| 9/12/2015 5:00:00 AM

El desarrollo infantil, clave del éxito social

La pobreza, el maltrato o incluso una mala política estatal puede ser la diferencia entre una juventud saludable y productiva y un problema social a gran escala.

Hace poco la economista líder de la División de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), María Caridad Araujo, afirmó que “los primeros años de vida son fundamentales para establecer los cimientos sobre los cuales se construyen la salud y el bienestar de las personas”.

Al observar el contexto latinoamericano se hacen presentes los desafíos y la gran problemática que un bajo desarrollo en la infancia puede representar, no solo para el progreso económico de la región sino para la propia estabilidad social de los estados.

El peligro socioeconómico en el desarrollo infantil

El centro de desarrollo infantil de Harvard de la Universidad de Harvard resalta dos puntos en los cuales enfocarse para tener sociedades futuras más saludables. El primero es que durante los primeros años el cerebro humano experimenta su crecimiento más rápido y las experiencias tempranas determinarán si su arquitectura será robusta o frágil.

En otras palabras, la negligencia paternal puede, en términos generales, perjudicar severamente la capacidad de aprendizaje de los menores y aún peor su razonamiento.

En segundo lugar, el ambiente es un factor determinante y si en el primer punto la familia debe tomar las riendas de la responsabilidad, en este el estado tiene un amplio margen de intervención. Las investigaciones del centro de desarrollo infantil de Harvard, apuntan que “el estrés toxico” producido por la pobreza, el abuso, malnutrición, la violencia o las condiciones medioambientales producen un daño acumulativo en la salud física y mental.



Fuente Center on the Developing Child, Harvard University

Para resaltar este punto, se afirma que los adultos con este tipo de problemas en su infancia tienen mayores probabilidades de experimentar alcoholismo, depresión, enfermedades cardiacas y diabetes.

Cuando se conoce que en América Latina el 60% de los niños entre 0 y 4 años pertenece a un hogar donde sus madres no tienen o tienen mediocres condiciones laborales, según el BID, la situación requiere medidas urgentes.

Para Araujo, “un niño expuesto al ‘estrés toxico’ desarrolla menos conexiones neuronales; revertir estos resultados más adelante es complejo y muy costoso”. Después de todo, la negligencia es una forma de maltrato infantil reconocida.

El rezago familiar

En contraparte, la intervención temprana ha demostrados ser muy efectiva para corregir los daños previos.

El problema es que no siempre las familias cuentan con los conocimientos, los recursos o las habilidades para ofrecer entornos adecuados para sus niños, explica la investigadora responsable del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Pontificia Universidad Católica, Argentina, Ianina Tuñon.

En su libro, “Desafíos del desarrollo humano en la primera infancia”, resalta que estudios de la Unidad de Neurobiología Aplicada en Argentina demuestran que las condiciones de la vivienda, estilos de crianza y disponibilidad de herramientas didácticas son iguales o más importantes que el nivel de ingreso o educativo de sus padres.

Se necesita definir sistemas integrales de indicadores de bienestar y desarrollo temprano,
para tener referencias sobre en qué objetivos ha deficiencias en la formación infantil y como atacarlos de la manera más eficiente.

La importancia del estado

Solo en Colombia, Unicef (Oficina de las Naciones Unidas para la Infancia y la Adolescencia) en el 2014 presento un informe donde se reporta que el 34% de los niños en el país se encuentra en pobreza multidimensional.
 
La intervención del estado se hace necesaria.
Pero, si en algo concuerdan todas las fuentes citadas en este artículo es la importancia de que el gobierno establezca las medidas necesarias, de la mejor manera posible. “Una ayuda mediocre es equivalente a un impedimento”, afirma el BID.

Y el centro de desarrollo infantil en Harvard lo corrobora. En la siguiente imagen se muestra la diferencia de la actividad cerebral (los colores rojo y naranja) en tres diferentes tipos de actividad neuronal en cada columna.



Fuente Center on the Developing Child, Harvard University

Es evidente que aquellos niños que fueron institucionalizados (orfanatos, centros educativos del gobierno, madres sustitutas) en condiciones precarias (estrés toxico endémico) tienen un desarrollo sensiblemente menor que aquellos que no tuvieron la necesidad gracias a una familia estable.

Sin embargo, existe una amplia gama de políticas con las que el estado puede tener un impacto positivo que van desde brindar servicios de protección a la infancia, apoyo económico a las familias (enfocado en la formación de empleo y menos en la aplicaciones de subsidios.

Aun así, serán los programas de prevención los que mejores resultados arrojarán, concluye el libro “Desafíos del desarrollo humano en la primera infancia”.

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