| 4/18/2011 7:30:00 AM

Cinco cosas que salvaron a Colombia

Colombia hoy es una sorpresa para los economistas que le han seguido la pista al desarrollo nacional de los últimos cincuenta años. El profesor de la Universidad de Toronto, Albert Berry, conoce el país desde los sesenta. Cuenta por qué la economía creció más de lo esperado.

Colombia hoy es una sorpresa para los economistas que le han seguido la pista al desarrollo nacional de los últimos cincuenta años. “Ha tendido un buen grado de éxito. Se ha comportado mejor de lo que esperaba cuando vine la primera vez”. El profesor de la Universidad de Toronto, Albert Berry, llegó a Colombia en los años sesenta a estudiar el café. En ese momento la preponderancia del cultivo era enorme. Cerca del 70% de la economía era rural y el café era de lejos el principal cultivo.

“En los sesenta yo era bastante pesimista frente al desarrollo de este país. Creo que me contagié del pesimismo de los colombianos”, dice. Y quizás había razones para no hacer grandes apuestas por el futuro de este país. Una de ellas estaba en que acababa de salir de un período de violencia política muy importante.

Otra estaba en que la ortodoxia académica - que en ese momento estaba bastante influenciada por las tesis de la CEPAL -, sostenía que los países productores de materias primas estaban condenados al subdesarrollo por una especie de plan internacional de injusticia capitalista, orquestado desde los países del ‘centro’, que mantenían deprimidos los precios de esos bienes.

Una buena muestra del pesimismo de la época estaba escrita en el primer plan decenal de desarrollo para Colombia. “Los nueve sabios de la OEA que lo escribieron le apuntaban a un crecimiento del PIB de 5% anual, pero en realidad esperaban 4%. Y en general los países latinoamericanos el crecimiento no excedió el 5%”, recuerda el profesor Berry.

No obstante, Colombia tuvo unas características particulares que la hicieron romper las limitaciones que le imponía esa especie de techo al crecimiento.

Uno de los elementos que aceleró la economía, le dijo el economista a Dinero.com, fue la urbanización del país y con ella, el movimiento que la sacó de las actividades agropecuarias, hacia otras más modernas, industriales y de servicios.

El segundo, que es muy interesante, es que a pesar del costo humano tremendo de la violencia, la economía nunca entró en recesión. Albert Berry ofrece una explicación para esto. En la primera ola de violencia política de los cincuenta, hubo una clara orientación hacia cambiar el control de la tierra. “Esa violencia mató mucha gente, pero la tierra siguió siendo usada para producir”, ilustra. En la segunda ola de violencia, la del narcotráfico, hubo una redistribución de tierras hacia los productores y comerciantes de drogas, pero tanto la tierra como el tráfico siguieron siendo una fuente de avance económico y por eso la producción no dejó de crecer.

El tercer elemento, opina, está en la calidad de los empresarios nacionales. “Colombia está bien adelante de los vecinos en esto. Tienen una gran capacidad de emprender negocios productivos e improductivos”, dice refiriéndose con lo último a los de corrupción y captura de rentas, o a los de destrucción de activos que producen las acciones criminales y violentas.

Sobre este asunto, Albert Berry afirma que Colombia tuvo suerte al no depender de los recursos mineros. Esto forzó a los empresarios a promover el crecimiento. Piensa que en los últimos cincuenta años, mantuvieron y pulieron las habilidades empresarias que habían conseguido en los cien anteriores. Entre 1850 y 1950, aclara, Colombia generó una mejor base de talento empresario que sus vecinos. Lo hizo frente a Venezuela que empezó a convertirse en economía petrolera desde los veinte; frente a Ecuador que fue predominantemente bananera y frente a Perú que tuvo una base de desarrollo montada sobre sus minerales. “La buena administración se volvió necesaria en Colombia porque no era Arabia Saudita”, añadió.

Otra característica que le ayudó a Colombia a crecer más de lo que esperaban los observadores de los sesenta, fue la calidad de la tecnocracia en el gobierno. Señaló que esa era la tesis que planteaba Robert Dix en un estudio sobre modernización en Colombia. “Los niveles altos de los políticos y del aparato administrativo eran inusualmente buenos frente a los de otros países. Serios, trabajadores y no corruptos”, afirmó.

Como ejemplo, cita también otro estudio de Rosemary Thorp que comparaba las élites de gobierno de Colombia y Perú y demostraba que la colombiana era más profesional y competente.

La suma de un gobierno capaz con empresarios hábiles permitían por ejemplo, que los recursos no se usaran en capturar rentas. “Se usaron para construir el comercio y el café”, afirma. El país tuvo hasta los ochenta una sociedad menos buscadora de rentas que las de otras del vecindario. “La calidad del gobierno bajó con la infiltración del narcotráfico. Es muy infortunado. Antes era mucho mejor”, destaca el economista.

Estos cinco elementos terminaron por mejorar el perfil de la economía y ahora permiten crecer más allá de lo que pensaban los Baby-boomers más optimistas.

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