las reducciones de interés que ha realizado el banco central desde diciembre del año anterior y al “no apretar más la clavija de condiciones para otorgar crédito” tal como lo pidiera el propio ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría hace unos días.

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Bajo este panorama, y entendiendo que será difícil esperar gestiones del Gobierno que animen la deprimida demanda, es deseable que el Banco de la República pueda anticipar parte de los 75 puntos básicos que podría reducir la tasa de referencia en 2018, ya que existe un amplio consenso entre los analistas, de que la inflación alcanzará un nivel cercano al 3.5% en tan solo cuatro meses y tatrar de hacer que la equidad, el empleo y el crecimiento económico regresen nuevamente. 

Por Wilson Tovar

Gerente de Investigaciones Económicas

Acciones & Valores

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