| 5/1/1997 12:00:00 AM

La electrodomesticidad del PC

Guía práctica para quienes los embiste el computador.

Una de las maravillas de nuestra complicada vida moderna es la multitud de aparatos que nos acompañan en las actividades diarias. Sin ellos seríamos prácticamente inútiles. Estos aparatos tienen el loable oficio de simplificarnos la existencia. Pero una maravilla todavía mayor es que no necesitemos entender cómo están hechos, para usarlos.



Una amplia categoría de estos aparatos y quizá los más evolucionados de nuestra parafernalia cotidiana reciben el nombre de electrodomésticos. Los electrodomésticos raras veces fallan y si lo hacen normalmente sabemos quién los arregla, como cuando se le funde una resistencia al calentador de agua o la licuadora se declara en huelga. Los electrodomésticos se enchufan y empiezan a funcionar al instante, si no hay un corte de la electricidad, por supuesto. Condición imprescindible para haber ascendido en la escala de la evolución hasta llegar a electrodoméstico es ser considerado otro habitante más del hogar. Nadie entra a una casa y se sorprende de que en la cocina haya una nevera o que en la sala retumbe un equipo de sonido.



Quizá para haber llegado a este grado de aceptación cotidiana, en algún momento de nuestras vidas, de preferencia cuando éramos niños, pasamos por el proceso de preguntarnos cómo funcionan las cosas y, a veces, cuando todo lo demás fallaba, de pedir explicaciones a los mayores. ¿Cómo enfría una nevera? ¿Cómo hace ese partido de fútbol para aparecer en la pantalla de la tele? Algún tío lejano puede haber salido con alguna respuesta más o menos plausible con la cual nos conformamos y que nos ha servido de inspiración para explicarle lo mismo a nuestros propios sobrinos lejanos. O puede ser que de tanto preguntarnos algo sin recibir ninguna respuesta acabáramos aceptando el electrodoméstico en cuestión como una presencia natural, tal como la de un poste de la luz.



Pero con respecto al computador personal, que comienza a poblar nuestros hogares, los mayores sobre todo, nos encontramos en una gran desventaja. Ningún proceso de asimilación nos preparó para su invasión permanente de nuestros recintos privados. Si un visitante entra al estudio o al cuarto de los niños, nunca deja de comentar si se tropieza con un computador: "¡Ah!, tú también tienes computador". Compárese esto con la frase equivalente: "¡Ah!, tú también tienes televisor". Esto nos demuestra que al computador todavía le falta avanzar en la escala evolutiva que conduce a la "electrodomesticidad". Quizá lo que falta es intentar otra explicación más, de tío lejano, que nos permita abandonar con la conciencia tranquila porque entendimos, compasivamente al computador al estudio para que haga parte de los muebles, los libros y lámparas, lo cual seguramente es su destino como especie.



La falta de electrodomesticidad del computador se expresa de muchas maneras. Una de ellas es que percibimos sus partes en forma separada y desordenada. El computador es un caleidoscopio de aparatos precariamente pegados entre sí. Su unidad es más conceptual que física: pantallas, teclados, CPU e impresoras entrecruzados por monstruosos cordones umbilicales (hay quien asegura que los cables son seres de otro planeta que utilizan a los computadores para reproducirse) se pelean por ocupar territorio en los escasos centímetros de nuestros escritorios. Todas estas piezas vienen en variedades, tantas, que da la impresión de que no hay un computador totalmente igual a otro; casi como los seres humanos. Compárese esto con la simplicidad de los televisores, los cuales son de 21 o de 66 pulgadas, pero las pulgadas y la marca son casi los únicos elementos a tener en cuenta.



Otro parámetro que nos muestra que al computador todavía le falta evolucionar es su "enchufabilidad". Un televisor o una lavadora o una nevera simplemente se enchufan, se prenden y empiezan a funcionar. El eufemismo para enchufar un computador es "instalarlo", lo cual desde el principio despierta sospechas. No se le ocurra ir a enchufar un computador directamente a la toma; es necesario un intermediario que lo proteja de los cambios súbitos de voltaje y como todo viene separado, se termina enchufando como quince cosas distintas con un plano que a veces no se sabe si está patas arriba.



Hay que enchufar la pantalla a la CPU y a la toma de la UPS (si usted siguió el consejo y compró UPS), la CPU a la UPS, la UPS a la toma de la pared, el cable del modem de la CPU al teléfono y el teléfono a la conexión de la pared. La impresora a la CPU y a la toma de la UPS, los parlantes y el micrófono a la tarjeta de sonido, el ratón al puerto serial de la UPC. ¿se quedó algo sin enchufar? Y no se le ocurra confundir la UPS con la CPU. Todo esto, si usted tiene polo a tierra. De lo contrario, tiene que conseguir un experto que destape el enchufe de la luz, haga unos movimientos misteriosos y mande un estético cable por fuera de la fachada de su edificio.



El otro problema del computador casero es el famoso upgrade. ¿Qué pasa cuando usted se cansa de su televisor porque es muy chico y la presbicia no lo deja leer bien las letritas de la traducción? Probablemente compra uno más grande y rifa el viejo en la oficina. Sin embargo, hay que decir que uno no está cambiando a cada rato de televisor. Normalmente, el mismo fiel aparato cumple buenas funciones durante bastante tiempo. A nadie se le ocurre que para que el televisor sea mejor, es necesario cambiarle el tubo de rayos catódicos.



Este, por supuesto, no es el caso del computador. Apenas sacamos las cajas del almacén, nos enteramos de que la embarramos. El CD-ROM con que venía nuestro aparato lo habían sacado de un museo; si ya los CD-ROM de 8 velocidades ni los hacen. Ahora lo que se estila es el de 16. Dicho y hecho, y vuelta a comprar y a sacar y a poner. Y si es de los que se enorgullece de poder reemplazar un CD-ROM del computador usted mismo, entonces la cosa se convierte, además, en toda una aventura en la cual debe intervenir toda su familia para desenredarle los alambres.



Al computador es posible reemplazarle todo. Y no sólo reemplazarle, sino también agregarle. ¿Qué opina de los discos duros removibles, de las tarjetas aceleradoras de video, de las camaritas para teleconferencia, de los grabadores de CD-ROM, de las tarjetas para ver televisión en el computador? Uno lee cualquier revista de computadores y termina con la impresión de que el computador a uno se lo vendieron vacío.



Por otra parte, hay que reconocerlo, el computador no funciona solo. Apenas llega con él a la casa sus hijos le preguntan por la UPS, para que no se vaya a quemar el nuevo miembro de la familia. Y no me diga que se le olvidó comprar la impresora o los forros para que no se empolve o ese mueblecito especial para ponerlo, que tiene espacio para la impresora y el teclado. Y sólo estamos empezando, o es que ¿se olvidaron los disquetes? Y los juegos multimedia, las enciclopedias en las cuales normalmente es imposible encontrar nada. La impresora no se queda atrás ya que ella misma es una fuente de exigencias sin fin; consume bosques enteros de papel y mares de tinta. ¿Se imagina que a la nevera hubiera que darle inyecciones de gas congelante cada tanto o que al televisor hubiera que recargarle los colores de la pantalla?



¿Y qué decir de la instalación de software? Este es un tema que da para un artículo completo. Un programa de doce pasos para instalar software, que circula en Internet, habla sobre todo de la imperiosa necesidad -si se quiere tener éxito en esa dura tarea- de contar en la casa con un niño de entre tres y doce años. El cuarto paso de "cómo instalar software" dice específicamente:



4. Entréguele el software al niño (no olvidar el asunto de la edad), diciéndole: "(nombre del niño), por favor instala esto en mi computador".



Si usted tiene la mala suerte de no tener un niño de esa edad en la casa, deberá recorrer penosamente otros siete pasos más hasta llegar por fin al último, el doce, que dice explícitamente:



12. Llame a la línea gratuita de soporte técnico que aparece en la caja de su software y espere (pacientemente) hasta que le responda un representante de ventas de la compañía, el cual le explicará, de una forma clara, paso a paso, cómo adoptar un niño de entre tres y doce años.



La prueba de que hay esperanzas de que el PC algún día se convierta en un amigable electrodoméstico es que el televisor en sus primeros y hasta en sus segundos tiempos no era un modelo de amigabilidad. ¿Alguien recuerda que se subió al techo de la casa o del edificio para arreglar la antena? Dan Steinberg (http://www.cnet.com) menciona un viejo manual titulado "Cómo ajustar y dar servicio a su aparato de televisión", libro publicado en 1952 y hoy en día obsoleto. El libro explicaba en 8 pasos cómo encender la televisión (ver recuadro 1), tenía un precio en la carátula de US$1 y prometía ahorrarle al feliz comprador US$50 en cuentas de reparación.
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