| 11/9/2007 12:00:00 AM

Sensatez y sentimiento

A la hora de endeudarse para pagar la educación superior de los hijos, de seguro muchos padres pueden enfrentarse a la disyuntiva: pago yo o pagan ellos. La respuesta financiera es obvia, la emocional también.

En Colombia, como en otras partes del mundo, hay una tendencia creciente hacia que cada uno y no la familia pague sus cosas. La salud, la pensión. ¿Será acaso hora de que los hijos paguen su propia educación universitaria? Quizás habría una tentación inmediata a contestar que no. Culturalmente, los padres colombianos sienten que la educación de los hijos es su obligación. En muchos casos, aunque pagar la universidad sea un reto difícil para las familias, graduar profesionales se convierte en la mayor herencia en vida que les quieren dejar. Pero cuando se piensa con la calculadora y no con el corazón, la respuesta puede ser diferente.

A nadie le debe quedar duda de que la educación en una buena universidad es una inversión. No siempre una buena inversión, pero inversión después de todo. En esto, el nombre de la universidad es una señal al mercado sobre la capacidad y el conocimiento del ex alumno. A veces, esa señal es suficiente para multiplicar sensiblemente los salarios de enganche de los recién graduados y esos sueldos pagarían cualquier crédito que se haya conseguido para estudiar. Cuando eso ocurre, la cuenta favorece la idea de que es mejor que el estudiante se endeude y pague después, en vez de que los papás hagan esfuerzos para costear los semestres.

Cuando la universidad es buena y el salario de enganche de los egresados es alto, tiene más sentido financiero que el estudiante se endeude, porque puede pagar en el futuro sin problema la plata prestada y le evita a toda la familia los problemas de restringirse financieramente mientras pagan su carrera. Podría alcanzar, por ejemplo, para pagar a crédito vacaciones para todos -incluyendo naturalmente al estudiante y quizás a su novia-.

No siempre es tan sencillo porque los bancos colombianos no son buenos para financiar educación. Es imposible que los hijos menores de determinada edad puedan acceder por sí solos a un crédito bancario para cubrir el costo de la universidad, por lo menos en Colombia. Este es un hecho establecido por consenso con los expertos que consultamos.

"Cuando me admitieron en la universidad me llegó un paquete del banco Barclays diciendo que contara con un paquete que me pagaba todo", contrasta el financiero recién graduado de la Universidad de Oxford, Felipe Gómez Bridge. Las entidades financieras colombianas casi siempre ofrecen préstamos que se pagan en el mismo semestre. Los créditos del Icetex tienen el problema de que el 60% del crédito se paga durante la carrera y solo el 40% después de graduarse. De esta forma, es forzoso que la familia lo pague o que el estudiante trabaje. Barclays, en cambio, para este programa de un año, ofrece un crédito a siete años, que se comienza a pagar mensualmente, tres meses después del examen final. Los colombianos podrían calcar ese tipo de esquemas antes de que a alguien se le ocurra mercadear créditos educativos de bancos internacionales. La plata también puede venir de los fondos de pensiones que convenzan a los estudiantes de que depositen sus pensiones con ellos en el futuro, a cambio de que les paguen su educación.

La cuenta para saber si se justifica endeudar al estudiante en vez de a la familia de todas maneras es sencilla. Si la cuota mensual del crédito es menor que el salario de enganche del recién egresado, es mejor que la deuda la asuma el estudiante. Cuando eso no ocurre, hay que regresar al esquema de que la familia participe en parte o en toda la financiación.

Si desde el inicio se sabe que el salario de enganche no será suficiente, los seguros y los planes de ahorro siguen siendo la solución.

La deuda para los estudiantes, aunque sea parcial, tiene un efecto adicional y es que impone una cierta disciplina para quienes los toman en términos de que a veces deben sacar promedios mínimos de notas o que tienen que restringir su consumo pensando en el pago de las cuotas, además de una sensación de responsabilidad por su propio futuro, que a veces no se consigue sino hasta después de salir de la casa. Adicionalmente, establece una historia de crédito que sirve para los bancos más adelante.
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