| 9/1/1997 12:00:00 AM

Hackers a domicilio

A través de Internet, los espías electrónicos están mejorando sus técnicas y ofreciendo sus servicios a quien desee contratarlos.

Hace pocos meses se llevó a cabo en Londres una reunión apasionante para los aficionados a la tecnología, el espionaje, la electrónica, y los computadores: un congreso de hackers, o piratas electrónicos. En un céntrico hotel de la capital se habló durante varios días de técnicas para penetrar redes, nuevas formas para interceptar celulares y metodologías para hacer virus y antivirus. Y se repartieron cientos de manuales sobre la mejor manera de hacer hacking.



Para el hotel la reunión se convirtió en una pesadilla que tuvo que afrontar con paciencia y humor. Pasados dos días de su instalación, los administradores de la red de computadores del hotel cayeron en cuenta de que el congreso que se llevaba a cabo en el segundo piso era nada más y nada menos que una reunión de expertos en violar sistemas de seguridad electrónica. Sin vacilar un segundo entraron al sistema de computadores para verificar que todo estuviera bien, pero el leve presentimiento que tenían se convirtió en realidad.



Los hackers habían entrado a la red de computadores del hotel, habían cambiado cuentas, registrado amigos y familiares, cambiado nombres y dejado mensajes graciosos en casi todas las pantallas de consulta del servicio hotelero. Al tercer día el servidor del hotel estaba completamente desconectado para prevenir cualquier nuevo ataque. Un mes después la cadena a la cual pertenecía el hotel contrató a dos de los hackers que tomaron parte en el congreso para que convirtieran sus redes de computadores en todo mundo en las más seguras posibles. El hobby se había convertido en negocio.



El negocio



Hoy en día los hackers están ofreciendo sus servicios en Internet, lo que brinda la posibilidad de acceder a unos individuos que durante mucho tiempo no pasaron de ser unos extraños e inalcanzables seres que sólo existían en el ciberespacio. Y poco a poco se ha ido revelando su naturaleza.



Los expertos dividen a los hackers en dos tipos, siguiendo la caracterización que se les aplica a los magos: hackers blancos y hackers negros. Los primeros son aquellos que utilizan sus conocimientos para divertirse y saciar su curiosidad, pero que no tienen interés en alterar sistemas, cometer fraudes o dañar por completo un servidor. Los negros son aquellos con los cuales el jefe de sistemas de cualquier compañía preferiría no encontrarse jamás.



Ambos están ofreciendo sus servicios en Internet. Y encontrarlos es bastante simple. Sólo hay que decirle a un motor de búsqueda que muestre las páginas que contienen la palabra hacker o hacking. Pueden aparecer unas seis mil de esas páginas, o incluso más. Una vez listadas se comienza a revisar una por una. Se encuentran desde agrupaciones especializadas hasta páginas hechas por una sola persona. Con paciencia se llega a los hackers que explotan su hobby y lo convierten en negocio. Poder & Dinero encontró varios.



El primero ofrecía consejos para descubrir las contraseñas de seguridad de la red que utilizan los compañeros de oficina o el administrador de red y permitía bajar un programa para hacerlo. Otro ofrecía sus servicios para hacer análisis y aplicar sistemas de alta seguridad en aquellas compañías que quisieran pagarles sus servicios. Si se les contrata, rompen el sistema de la compañía, muestran sus debilidades y crean luego un supersistema a prueba de ellos mismos. Y cobran dependiendo de la complejidad de la red que tienen que analizar y de los requerimientos específicos del cliente. Para hacerse una idea, su última cuenta de cobro fue de US$12.000 por un trabajo que les costó solamente una semana.



Como en botica



Existen en realidad cientos de páginas en las cuales se puede encontrar desde un diagrama técnico para fabricar un decodificador de señales de TV hasta técnicas sencillas para romper las barreras de seguridad de páginas de internet, entrar a ellas y hacer cambios sin que siquiera lo note el dueño de la página. La idea es entrar, cambiar y salir sin dejar un solo rastro.



Lo paradójico es que a pesar del odio que generan los hackers entre sus víctimas -sobre todo en entidades del gobierno y en grandes compañías-, muchas de ellas han decidido unirse al enemigo para volverse más seguras. No es raro encontrar agentes del FBI o de la CIA en congresos de hackers en Estados Unidos tratando de buscar a los mejores para que les enseñen a penetrar computadores empresariales de éste y el otro lado del continente o para perfeccionar sus propios sistemas de seguridad. Tampoco es extraño encontrar bancos y empresas que pagan enormes cantidades de dinero a hackers que mantienen mes a mes la seguridad de sus sistemas.



Todo indica que los hackers dejaron de ser simplemente los supergenios de la electrónica y la computación que muchos idealizaban para convertirse en verdaderos negociantes cuyas sorprendentes habilidades pueden proteger inversiones de miles de millones de dólares.



Sólo un juego



Poder & Dinero conoció a un hacker blanco que se puso el reto de entrar a los servidores de las compañías que ofrecen servicios de acceso a Internet en Colombia. Ha entrado a casi todos los servidores de Bogotá. Le faltan tan sólo dos compañías y afirma que es sólo cuestión de tiempo para que logre penetrar sus servidores. En la mira está Medellín en donde ya entró al servidor principal de una de las compañías que ofrece servicios de este tipo en la capital de Antioquia.



Para él, entrar a sistemas teóricamente seguros -como los de las mencionadas compañías- e imponerse retos con amigos es uno de los hobbies más divertidos que hay. Aclara, sin embargo, que en ningún momento existe mala intención en sus acciones. A pesar de ello, dice, en el medio se llega a conocer a mucha gente experta en computadores con intenciones menos divertidas, como causar daños en sistemas empresariales o bancarios.



Y aunque no vive de su hobbie, sí lo aplica día a día en la compañía para la que trabaja (una importante multinacional con sede en Bogotá). Gracias a sus conocimientos sobre cómo entrar por la "puerta de atrás" de cualquier servidor, ha diseñado una red segura para su compañía. Aunque reconoce, sin vacilar, que "no hay nada seguro en el mundo. Es sólo cuestión de tiempo y paciencia para poder entrar a cualquier sistema que predique que es 100% seguro".
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