| 6/25/2004 12:00:00 AM

A toda vela

La navegación, un deporte de alta competencia que mezcla táctica y técnica con el contacto con la naturaleza.

La sensación es de velocidad y fuerza, mucha fuerza. En una buena racha de viento, los veleros ponen a prueba la resistencia de los mástiles, los herrajes y las tripulaciones. La navegación a vela genera la mezcla de emoción de un deporte de alta competencia, y el contacto con los elementos, sin que medien motores, gasolina o aceite.

Para los que toman el deporte en serio, la vela no es solo un descanso de fin de semana, sino una pasión de treinta días al mes. En tierra, planean sus tácticas mucho antes de que lleguen las competencias del domingo y en el agua practican maniobras con nombres que recuerdan épocas de los veleros de corsarios -orzadas, traveses o trasluchadas-, mientras ponen a punto sus veleros, que hoy son verdaderas máquinas de carreras.

El atractivo intenso de la competencia en veleros -las regatas- lo demuestra la lista de veleristas adictos. Ted Turner -fundador de CNN- que ganó para su país la Copa América en 1977; el presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, y el archifamoso príncipe de Asturias, que navegó en la clase olímpica Soling y en cruceros. También se podría evidenciar por el cuadro de patrocinadores del deporte, que incluye a Rolex, BMW, Sears, L'Oreal, Xerox y Yoplait, entre muchas otras firmas que han invertido sumas millonarias para financiar a los equipos y los tripulantes.

En Colombia, la fiebre de la navegación también contagió en épocas distintas a personas de intereses diversos. El empresario José Carulla, el ex presidente Alfonso López Michelsen y el apasionado del mar Rafael Obregón fueron todos tripulantes de veleros de clase Lightning. Incluso el tema atrajo a Julio Mario Santo Domingo, velerista de placer en el 'Mandarina', un sampán de madera que conservaba en los muelles de Vikingos en Cartagena.



Tras el oro

En regatas compiten entre sí botes de una misma clase, pero también pueden hacerlo entre clases diferentes, dándole ventaja en la salida a los barcos más lentos. Navegan un recorrido triangular, demarcado por boyas, que los obliga a enfrentar el viento en varias direcciones, en popa, de través y ceñida (de adelante), para medir su habilidad en todos los rumbos.

En cada lado del triángulo, que los veleristas llaman 'pierna', usan tácticas de ataque y cubrimiento para ganar posiciones frente a los demás y ajustan las velas y las demás piezas del equipo para conseguir la mayor velocidad posible en cada condición de viento y de agua.

Para conseguir la velocidad óptima, hay muchos instrumentos. Los veleros de la clase 420 tienen un 'trapecio' -un arnés que se engancha a un cable del mástil-, que le permite al tripulante hacer contrapeso literalmente colgado afuera del bote solo apoyando sus pies en la borda, y de esa forma el barco navega sin inclinarse por la fuerza del viento. Los de clase Lightning y los 420 tienen una vela redondeada (spinaker) que se iza para aprovechar mejor los vientos de popa o de lado (través). Además, casi todos los campeones navegan botes de fibra de vidrio, con mástiles, poleas, velas y otros herrajes de materiales sofisticados. Estos y otros dispositivos le añaden emoción y velocidad al deporte de la navegación y le restan importancia a la fuerza física o a la edad de los tripulantes.

En competencia, los colombianos son bastante fuertes en la navegación en lagos, explica Santiago Uscátegui, miembro de la Federación Colombiana de Vela y campeón suramericano en clase Lightning. De hecho, Colombia tiene varios campeones internacionales de clubes náuticos de Bogotá, Cali, Medellín y Bucaramanga, ubicados todos ellos en represas de montaña. El único club de mar activo es el de Cartagena, donde la afición por las competencias no es tan crecida como en el interior.

Para las personas que disfrutan del aire libre, el agua, el sol y el viento, y de competencias que mezclan estrategia y acción, la vela puede ser el mejor deporte.
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