| 10/31/2015 5:00:00 AM

¿Está obsoleto el término Mercado Emergente?

Los mercados emergentes se han vuelto mucho más complejos. Ello ha puesto en duda si la expresión “mercado emergente” sigue siendo apropiada para englobar a tanta diversidad, o si por el contrario, se ha vuelto obsoleta.

En 1981, el entonces director de mercados de capitales de la Corporación Financiera Internacional (el brazo de inversiones del Banco Mundial), Antoine van Agtmael, acuñó el término “mercados emergentes” al darse cuenta de que era más efectivo para atraer inversión a las “economías del Tercer Mundo”. En ese entonces, apenas eran una fracción de las economías desarrolladas de EE.UU., Europa o Japón.

Casi 35 años después, los mercados emergentes -que incluyen a China, India y Brasil- superan el 50% del PIB mundial (a paridad de poder de compra). Junto con crecer, los mercados emergentes se han vuelto mucho más complejos, al incluir economías grandes y pequeñas, cercanas al desarrollo o muy subdesarrollados, manufactureros o proveedores de materias primas, entre muchas otras diferencias. Ello ha puesto en duda si la expresión “mercado emergente” sigue siendo apropiada para englobar a tanta diversidad, o si por el contrario, se ha vuelto obsoleta.


Sin dudas, el término “mercados emergentes” ha recorrido un largo camino desde su incepción. Ciertamente cumplió con su propósito de atraer inversión privada a países que hasta entonces sólo recibían fondos de entidades multilaterales como el Banco Mundial o las Naciones Unidas, o bien organismos de ayuda internacional.

El principal incentivo para la inversión era el mayor crecimiento que ofrecían al inversionista los países que se calificaban bajo el concepto de emergentes.  Se trataba de economías que se integraban gradualmente al resto del mundo, primero en el ámbito de intercambio comercial (la entrada de China a la Organización Mundial de Comercio fue un hito clave en ello) para luego incluir a los mercados financieros.

La mayor integración no solo trajo claros resultados positivos a los inversionistas que registraron altas rentabilidades, pero también benefició a los países receptores de la inversión, al ver sus estándares de vida mejorar y permitir la expansión de clases medias, hasta entonces solo observables en mercados desarrollados.

Sin embargo, el desarrollo de los mercados emergentes tampoco estuvo exento de problemas. Se trataban de países donde la política importaba tanto o más que la economía. Los inversionistas tuvieron que adaptarse a eventos que no eran usuales en países desarrollados, como golpes de estado o gobiernos que cambiaban drásticamente sus modelos de desarrollo, no necesariamente en dirección amigable a inversionistas extranjeros. Los países emergentes también fueron el origen de diversas crisis financieras, como la crisis de deuda que afecto a America Latina a comienzos de los 80s o la crisis asiática de fines de los 90s.

A pesar de las crisis políticas y financieras, los mercados emergentes siguieron creciendo, encontrando un lugar en las carteras de inversión, no solo de inversionistas institucionales sofisticados sino también en el de inversionistas individuales, gracias al desarrollo de acceso como fondos mutuos y ETFs.

Recientemente, la premisa que genero el interés original de inversionistas por los mercados emergentes, el mayor crecimiento en comparación a países desarrollados, ha sido puesto a prueba. La brecha de crecimiento entre emergentes y desarrollados está en sus mínimos de varias décadas.

Pero no sólo el menor crecimiento ha llevado a cuestionar la vigencia de la expresión “mercados emergentes”. También la consistencia en aplicarla (o ausencia de ella). Por ejemplo, el tamaño de los mercados financieros de China (tanto accionario como deuda) supera largamente a la mayoría de los desarrollados. Por otro lado, como justificar que un país como Corea del Sur, domicilio de algunas de las mayores y más desarrolladas empresas del globo (como Samsung, por nombrar una), sigue siendo considerada una economía emergente. Al mismo tiempo, Portugal con una fracción del PIB de Corea del Sur y una menor presencia global de sus empresas, es catalogado como economía desarrollada.

Para muchos inversionistas los “mercados emergentes” seguirán siendo una categoría en su portafolio financiero. Pero ya es posible ver a otros, los más sofisticados, que están haciendo cada vez mayor diferenciación entre regiones, países e incluso sectores.

Axel Christensen, Director de Estrategia de Inversión para America Latina e Iberia de BlackRock
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