| 3/8/2016 12:01:00 AM

La urgencia de una política de desarrollo productivo

Las políticas de desarrollo productivo requieren de inversión pública suficiente durante un periodo razonable hasta lograr un umbral a partir del cual la inversión privada toma la delantera. En Colombia no se ha llegado a ese umbral.

La gravedad de la situación actual, las limitaciones de las políticas macroeconómicas y la perspectiva del mantenimiento de un escenario inercial, en cuanto a caída de exportaciones, productividad laboral muy baja y estancada en relación con Estados Unidos, la precariedad del alcance de la innovación – según el Dane, en 2014 sólo 9 empresas industriales logran innovaciones para el mercado internacional, y el 77% no innovan-, y la persistencia de la informalidad,  justifican un tratamiento inédito en Colombia aunque, según el BID, aplicado, con variantes, en muchas economías exitosas desde hace medio siglo.      

El BID en su importante Informe de 2015: Cómo repensar el Desarrollo Productivo?, basado en experiencias de varios continentes, en países que lograron dar alcance (catch – up), sintetiza la conveniencia de ampliar el marco conceptual para el diseño y gestión de la política de desarrollo productivo partiendo, en primer lugar, de las fallas de mercado y de coordinación; y en segundo lugar, de la escasez de bienes públicos y de insuficientes intervenciones de mercado para superarlas. Lo anterior genera cuatro tipos de política: provisión de bienes públicos comunes a todos o la mayoría de sectores, o dirigida a sectores específicos; y la intervención de mercado en todos los sectores, o en determinados sectores.  Se reconoce la mayor dificultad relativa para el diseño y la aplicación de políticas verticales o sectoriales, por el peligro de la captura y el riesgo moral, más se requieren y existen casos de aplicación exitosos.

Está demostrada desde el punto de vista académico la relación entre innovación –basada en investigación y desarrollo, I&D, o no- y la productividad, aunque muy poco conocida en nuestro medio, que requiere además una focalización productiva concertada entre los sectores público y privado, tanto hacia cadenas productivas y/o actividades intensivas en conocimiento vía la innovación, y en el contexto de cadenas globales de valor como lo propone la ANDI (2015), como en actividades o sectores más bien tradicionales e intensivos en empleo, con alta demanda nacional e internacional, tal como lo sugiere la CEPAL (2012). 

El proceso de focalización debe sincronizarse en un doble movimiento: abajo-arriba y viceversa. El primero debido a que es en el territorio en donde los empresarios y el Estado generan conocimiento y decisiones con probabilidad de gran efectividad; y, en sentido estratégico, la construcción de la Paz en el periodo de transición requiere acuerdos desde el nivel territorial vinculando el desarrollo productivo con la inclusión social, hecho que se configura en una oportunidad. La focalización desde una visión nacional se justifica por interés público privado transversal a muchos sectores, como las tecnologías de propósito general, TPG, tal la biotecnología basada en la biodiversidad, nanotecnología aplicada a resolver problemas ambientales, la convergencia bio-nano aplicada a biorefinerías, y las TIC con aplicación en salud, educación, seguridad, entre otras.   

Desde el plano técnico y académico, es posible afirmar que en estos 50 años se han creado, puesto a prueba y afinado toda una caja de métodos, técnicas y herramientas, que, con el enfoque práctico de Ha-Joon Chang, han demostrado su potencia para facilitar la consecución de objetivos y metas contradictorias y la formulación de estrategias de largo plazo y hojas de ruta detalladas y de mediano plazo; un ejemplo de ello es el importante insumo que aporta el Atlas de Complejidad liderado por Bancoldex que permite, desde el nivel municipal hasta el nacional, identificar conjuntos de productos promisorios para un desarrollo productivo. Pero se trata de un insumo técnico, entre varios, que requieren ser asumidos por un proceso de concertación entre actores privados y públicos. La decisión de asumir la focalización es principalmente de carácter político.

Entre las innovadoras estrategias para apoyar de manera contundente el desarrollo productivo y la innovación hay que mencionar la transferencia internacional y, en menor medida, nacional de tecnología, ya que existen tecnologías en el dominio público o maduras que podrían impulsar, a relativo bajo costo, la apropiación tecnológica en las empresas que no innovan y las que lo hacen para el mercado nacional –logrando así dinamizar la innovación en el 97% de las empresas industriales-; y, para el posconflicto, es posible poner en práctica la oportunidad política planteada en el capítulo de transferencia de tecnología lograda en el Acuerdo Comercial con la Unión Europea (Capítulo 5, articulo 255, y sobre todo el numeral 5), concertando un Programa estratégico al respecto para transferir en condiciones dignas tecnología madura o emergente para el desarrollo social de la población afectada por el conflicto; cualificaríamos la cooperación internacional, y lograremos fortalecer y construir capacidades humanas.

Pero todo esto requiere de cambios en el contexto: se requiere un monto mayor de recursos públicos para apoyar el desarrollo productivo y la innovación que se espera lograr a partir de una reforma tributaria estructural progresiva, y con un ajuste del presupuesto nacional. Las políticas de desarrollo productivo y, en particular, la de ciencia e innovación, requieren de inversión pública suficiente y durante un periodo razonable hasta lograr un umbral a partir del cual la inversión privada toma la delantera. En Colombia no se ha llegado a ese umbral.

 Iván Montenegro Trujillo

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