Colombia, fase 3

| 9/14/2001 12:00:00 AM

Colombia, fase 3

Un reciente estudio demuestra que Colombia ha hecho importantes avances en materia de informática y comunicaciones. Falta una sola fase, la más difícil de todas.

Para nadie es un secreto que Colombia ha experimentado una importante transformación en materia de comunicaciones e informática en los últimos años, ni tampoco que la recesión económica ha afectado seriamente este sector, pero prácticamente son pocos los estudios, por no decir ninguno, que demuestren estas afirmaciones.

Por eso, la reciente investigación de Santiago Montenegro y Luis Carlos Niño para el Proyecto Andino de Competitividad, titulada La tecnología de la información y las comunicaciones en Colombia, se ha convertido en un valioso documento, no solo de evaluación de la situación del país en este aspecto, sino como material de estudio para la formulación de políticas sobre el sector.



En términos generales, la investigación encontró que Colombia ya ha hecho un gran esfuerzo para incorporar las Tecnologías de la Información y Comunicaciones (TIC) a la sociedad y al sector productivo. Hoy cuenta con una moderna infraestructura de telecomunicaciones, se ha hecho una importante transformación legal hacia la apertura, las personas tienen más acceso a computadores y programas, así como a internet, telefonía, larga distancia y televisión por suscripción, entre otros, que la ponen a la cabeza del Grupo Andino, aunque sigue rezagada frente a las naciones más avanzadas del Cono Sur y muy lejos de los países desarrollados, donde los niveles de penetración por usuario son muy altos y hay mayor igualdad de todos los habitantes para acceder a las TIC.



El estudio, que midió el desarrollo de las TIC bajo una metodología diseñada en Harvard University, determinó que Colombia se encuentra en una fase 3 de desarrollo, y que para llegar al nivel 4, el máximo de la medición, deberá hacer grandes transformaciones e inversiones. Los mayores avances se encontraron en las políticas de regulación del sector por parte del Estado, así como en el sector financiero y comercial, mientras que las mayores deficiencias estuvieron en algunas áreas de la educación y en el desarrollo tecnológico de las entidades oficiales.



Según Montenegro y Niño, "no solo hay enormes brechas entre los países ricos y en vía de desarrollo, sino que dentro del país también las hay entre las ciudades y el campo, y entre regiones".



Para comenzar a cerrar las diferencias, Montenegro propone unas salidas regulatorias que propicien, por un lado, la competencia y la inversión del sector privado en TIC y, en cuanto a recursos públicos, una focalización de prioridades hacia regiones y sectores que enfrenten las deficiencias más altas.



Lo importante no es solo aumentar el acceso y darle tecnología a la población, sino definir qué se hace con esa infraestructura. "La mejor inversión que el país puede hacer es en educación, pero se requiere una urgente reforma que permita darles a los niños, jóvenes y adultos los conocimientos que necesitan", dice Montenegro, actual presidente de ANIF. Según el estudio, el número de PC por colegios es más alto en las ciudades grandes. Al mismo tiempo, los colegios públicos tienen sistemáticamente más computadores que los privados. La mayor brecha entre públicos y privados está en Bogotá, ciudad que ha desarrollado una política pública sobre el tema, mientras que Barranquilla es la ciudad con la penetración más baja.



Un buen ejemplo es el de Chile, donde todas las autoridades nacionales, departamentales, municipales y locales, entidades públicas y ONG unieron sus recursos y conocimientos para sacar adelante un solo proyecto educativo, un gran site, y no como en Colombia, donde cada uno por su lado hace esfuerzos pequeños.



Finalmente, entre las muchas recomendaciones, el estudio ratificó que uno de los sectores más promisorios es la producción de software, actividad en la que ya hay más de 800 empresas, que exportaron más de US$20 millones en 1999. Si bien esta cifra es muy baja, comparada con los US$259 millones en hardware que se importaron en los primeros 11 meses del 2000 y los US$80 millones en software que se importaron en el 2000, este sector se ha desarrollado por la necesidad de adaptar los programas que se importan al país, pero también como una forma de abaratar costos y adaptarse a las necesidades de los empresarios nacionales. Los autores determinan que probablemente este sector necesitará un apoyo del Estado para tener un verdadero desarrollo, ya que hasta el momento ha sido prácticamente nulo.
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