| 5/25/2007 12:00:00 AM

Vino y Maridaje

Los sofisticados vinos de La Rioja son perfectos para apreciar los sabores y descubrir los más ocultos placeres de la incomparable comida española.

El valle que envuelve el cauce del serpenteado y caudaloso río Ebro, se conoce como la región de la Rioja. Envuelta por los montes de los Obarenes y las sierras de Cantabria al norte y de la Demanda al sur, con su río que desemboca en el profundo azul del Mediterráneo, tiene el clima propicio y la ubicación geográfica ideal para producir uno de los mejores vinos del mundo.
 
Uno de los afluentes del río Ebro, el río Oja, es el que da nombre a esta provincia, dividida en tres regiones vitícolas: Rioja Alavesa, Rioja Alta y Rioja Baja. Desde la edad media se producía el vino en la región y para 1635, el valor y calidad del vino fue tan importante que el alcalde de Logroño, la capital de la zona, estableció la prohibición del paso de carruajes en aquellas calles colindantes a las bodegas "por temor de que la vibración de estos vehículos pudiese alterar los mostos y así influir en la maduración de nuestros preciosos caldos".
 
Sin embargo, el auge de la Rioja se dio a causa del desastre enológico producido por la philoxera vastratix, un pulgón de origen americano que destruyó cuatro quintas partes de los viñedos del mundo. La región más afectada fue Francia por lo cual se empezó a demandar el vino riojano por su calidad y cercanía. Fue la primera región de España en recibir la Denominación de Origen Controlado, reconocimiento oficial que la avala como una de las regiones privilegiadas para el cultivo de la vid.

Cepas de la región
Tintos
En los vinos tintos la cepa más conocida es Tempranillo, muy común en la Rioja Alta y Alavesa, la cual, como su nombre lo dice, tiene una maduración temprana. “Esta es una cepa de taninos suaves, con una muy buena relación con la madera y puede tener largas guardas, lo cual indica que evoluciona muy bien con el tiempo”, señala Rafael Arango, enólogo y docente del diplomado Sommelier profesional y de la Universidad Externado de Colombia.
 
La Garnacha es una variedad característica de la Rioja Baja, muy común en las mezclas del vino riojano. La Graciano es una cepa que aporta mucha calidad y delicadeza al vino, y finalmente la Mazuelo se destaca por contribuir con sus taninos y acidez.

Blancos
La más destacada de los vinos blancos es la Viura, “la cual cuenta con una acidez característica y una buena presencia en madera”, resalta Arango. La Malvasía cuenta con una viscosidad y aroma delicados, finalmente, en la Garnacha Blanca se acentúan su acidez y frescura.

Clasificación
El vino riojano cuenta con cuatro calificaciones que son, joven, crianza, reserva y gran reserva. Los vinos jóvenes son embotellados sin un proceso de maduración, mientras que los vinos de crianza duran un año en barricas de roble.
 
Los vinos reserva son muy escogidos y su envejecimiento mínimo entre barrica de roble y botella es de tres años, de los cuales al menos uno es en barrica. Por último, el vino gran reserva pertenece a grandes cosechas donde han envejecido un mínimo de dos años en barrica de roble y tres años en botella.

Maridaje
El maridaje es la unión perfecta entre el vino y la comida. “La regla de oro, es que la gastronomía local va muy bien con los vinos locales”, enfatiza Arango, puesto que lo platos de cada región tienen una afinidad natural con los vinos cosechados allí.
Cada vino tiene una ocasión por lo cual le hacemos unas recomendaciones para acompañar ciertas comidas con los vinos de La Rioja.

•    Vinos tintos jóvenes: son perfectos para acompañar la paella, diferentes tipos de arroces y pastas, para degustar con jamón serrano o de bellota, tortilla española y quesos suaves.

•    Vinos tintos Crianza y Reserva: con un buen cordero con alcachofas, cochinillo asado, lomo de cerdo, solomito de res, punta de anca y quesos de oveja como un manchego tierno.

•    Vinos tintos Gran Reserva: combínelos con comidas de carne roja elaboradas, con especies y de sabores fuertes, como chuletas de ternera, lomo con pimiento, caracoles a la riojana o con un manchego muy curado.

•    Vinos blancos secos y jóvenes: son los mejores para los aperitivos, quesos de cabra, ensaladas y mariscos.

•    Vinos blancos de Crianza: son apropiados para comer con pescados como el bacalao, bagre o trucha, mejillones o calamares en su tinta.

•    Vinos rosados: por su composición y suavidad, elevan el sabor del aguacate, aceitunas, anchoas y boquerones.

•    Vinos blancos y tintos dulces: perfectos para postres riojanos como leche frita, manzanas asadas y mazapanes; o nacionales, como arroz con leche, postre de natas o peras en almíbar.


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