| 4/2/2004 12:00:00 AM

¿Sabe cómo financiar su educación superior?

En Colombia hay una amplia gama de mecanismos para financiar la educación. El problema es que no se conocen.

Cuando se decide seguir los estudios de educación superior, la pregunta más frecuente entre los estudiantes es: ¿cómo financiarlos? Afortunadamente, en Colombia hay una amplia gama de instrumentos para completar los programas de educación superior con crédito. Sin embargo, según Jorge Téllez, director de la Asociación Panamericana de Instituciones de Crédito Educativo (APICE), es probable que esos recursos no se estén usando plenamente. Según APICE, en Colombia hay casi 4 millones de jóvenes entre 18 y 24 años, de los cuales solo un millón asiste a alguna institución de educación superior (IES). A su vez, de ellos solo el 18% tiene algún tipo de crédito educativo.

La baja tasa de cobertura de educación superior es un problema endémico de los países subdesarrollados, como Colombia; sin embargo, más gente podría asistir a una IES si tuviera acceso a la financiación necesaria. Parte del problema es de información. La población estudiantil en Colombia no sabe cuántos ni cuáles mecanismos están a su disposición. Precisamente, APICE fomenta el conocimiento y la coordinación de la oferta de financiación de educación en Colombia. El organismo, con sede en Bogotá, asesora sobre mecanismos de financiación y cuáles se acoplan mejor al perfil y necesidades del estudiante.

Hoy, la oferta de mecanismos de financiación de educación superior es amplia y variada. En Colombia, más de 50 instituciones, entre entidades públicas y privadas con y sin ánimo de lucro, ofrecen facilidades para costear la educación dentro y fuera del país. Para padres de familia que buscan ahorrar para el futuro o para estudiantes de todas las edades con cualquier aspiración académica, el problema muchas veces no es obtener la financiación sino encontrar el esquema más adecuado a sus necesidades.

En cuanto a créditos educativos, las entidades bancarias ofrecen una interesante opción. Con los bancos, lo más importante es acudir a los que tienen líneas de crédito educativo especializadas. Su experiencia en este tipo de créditos les permite la flexibilidad que otras entidades no tienen. Esto es, otorgan créditos a nombre del estudiante y premian el buen manejo del crédito con renovaciones automáticas. Además, el estudiante adquiere una cultura de pago y un buen historial crediticio. Hay que tener en cuenta que, aunque sus tasas y plazos no son sustancialmente mejores que los de otras opciones, estos créditos son más exigentes en cuanto a los requisitos del codeudor.

Las universidades también ofrecen créditos, aunque es común que el estudiante desconozca esta opción, dice Catalina Olaya, de APICE. Las universidades brindan una amplia variedad de plazos, pagos de contado complementados con cheques posfechados y pagarés. La mayor ventaja de las universidades está en sus convenios con entidades financieras. En muchos casos, estos convenios interinstitucionales permiten mejores plazos y tasas más bajas. Otra opción poco conocida, dice Olaya, son las Cajas de Compensación. Muchas de ellas ofrecen montos de financiación, por lo general, de hasta el 100% de la matrícula con tasas inferiores y requisitos de codeudor menos exigentes que los de las entidades bancarias.



Para los padres

Pero no toda la oferta es para el estudiante actual. Hay varios productos orientados a los padres de familia que quieren ahorrar para el futuro educativo de sus hijos. Primero, los ahorros fiduciarios. Los padres fijan metas de ahorro de largo plazo y, junto con las fiduciarias, calculan los montos periódicos necesarios para cumplirlas. Algunos fondos penalizan o no permiten el retiro anticipado para fines distintos a los educativos. Pero hay un riesgo: es posible que el ahorro no sea suficiente para garantizar la educación superior del beneficiario. Al fin y al cabo, los vaivenes de los mercados financieros pueden impedir que se acumule el capital suficiente. En este caso, los seguros educativos son otra opción. Por un monto de inversión de entre $18 y $30 millones de contado y financiable, los padres de familia pueden garantizar que los recursos suficientes estarán disponibles cuando su hijo ingrese a una IES.

El crédito educativo no se ha terminado de inventar. Como dice Téllez, seguirá creciendo y diversificándose en la medida en que la demanda lo exija. Por ello, no es de extrañar que haya mecanismos de financiación de educación superior llamados 'inversión en capital humano', en los cuales el estudio genera en las personas una especie de título valor. Así, inversionistas privados complementan los recursos necesarios para que el beneficiario termine sus estudios superiores. Una vez el beneficiario se gradúe y esté laborando, el inversionista, durante un período fijo, devenga un porcentaje también fijo de esos ingresos. Es posible que ese porcentaje y el plazo resulten una buena inversión para el inversionista, pero también es posible que no. Ese es el riesgo de cualquier inversión. Aunque el concepto suene frío, la idea es innovadora y su acogida crece. Ya hay fondos que funcionan en Estados Unidos y Chile y se espera que en el mediano plazo en Colombia también haya.

Los estudios superiores son cada día más costosos. Fácilmente superan los $60 millones, pero el retorno sobre una inversión en educación en términos monetarios y de desarrollo personal es indiscutible. Por eso, como en cualquier inversión financiera, el crédito a buenas tasas y con plazos largos, siempre estará allí como una opción atractiva.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?