| 11/10/2015 12:05:00 AM

El salario mínimo definirá la suerte de la política monetaria

La inflación de 2015 hace parte de las nuevas reglas de juego. Bajos precios del petróleo, mayor tasa de cambio en un país de baja productividad y baja competitividad, por un periodo de tiempo prolongado, deberían marcar el nuevo rumbo de la discusión salarial.

La inflación anual de octubre de 2015 es la segunda más alta en más de una década, solo superada por la del 2008 y con unas características especiales, en general, similares a la del mayor registro. Es el resultado de un fuerte choque de precios de un año a otro y se da en medio de una importante desaceleración económica local. La respuesta de política monetaria frente a 2008 ha sido diferente, en parte por el contexto externo diferente, pero la negociación salarial de 2016 será determinante en la respuesta que a la actual coyuntura de precios le dé el Banco de la República en 2016.

En especial, la inflación de 2015 se explica principal pero no exclusivamente por alimentos. Mientras en los primeros 10 meses de 2014 alimentos explicaba el 38% de la inflación, en 2015 explica el 49%. Ambas cifras reseñan que alimentos ha liderado de lejos el aumento de la inflación pues su peso en la canasta básica de una familia colombiana promedio es de 28,1%.

Como suele ser tradicionalmente, los alimentos hasta abril aportaron en forma desproporcionada a la inflación. Tras contribuir con el 56% de la inflación acumulada a abril, un nivel sensiblemente superior al de 2014, el Banco de la República centró el cumplimiento de la meta en un retroceso de alimentos para la segunda mitad del año.


 
Fuente: Dane, construcción Dinero.

Inicialmente esa expectativa estaba intacta con crecimientos negativos en los precios de los alimentos en mayo, junio y julio, aunque junio prendió una alerta importante. La deflación de alimentos y su aporte a la desinflación fueron más bajos que en 2014. Esto a pesar que debía ser mayor por la fuerte acumulación de inflación de alimentos de los primeros meses del año. Un fuerte revés para la expectativa de poder cumplir la meta este año. Los datos de julio después ratificaron la mala noticia. Tras una breve tendencia a la baja en los precios había un nuevo punto de inflexión y en agosto alimentos volvía a ser el componente que más aportaba a la inflación mensual.

En especial, en septiembre y octubre el aporte estuvo en contraposición a lo que ocurría el año anterior. También quedó en evidencia que la inflación de alimentos seguirá presionando al alza la inflación en el cierre de 2015.
 

Fuente: Dane, construcción Dinero.

Una de las mayores implicaciones de la mayor inflación y el incumplimiento de la meta está relacionada con la discusión del salario mínimo en 2016. En la última década, el salario mínimo ha aumentado en promedio un 5,5% anual. La inflación en ese periodo ha sido en promedio de 4,1% por año, si se calcula con la inflación al final de cada año, o de 3,94% si el promedio es obtenido de la inflación 12 meses desde enero de 2006. Por lo mismo, el salario mínimo ha tenido un aumento real de casi 1,5% en la última década.

Ahora que la tasa de cambio da una ventaja competitiva hay que evitar fomentar una espiral inflacionaria

Dos aspectos relevantes se deprenden de lo anterior. El aumento real del salario ha sido algo mayor al aumento de la productividad, lo que supone menores condiciones de  competitividad y mayor inflexibilidad para aumentar el empleo. Pero también indica que en un escenario cambiario favorable en la última década (tasa de cambio promedio de $2.055,24), la inflación promedio fue de casi 4%, cercana al rango superior de la meta por lo que en el futuro será más difícil lograrla en un escenario cambiario adverso.

Ambas circunstancias sugieren que la negociación salarial para 2016 será especialmente crítica para poder volver a encausar la inflación, así como será fundamental para el panorama del empleo, la competitividad y el crecimiento económico.

En especial porque un aumento sustancial del salario mínimo puede mejorar la capacidad de consumo y de endeudamiento de las familias pero deteriora la capacidad de ampliar mercados, aumentar la producción y de generar nuevo empleo en momentos en que el país debe recuperar el aporte de su sector externo a la economía.

Dicho por Larry Summers a Moisés Naim para El País de España, América Latina ni compite con bajos costos como Asia ni con innovación y tecnología como Sillicon Valey.

Desde 2009 el país se permitió trasladar parte del efecto de apreciación cambiaria y menor inflación a aumentos importantes del salario real. Hoy no puede permitirse eso. Ahora y en los próximos años, para mantener la inflación a raya es necesaria una mayor coherencia entre salario real y productividad. Sin esto, el episodio reciente de mayor inflación podría dejar de ser transitorio y temporal.

¿Qué hacer con el salario mínimo?

La situación actual supone una enorme encrucijada.

Los siguientes gráficos evidencian que es la segunda vez en la última década que la inflación del año superará el aumento en el salario mínimo para el mismo periodo. Es decir, es la segunda vez que el salario mínimo cae en términos reales.

La vez anterior en que esto sucedió la situación se manejó aumentado el salario mínimo del siguiente año al casi mismo nivel que la inflación observada, por lo que no hubo aumento real. Sin embargo, con la fuerte caída de la inflación en 2009, el aumento real terminó siendo significativo.
 

Fuente: Dane y BanRep, construcción Dinero.

Pero las condiciones externas de 2009 y 2015 son diferentes y ello es muy importante. ¿Qué hubiera pasado si en 2009 no hubiera habido una fuerte corrección a la baja de la tasa de cambio o si las condiciones se asemejaran a las actuales? Con el aumento del salario de 7,7% que se hizo entonces, la inflación no habría descendido de 7,7% a 2% y las ganancias reales para los trabajadores en 2009 no habrían sido tan espectaculares como lo fueron. Las mayores de la última década.

Por lo mismo, esta sería la primera vez que se requiere que el aumento para el siguiente año sea bastante inferior a la inflación causada, pero una ley de 2013 no lo permite.

Seguramente de poder cumplirse, muchos dirían que es socialmente un retroceso. Sin embargo, ese retroceso es menos oneroso socialmente que debilitar o deslegitimar el esquema de inflación objetivo que desde 1999 rige la política monetaria del país y por el cual Colombia ha logrado la menor inflación y con una de las más bajas volatilidades de la misma en casi 90 años.
 

Fuente: Dane y BanRep, construcción Dinero.

Si por justicia social fuera…

El palo no está para cucharas… en poco más de un año la inflación de las familias de bajos ingresos pasó de 2,61% a 6,18%. Supóngase que la inflación de octubre de 5,89% hubiera sido la de diciembre de 2015. Pensando en reponer el poder adquisitivo de las familias de bajos ingresos en las 9 ciudades con mayor inflación y de las cuales solo una es de las principales del país, habría que pensar en un valor muy superior.

Ciudades como Quibdó, Pasto, Ibagué, Montería o Sincelejo presentan inflaciones de bajos ingresos sustancialmente mayores. Por ejemplo, la inflación en Manizales, la mayor registrada en una ciudad del país, está en 7,81%, acercándose al 8%. Estas ciudades han sufrido un choque incluso muy superior al del país. Si por justicia  social de corto plazo fuera, estaríamos hablando de subir el salario más de 8%.

Pero aún subiéndolo 8% quedarían dudas. La inflación de alimentos en Manizales ya supera el 11% y en Armenia y Sincelejo se ubica cerca del 10,5%, muy lejos de la meta de inflación del Banco de la República.
 

Fuente: Dane, construcción Dinero.
 

Fuente: Dane, construcción Dinero.

En conclusión

Como nunca antes la definición del salario mínimo de 2016 determinará la política monetaria en Colombia. La economía no está para aguantar un tirón fuerte de subidas en tasas de interés. Pero la política monetaria no está para quedarse quieta ante tan complicados riesgos de elevada e inestable inflación.

Si el salario mínimo aumenta considerablemente, el Banco de la República tiene que escoger entre, presenciar un inevitable resquebrajamiento de la credibilidad del esquema de inflación objetivo o defender dicho esquema bajando la inflación a punta de tasas de interés y exhibiendo su independencia.

Esa disyuntiva se puede evitar en gran parte si todos entendemos que no es oportuno pensar a corto plazo y escogemos que la baja inflación siga siendo parte fundamental del consenso social en Colombia.

Hoy, una parte importante de la mayor inflación de 2015 es transitoria, pero al país le llegó la hora de tomar decisiones dolorosas e inaplazables. Una es no arriesgarse a volver permanentes esas presiones vía mayores salarios y bajas tasas de interés.

La otra, es comprender que en adelante los aumentos salariales reales de 1,5% sin productividad son poco progresivos socialmente, ya que en un mundo de bajos aumentos salariales, creciente revolución tecnológica y acelerada competencia, dada nuestra baja competitividad, serán difíciles de sostener.

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