| 11/10/2006 12:00:00 AM

Los dueños del viento

El windsurf es un deporte emocionante para jóvenes de espíritu. Cómo practicarlo.

La combinación de viento, agua, sol, velocidad y adrenalina tiene un nombre: windsurf. La tabla a vela es un deporte que se puede practicar en los mares, lagos y represas del país, a costos moderados y con un enorme retorno en salud física y mental.

La mezcla de la tabla de surf con la vela fue un invento de dos apasionados de su deporte, el surfista Hoyle Schweitzer y el navegante Jim Drake. A finales de los 70, patentaron en California un aparato muy similar al actual.

La fiebre del windsurf se difundió rápido por el mundo, en especial en Europa. La idea de poder disfrutar una tarde de navegación en una tabla muy veloz, que permite aparte de competir en regatas, hacer saltos y piruetas, enganchó a muchos aficionados. Además, por su tamaño y su peso —2 a 4 metros y 7 a 18 kilos—, la tabla se puede llevar a sitios diferentes sin necesidad de estar afiliado a un club, como se requiere casi siempre con sus primos, los veleros de mayor tamaño. En Colombia hay cerca de 1.000 navegantes registrados. Como prueba de su popularidad y de la sofisticación técnica que puede requerir, en 1984 la tabla a vela se estrenó como deporte olímpico en Los Ángeles.

Pero para llegar a ser medallista de oro, hay que empezar por lo básico. No es fácil empezar solo o con ayuda de libros. Al comienzo, una escuela de vela o un navegante generoso con su tiempo son casi indispensables. En seis lecciones, se puede aprender casi todo lo que se requiere para llevar la tabla en el rumbo deseado y dominar los rudimentos de los 'virajes' y las 'trasluchadas', dos maniobras cruciales en la jerga de los veleristas, que son las que se hacen al cambiar de rumbo cuando se está de frente al viento, o con el viento en popa, respectivamente.

Los expertos recomiendan empezar en sitios de vientos leves, para que no haya necesidad de preocuparse por nada distinto a la técnica de la navegada y no por sobrevivir a los ventarrones. Por eso, conviene hacer las primeras sesiones en algunas represas tranquilas —como la del Sisga al norte de Bogotá—, temprano en la mañana, o hacia el medio día en lagos o en el mar, cuando el viento amaina. El aprendizaje se puede hacer también con velas pequeñas, que son más fáciles de sacar del agua y de maniobrar.

Con cuatro meses de práctica, se está listo para entrar en la primera regata. Son carreras que se hacen en grupos de tablas con las mismas especificaciones (tablas de fórmula). También se pueden hacer pruebas de velocidad, de slalom o en lugares con buen viento y oleaje, de estilo libre. Los cursos de windsurfing valen alrededor de $180.000 y una tabla de segunda, lista para navegar, alrededor de $1'200.000, pero por supuesto los precios suben en la medida en que se tengan tablas o mástiles de carbono, y velas de kevlar.

Los más entusiastas pueden ir a los paraísos de la tabla a vela en sitios como California, Turquía, Canarias o México. También está la posibilidad de mezclarlo con kitesurfing, otro deporte que se practica con una tabla mucho más pequeña y una cometa en vez de una vela. ¿Interesado? La información se consigue en la Federación Colombiana de Vela www.fedevelacolombia.org.
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