| 12/1/1995 12:00:00 AM

REVOLUCIÓN TELECOMUNICADA

LOS GOBIERNOS DEBEN SACRIFICAR SUS MONOPOLIOS EN EL SECTOR DE LAS TELECOMUNICACIONES PARA PERMITIR QUE LA COMPETENCIA MEJORE LA CALIDAD Y LOS PRECIOS DE LOS SERVICIOS.

EI vigoroso desarrollo tecnológico de las telecomunicaciones es sin duda una de las fuentes importantes del crecimiento económico mundial en la actualidad. Aparte de la enorme expansión en la diversidad de servicios que hoy ofrecen las empresas de telecomunicaciones, el desarrollo tecnológico ha conducido a lo que recientemente calificó la revista The Economist como la "muerte de la distancia". Este profundo cambio en tecnología le permite a las empresas significativas ganancias en productividad y disminuciones en costos. Si bien esta revolución tecnológica pareciera trascender las políticas nacionales sobre telecomunicaciones, el tamaño y velocidad de su impacto ciertamente dependen del ambiente propicio o adverso que los marcos regulatorios ofrezcan.

El alcance del cambio tecnológico en telecomunicaciones es impresionante. La introducción de la fibra óptica, la incorporación de computadores cada vez más potentes y el desarrollo de la televisión por cable, de los satélites y de las comunicaciones inalámbricas son algunos de los cambios que están rebajando radicalmente el costo de

las comunicaciones. Esta rebaja en costos está cambiando de manera impresionante la organización económica y nuestra forma de vida.

Convencionalmente, el servicio de telefonía se ha cobrado en función de la distancia y de la longitud de la llamada. Hoy día, la tecnología es tal que la distancia poco aporta al costo de una llamada telefónica. Con el desarrollo de las comunicaciones y la apertura del comercio internacional, las oportunidades para la división internacional del trabajo presentan una ampliación sin precedentes. En el trabajo y la vida cotidiana, la "muerte de la distancia" representa ganancias en tiempo disponible para otras tareas que hace sólo unos años eran impensables. Visto de otra forma, vivimos en un mundo donde quien no acceda a comunicaciones eficaces probablemente tiene la batalla perdida en los mercados competitivos de nuestra economía global.

El mejor provecho que un país pueda lograr de la nueva ventana al progreso que representan las comunicaciones depende fundamentalmente del acceso de las empresas y personas a todos los servicios disponibles de comunicaciones a costos competitivos. Y la mejor forma de lograr este objetivo es abrir los servicios de comunicaciones a la competencia internacional e impulsar la privatización de las empresas proveedoras de estos servicios. Esta trajinada receta de política económica está mostrando ya sus efectos esperados en el comercio mundial de telecomunicaciones. La expectativa hoy día es que la fuerza de la abundancia y de la competencia probablemente conducirán a mayores bajas de precios que reducirán las anormales utilidades que hasta hoy vienen disfrutando las grandes empresas que han aprovechado la bonanza de la tecnología y las posiciones de poder monopólico

El desarrollo y aplicación de la competencia en telecomunicaciones

presentan aspectos especiales que merecen alguna discusión. En primer término, conviene recordar la época, no muy lejana, en que se consideraba a las empresas de comunicaciones como monopolios naturales o como empresas "estratégicas" que debían ser propiedad del Estado o estar fuertemente reguladas. Este punto de vista calzaba muy bien con las necesidades fiscales de muchos países que acudieron, especialmente en los servicios de larga distancia, a cómodos peajes o plusvalías que representan el usufructo de ese poder monopólico. Esta forma de pensar ha cambiado en los últimos años, no porque los gobiernos hayan descubierto de pronto los méritos de la competencia, sino porque las presiones competitivas introducidas por nuevas formas de comunicaciones están destruyendo la factibilidad de mantener monopolios en este sector "estratégico".

Sin embargo, debe advertirse que todavía subsisten elementos importantes de monopolio en el comercio de servicios de telecomunicaciones. El principal de ellos parece ser las redes locales el "último kilómetro" que conecta el servicio al destinatario final. Pero aun éstas están amenazadas por el desarrollo de la telefonía inalámbrica, donde la innovación más probable sería una conexión digital inalámbrica a una antena fija de radio. Las posibilidades parecen ¡limitadas, de tal suerte que las barreras tecnológicas a la competencia están siendo derrumbadas una a una.

Como tomará un tiempo que la tecnología y la iniciativa privada erradiquen por sí solas las ganancias monopólicas que aún ofrece la capacidad instalada, los gobiernos tienen un margen de decisión sobre medidas que pueden favorecer o entorpecer la competencia. La postura más favorable para el desarrollo económico es la de abrir el campo de las telecomunicaciones a los proveedores privados y sujetar el mercado al rigor de la competencia internacional. Esta postura apunta a asegurar que los servicios se ofrezcan al costo más bajo para los usuarios independientemente de que los proveedores sean nacionales o extranjeros. Típicamente, esta postura significa privatizar las empresas que se mantienen en manos del Estado y permitir el libre acceso a todo proveedor potencial de servicios de telecomunicaciones. La privatización estimula un manejo más eficiente de las empresas y evita los precios distorsionados que frecuentemente se originan en objetivos políticos o fiscales. La apertura a. la competencia internacional es la forma de evitar que se constituyan monopolios privados o públicos. Hoy día. Por lo demás, al fomentar la competencia y la apertura, un Estado puede prestar su aporte para que el cambio en la tecnología efectivamente se traduzca en menores costos al sector privado y mayor crecimiento económico.

Para un Estado es mejor desprenderse de empresas que en un futuro pueden tomarse obsoletas o financieramente destruidas por el vigor de la competencia espontánea.
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