| 10/12/2004 12:00:00 AM

Poder o no poder, esa es la pregunta

¿Se siente incapaz de hacer que las personas actúen como usted quiere? Utilice estos principios y verá que no es tan difícil.

Los juegos de poder son ineludibles. Tanto en la vida laboral, como en la familiar y en la afectiva, conocer las reglas de este tipo de enredos le ahorrará muchos dolores de cabeza. A pesar de que resulta desagradable reconocerlo, las personas están continuamente elaborando estrategias para que usted haga lo que ellas quieren. Estas estrategias no siempre son bien intencionadas y, por lo general, están ocultas. A veces, incluso, son despiadadas y maquiavélicas. Tenga en cuenta los siguientes principios, basados en Las 48 leyes del poder, de Robert Greene y Joost Elfers (Editorial Atlántida), para nadar como pez en el agua entre estas turbias corrientes y lograr, de paso, lo que usted quiere.



1. Disimule sus intenciones

Muchas personas revelan sus intenciones, sus planes e incluso sus sentimientos en el primer momento que pueden. Sea cuidadoso. Desconfíe; pero sobre todo, no haga lo mismo. Revelar lo que usted quiere sin pensarlo, es la peor forma de proceder. Analice antes cómo pueden reaccionar los demás y cuál es la mejor forma para obtener lo que usted quiere.

Saber ocultar sus verdaderas intenciones es fundamental; con respecto a esto, Greene recomienda que "si usted ansía obtener poder, deje de lado ya mismo la sinceridad y aprenda el arte de disimular sus intenciones. Cuando lo domine, siempre correrá con ventaja respecto a los demás".



2. Descubra el talón de Aquiles de los demás

Es muy importante conocer bien la psicología humana; las personas están llenas de emociones, que en la mayoría de los casos determinan sus decisiones. Identificar los puntos débiles de las personas puede salvarlo de cometer imprudencias y llevarlo a obtener lo que usted quiere. Las personas necesitan ser valoradas, reconocidas y sentirse importantes; use esto a su favor.

Un buen observador es capaz de encontrar en las personas lo que ellas buscan inconscientemente. Entrénese para captar los gestos, actitudes y demás señales de debilidad. Una típica seña son los contrastes. Una persona puede mostrarse muy valiente, pero ser cobarde; buscar llamar mucho la atención, pero ser muy tímida; las cualidades que se exageran generalmente tratan de ocultar debilidades.

Una vez encuentre el punto débil, trate de llenar el vacío emocional que lo produce. Alguien inseguro, por ejemplo, dará cualquier cosa por reconocimiento social. Si usted logra satisfacerlo, tendrá una fuente de poder que se prolongará indefinidamente. Pero tenga cuidado, es posible que la reacción emocional en el otro sea fuerte y que la necesidad sea mayor de lo que usted está dispuesto a dar. No caiga en la tentación de dominar al otro y conozca bien sus límites.



3. Desconfíe de sus amigos, utilice a sus enemigos

"Señor, protégeme de mis amigos, que de mis enemigos me protejo yo mismo", rezó Voltaire, con toda la razón. Si usted se confía, sus amigos terminarán acabando con usted. La amistad, como muestra Greene, está llena de envidia e ingratitud. Por el contrario, con enemigos pisándole los talones, su ingenio se agudizará; sin ellos, usted se volverá perezoso. No se atemorice de sus enemigos, agradezca su existencia, pero mantenga la guardia alta.



4. Enfóquese

Concentrar sus fuerzas -sobre todo las de su intelecto- en los puntos más importantes para lograr su objetivo, es tal vez la única forma de alcanzar grandes metas. Napoleón, por ejemplo, se concentraba siempre en el punto más débil de su enemigo, "este fue el secreto de su éxito en el campo de batalla", ilustra Greene.

Enfocar sus fuerzas en el lugar adecuado requiere no solo fuerza de voluntad, sino astucia y cabeza fría para encontrarlo. Una vez lo localice, destínele toda su atención e inteligencia. Eso hará que optimice el uso de sus fuerzas y logre lo que quiere.



5. Gane con acciones, no con argumentos

Ganar una discusión es no ganar nada. Las palabras quedan en el aire y abren heridas. Busque maneras de demostrar lo que sabe sin contradecir abiertamente a los demás; de lo contrario, se arriesga a generar resentimiento y mala voluntad. Mediante actos y demostraciones concretas es más fácil convencer a las personas, sin crear mal ambiente.

Para terminar, recuerde siempre que el poder es seductor y engañoso; la mente de las personas está continuamente atrapada en la resolución de estos dilemas. Úselos a su favor, con astucia. Siga estos principios y notará que, con el tiempo, sus metas se harán más cercanas y los demás caerán gustosos en sus trampas sutiles.
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