| 12/14/1998 12:00:00 AM

El año horrible

El problema del año 2000 tiene el potencial para enviar al mundo a una recesión. Los directivos de las empresas deben involucrarse de lleno en la solución.

En diciembre de 1998 es difícil encontrar gente que no haya oído hablar del problema del año 2000. El concepto es sencillo. Desde la invención del computador, los años han sido identificados con dos dígitos en lugar de cuatro (el año 1998 es el 98, por ejemplo), como una manera de ahorrar recursos de la máquina. Pero cuando se ideó este sistema nadie pensó en qué pasaría al llegar al año 2000, pues el paso de 99 a 00 no significará un año, sino 100. A menos que se corrija el problema, los computadores del mundo arrojarán resultados absurdos en sus operaciones o, simplemente, se detendrán.



Para quienes no son expertos, el tema no deja de ser sorprendente. Primero, si el origen es tan elemental, ¿por qué no lo han resuelto? Segundo, si está tan diagnosticado, es imposible que quienes se encargan de estas cosas no hagan algo para resolverlo. Pero las cosas no son tan sencillas.



El problema del año 2000 es al mismo tiempo trivial y abrumador. Por supuesto, muchas organizaciones, probablemente la mayoría, lo solucionarán a tiempo. Sin embargo, necesariamente muchas dejarán de hacerlo. En una economía global e interconectada electrónicamente, quienes no resuelvan su parte pueden bloquear al resto, en ciertos casos sin que importe el lugar del planeta donde se encuentren.



En rigor, para resolver el problema del año 2000 habría que "deconstruir" la historia de la computación. Habría que ir a cada uno de los programas que se han escrito, cambiar los campos de fecha de dos a cuatro dígitos, reemplazar las líneas de código y verificar que el programa funciona. Esto es imposible, si se tiene en cuenta que sólo una entidad como el Internal Revenue Service de Estados Unidos tiene en sus sistemas cerca de 30 millones de líneas de código.



La crisis del 2000 ha puesto en primer plano los costos de algo que todas las organizaciones conocen: a la gente de sistemas nadie le pone atención. La cúpula de las organizaciones es, por mayoría absoluta, ignorante en cuestiones de sistemas y ven a ese departamento como una caja negra que produce resultados sin que se sepa cómo. Esta indiferencia benigna ha implicado que ciertos procedimientos en las áreas de sistemas no son tan rigurosos como en otras partes de la organización. La documentación que acompaña a los programas no suele ser muy precisa y es muy dispendioso reconstruirlos.



Las iniciativas de solución se están concentrando en identificar y resolver fallas en procesos de misión crítica, es decir, procesos que no se pueden detener sin que las organizaciones sufran pérdidas enormes o incluso dejen de existir. Esto es difícil de lograr. No hay soluciones estándar y nada garantiza que al cambiar una línea de código no se generen problemas nuevos. Además, a menos que se haga una prueba completa de esfuerzo, es muy difícil estar 100% seguro de cuáles son los procesos de misión crítica.



¿Recesión mundial?



Las consecuencias pueden ser de gravedad incalculable. La infraestructura básica de todos los países (energía, telecomunicaciones, transporte aéreo, defensa...) funcionan gracias a los computadores.



El Gartner Group, una de las principales firmas consultoras del mundo en computación, estima que las empresas del mundo han gastado entre US$300.000 millones y US$600.000 millones tratando de arreglar el problema, y aún están muy lejos de la meta.



Algunos observadores creen que el problema del año 2000 puede profundizar la crisis mundial y causar una recesión que tomará años superar.



El economista Edward Yardeni cree que la probabilidad de una recesión global por esta causa es de 70%. Yardeni ha venido aumentando su probabilidad estimada de recesión a medida que estudia el tema. Su estimación inicial, en 1997, era de 30%. Yardeni no es un novato en el análisis económico: es el economista jefe de Deustche Bank Securities en Nueva York, encargado de identificar las tendencias de la economía mundial que son críticas para la toma de decisiones en el amplio espectro de intereses de la firma. Ha sido profesor de la Columbia University Graduate School of Business, economista del Federal Reserve Bank of New York y del Tesoro de Estados Unidos.



Yardeni cree que la recesión en Estados Unidos podría ser más severa que la del año 73-74, pues habría una caída del 5% entre el punto más alto y el más bajo del ciclo. La reducción del PIB real se acercaría a los US$300.000 millones. La base de su pesimismo es un razonamiento simple. Los computadores son cada vez más numerosos, están cada vez más interconectados globalmente y desempeñan funciones críticas.



Puesto que falta muy poco tiempo y hay tanto por resolver, es inevitable que se presenten problemas. Lo grave es que esos problemas ocurrirán al mismo tiempo. No hay sistema que aguante una falla simultánea de este tamaño.



Cómo va Colombia



Aunque el gobierno colombiano opera o regula muchos de los servicios de misión crítica, no está listo para enfrentar el problema. En un debate sobre el tema, convocado el pasado 3 de diciembre por la Comisión VI de la Cámara de Representantes, el viceministro de Hacienda, Juan Mario Laserna, reconoció que el gobierno no tiene los recursos que serían necesarios para emprender la tarea en la magnitud requerida. Muchas entidades han identificado proyectos que tienen que ejecutar, pero están pendientes de los giros del presupuesto del próximo año. Entidades como el Seguro Social encierran un gran peligro, pues la historia médica y el registro de aportes a las pensiones de jubilación de millones de colombianos corren riesgo.



Hace cerca de un año se creó un consejo asesor "Sistemas año 2000", dependiente de la Presidencia de la República, para estudiar el problema. Sin embargo, para agosto de 1998 sólo se habían recibido 152 informes trimestrales de seguimiento de las 1.513 entidades públicas encuestadas. Además, ha habido poco interés entre las directivas de las entidades. La participación en el Consejo ha sido delegada a los ingenieros de sistemas.



El representante Hernando Carvalho ha planteado la creación de una oficina con peso político, dirigida por una persona que se encargue de coordinar los esfuerzos de las diferentes entidades desde el alto gobierno y, más importante aún, de buscar los recursos necesarios. Edward Yardeni ha propuesto la creación de una oficina similar en Estados Unidos.



Bancos, adelante



La Superintendencia Bancaria se destaca entre las entidades públicas colombianas por el trabajo adelantado. Su preocupación es comprensible: una falla generalizada de sistemas podría generar un pánico financiero.



La Superintendencia lleva ya cerca de dos años haciendo un diagnóstico de la situación y un seguimiento bastante detallado de su avance. Su metodología sondea el progreso de algunas variables claves, como la percepción de la alta gerencia frente el problema, la disponibilidad de los recursos, la intención real de utilizarlos, la capacidad del cuerpo técnico, la realización de procesos de simulación adelantando relojes a varias fechas críticas, la existencia de un plan concreto de prioridades y de uno de contingencias, la realización de pruebas a equipos no informáticos como PBX, sistemas de seguridad, sistemas de control de manufacturas, UPS...



Con base en estos sondeos, la Super estableció un orden de prioridades para la realización de las visitas de control. Según Ricardo León, secretario de Desarrollo de la entidad, "una norma no sirve para nada si no hay visitas". Hasta el momento se han realizado 104 inspecciones y 17 se encuentran en curso.



Según la evaluación, el 81% del sector tiene un desempeño positivo o está en camino de resolver el problema y el 19% restante se encuentra en cuidados especiales. La Superintendencia está programando planes de contingencia para subsanar sus fallas, obligando a las entidades afectadas a establecer un procedimiento completo de contingencia.



Deben involucrar el personal calificado necesario para realizar las tareas, incluso manualmente si es el caso (cálculos de intereses, procedimientos de nómina, liquidación de préstamos...). También existe la posibilidad de compartir procesos por intermedio de la Asobancaria mientras se solucionan los problemas. Según cálculos de la Superbancaria, el sector financiero colombiano desembolsará un total de US$300 millones en adecuación de equipos, software y planes de contingencia sólo para estar preparados para el año 2000.



Fortalezas privadas



En el sector privado se está dando una coordinación importante de empresas frente al problema del año 2000. Es claro que ninguna firma puede manejar el problema sola, pues todas dependen de que sus proveedores, bancos, clientes... sean capaces de controlar el daño.



Las empresas de mayor tamaño están buscando crear "fortalezas" para protegerse de los efectos del problema del año 2000. Están identificando en qué estado se encuentran las firmas que tienen negocios con ellas y las están comprometiendo a alcanzar resultados tangibles. El objetivo es operar sólo con aquellas firmas que están cubiertas frente al riesgo. Si bien esta política permite reducir la incertidumbre, cabe anotar que también puede tener efectos negativos. Las empresas que no queden vinculadas a ningún grupo, que podrían ser muchas, podrían entrar en problemas financieros. Esto aceleraría la recesión.



Colgate ha clasificado a sus proveedores en tres tipos: Críticos, Importantes y Deseables. Todos llenaron un cuestionario y fueron visitados. Con el resultado, Colgate hizo una selección de los que daban la mejor garantía y pasaban el año en limpio. Ya está decidido que quien no dé garantías frente al año 2000 no puede tener relaciones con la empresa.



Comcel ha adoptado una política similar. Emprendió una campaña solicitando a sus proveedores un informe sobre su estado. Quienes no se incorporen ni demuestren su situación, no podrán seguir trabajando con Comcel. Sin embargo, la principal preocupación es el grado de actualización de las empresas públicas por cuyas redes pasan las llamadas. No es fácil ver cómo Comcel podría prescindir de estos servicios.



Otras empresas tienen grupos de estudio para encontrar salidas al problema. En el Valle, por ejemplo, hay uno conformado por empresas como DeLima, Banco de Occidente, Interbanco, Corfivalle y la Universidad Javeriana, entre otros, para compartir experiencias y debatir soluciones.



Dentro de las organizaciones se está generando mayor comunicación para resolver el problema. Ecopetrol ha dividido su proyecto año 2000 en 358 subproyectos, que involucran todas las unidades de esta gigantesca empresa. Si se quieren ver las cosas de manera optimista, el problema del año 2000 tiene un lado positivo: está creando en las organizaciones un conocimiento mucho más profundo sobre sus propios sistemas, sus deficiencias y el grado en que las afecta la intercomunicación. Si logramos sobrevivir al lío que se nos ha venido encima, este conocimiento redundará en mayor productividad de las operaciones en el futuro.



La bomba del milenio: esto es lo que hay que evitar



1960/1970



Origen del problema: Por razones de costos se estableció el formato DD-MM-AA.



1980/1990



Popularización de aplicaciones con el problema incluido. Percepción del problema.



1995



Se empiezan a conforman los primeros esquemas de solución.

Los proveedores ven una mina de oro.



1997



Se inicia la concientización estatal en la mayoría de los países.



1998



Se evidencian los primeros problemas con tarjetas de crédito con vencimiento superior al 2000.



1999



Año de mayor expectativa. Las empresas que no se prepararon a tiempo pueden entrar en quiebra por los altos precios de última hora.



2000



Estalla la bomba del milenio. Quiebran empresas alrededor del mundo. Se da una desaceleración económica general. Empiezan las demandas a proveedores y a los estados. Caos completo en varios países.



2001



Se generalizan las demandas y los litigios.

Las instancias judiciales se congestionan. Se empiezan a pagar las indemnizaciones y los abogados hacen su agosto.



2005



Se terminan la mayoría de los juicios y de las indemnizaciones.

La manera como se ve la tecnología cambia para siempre.
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