| 10/29/2004 12:00:00 AM

Fatiga: más que solo cansancio

La fatiga crónica produce debilitantes síntomas que afectan la vida personal y profesional. Es difícil de diagnosticar y no existe una cura.

Contrario a lo que se podría pensar, la fatiga crónica es más que una mera sensación de cansancio. Esta condición de agotamiento severo y prolongado por largos períodos trae consigo una variedad de debilitantes síntomas que afectan la vida personal y profesional de quienes la padecen. Puede llevar al aislamiento social, limita el estilo de vida y hasta puede inducir depresión. Es difícil de diagnosticar y no existe una cura.

El Síndrome de Fatiga Crónica (SFC) no discrimina. Afecta a personas de todas las edades, razas, etnias y nivel socioeconómico. En particular, las mujeres pueden estar en mayor riesgo de sufrir esta enfermedad. Según la Asociación Americana de Fatiga Crónica y Disfunción Inmune, este síndrome es tres veces más común en las mujeres que en los hombres y las ataca cuatro veces más que el VIH.



Señales de alerta

Los síntomas de SFC incluyen un grado de cansancio nunca antes experimentado, que dura por lo menos seis meses y que, incluso sin trabajar particularmente duro, no se alivia con reposo. Por lo general, la fatiga es tan severa, que se induce con menos de la mitad del esfuerzo que se hacía antes de la enfermedad.

Sin embargo, estos criterios pueden ser ambiguos por lo que SFC es difícil de diagnosticar y no existe un examen único para detectarlo. Personas que sufren del síndrome suelen quejarse de problemas de salud persistentes que no se alivian después de seis meses y que se acompañan de al menos cuatro síntomas que incluyen dolores asociados a la gripa, músculos débiles y adoloridos, dolor en las articulaciones y en la garganta, dolores de cabeza distintos a los usuales, problemas con el sueño, de concentración y de memoria inmediata y sensibilidad en los ganglios linfáticos del cuello y axilas. También pueden sufrir de depresión y problemas psicológicos.

Más aún, debido a que la fatiga suele ser una queja común y comparte síntomas con una variedad de enfermedades, descubrir el SFC requiere tiempo. Muchas veces, el médico debe descartar otras enfermedades antes de llegar al diagnóstico correcto acerca del SFC.



El tratamiento

Debido a que sus causas se desconocen, no hay un tratamiento universal ni particularmente efectivo para afrontar el SFC. Por ello, el principal objetivo del tratamiento es aliviar los síntomas. La manera de lograrlo depende del individuo. En primera instancia se suelen recetar medicamentos para tratar los síntomas de gripa, los problemas de sueño, digestivos y psicológicos, como depresión y ansiedad, entre otros.

Sin embargo, debido a que los medicamentos solo pueden aliviar los síntomas y ciertos pacientes pueden sufrir reacciones adversas a ellos, a veces se buscan tratamientos alternativos. Terapias de relajación, como acupuntura o ejercicios, como yoga y tai chi pueden ser útiles. También se pueden intentar alimentos alternativos y suplementos herbales. Incluso, terapias psíquicas que ayudan al individuo a relajarse y a lidiar con los síntomas pueden servir de apoyo a los tratamientos medicinales.

Muchas veces, las consecuencias del SFC sobre la vida cotidiana llevan a quienes lo padecen a ir un paso más allá y a modificar su estilo de vida. Esto puede incluir cambios en hábitos alimentarios, de ejercicio y de sueño. También se puede cambiar el ritmo de trabajo diario para que coincida con los altibajos de energía ya reconocidos por el paciente. Se recomienda que estos cambios se lleven a cabo con la ayuda de profesionales.

En el mejor de los casos, el pronóstico de largo plazo para quienes sufren de SFC es incierto y difícil. Algunos pacientes se pueden recuperar completamente después de 6 meses a un año, mientras que para otros el tiempo de recuperación puede ser mayor. En cambio, según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, otros pacientes reportan no haber vuelto nunca a su estado normal. Pero un programa de rehabilitación sí ofrece un mejor pronóstico de recuperación que no hacer nada al respecto.
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