| 7/23/2010 12:00:00 AM

Polo en Argentina

Polo en Argentina

Argentina se convierte en la meca del polo. Ya no se trata solamente de asistir como espectador a los grandes campeonatos de este deporte sino también de jugar con los mejores del mundo. Si antes los polistas argentinos viajaban con sus caballos para complacer a sultanes y miembros de la realeza, desde hace varios años también los "patrones" europeos. Asiáticos o norteamericanos se desplazan al sur para darse el gusto de hacer equipo con los grandes.

Norteamericanos como Gillian Johnston, principal accionista de Coca-Cola, Russ McCall, dueño del New Bridge Polo and Country Club en Aiken (Carolina del Sur) y Tim Gannon, uno de los fundadores de la cadena de restaurantes Outback Steakhouse; árabes como Alí Albwardy, propietario del lujoso club y hotel Desert Palm Hotel en Dubai, y europeos como el italiano Alfio Marchini, presidente de Astrim, son solo algunos de los magnates y personajes de todo el mundo que año tras año se desplazan hasta el país austral para conocer los secretos del polo, de la mano de los mejores maestros del planeta.

Todo comenzó con Gonzalo Pieres, cuando a este jugador, varias veces ganador del Abierto de Palermo –al igual que ahora lo son sus hijos– y acostumbrado a llevar el Polo argentino por Brunei, Inglaterra y Estados Unidos, se le ocurrió poner la élite de este deporte al servicio de fanáticos adinerados. Si ya era una tradición que los jugadores de alto handicap fueran contratados para jugar torneos en Asia, Europa y Estados Unidos, ¿por qué no pensar en que “los patrones” viajaran hasta tierras gauchas no solo para mirar, sino también para interactuar con los expertos?

Con el apoyo del desparecido Kerry Packer, australiano que fuera uno de los 100 hombres más ricos del planeta, la idea se concretó con nombre propio: La Ellerstina, una estancia a 70 kilómetros de Buenos Aires donde Pieres ofrece el haras con los mejores caballos de su equipo, 9 canchas, alojamiento cinco estrellas, referees y la Copa de Oro La Ellerstina, exclusiva para patrones, que se juega en sus campos de Pilar y General Rodríguez y en la que participan una treintena de equipos conformados por polistas profesionales y amateurs extranjeros. Los patrones, por lo general con bajo handicap (de 0 a 4 goles), organizan el equipo contratando a dos jugadores argentinos de buen nivel (entre 8 y 10 goles). De esta manera conforman equipos de bajo handicap (hasta 14 goles) o de alto handicap (hasta 26 goles) para disputar diversos torneos.
Algunos colombianos participan habitualmente como integrantes de estos equipos. Camilo Bautista, por ejemplo, pertenece a Las Monjitas, el equipo de los hermanos Novillo Astrada, ganadores, entre otras, de la Copa de Oro Ellerstina CITI en 2009. Por su parte, Jaime Restrepo hace parte del equipo Mindanao, mientras que Paco de Narváez Jr., hijo del reconocido empresario colombo-argentino y ahora diputado Francisco de Narváez, integra el equipo El Paraíso junto a los hermanos Merlos.
El plan consiste en jugar entre semana con los maestros de Polo y, los fines de semana, ir a ver los partidos del Abierto. Al concluir la temporada, con la fiebre por este deporte en su más alto nivel, más de un patrón desembolsa entre US$20.000 y US$70.000 para llevarse a casa algún “petiso”, los famosos caballos de polo argentinos, rápidos, muy manejables, intrépidos e inteligentes.

Goles y cinco estrellas

Si bien Pieres fue el pionero en ofrecer “paquetes” resort, clínica de Polo y Copa, en La Ellerstina, la familia Novillo Astrada amplió la oferta con su club La Aguada y la respectiva Copa y lo mismo hizo Cambiaso con La Dolfina Polo Ranch y sus Copas Diamante y Zafiro, que cuentan con la ventaja de ser organizadas nada menos que por el mejor polista del mundo. En cuanto a la infraestructura, los tres son sitios con todas las comodidades que un polista exigente busca.
Después de ellos, las alternativas se han venido multiplicando para satisfacer diferentes presupuestos y niveles. A 230 kilómetros de Buenos Aires, en El Rincón Polo Club, en la localidad de 25 de Mayo, la familia Monteverde ofrece, además de alojamiento estilo campo en su estancia de 2.000 hectáreas, el privilegio de jugar con Lucas, con un 10 de handicap e integrante del equipo de La Dolfina, y recibir clases con Marcelo, uno de los mejores profesores de Polo en la actualidad. Las clases se dictan aún en días de lluvia, debido a lo arenoso del terreno, que permite jugar siempre sin lastimar los caballos. Por su parte, El Metejón Polo Ranch de las familias de polistas Richini y Chavanne, cuenta con 110 hectáreas, cuatro canchas, 60 caballos y 32 boxes, además de 12 habitaciones, piscina, masajes y exquisita cocina.
Fuera de las estancias hay un sinnúmero de countries, lujosos conjuntos residenciales cerrados, como El Venado, donde el polista Federico Cendoya imparte clases de una hora para principiantes por la mañana y organiza cuatro chukkers por la tarde, por mencionar solo algunos de los muchos que abundan en la zona de Open Door, en las afueras de Buenos Aires, donde a lado y lado del camino se repite el impecable verde de centenares de canchas de polo. Y es precisamente por esa proliferación, por los miles de jugadores de polo adscritos a los múltiples clubes que allí existen y por las decenas de copas que se disputan, que los ojos de los polistas del mundo están puestos en Argentina.
Como afirma el bogotano Carlos Urrea, jugador y profesor de este deporte y asiduo visitante de ese país, “allí han hecho una industria alrededor del polo. Lo tienen todo: la indumentaria, los implementos, los caballos, los campos…” Y agrega que la diferencia del polo argentino con el del resto del mundo es similar a la diferencia entre manejar un carro y un Fórmula 1. “No aplicas el freno del caballo nunca, todo el mundo juega bien, la calidad de juego es lo que nos atrae y eso lo han obtenido al dejar que la gente participe. Hay muchos jugadores, mucha gente alrededor del mundo de los caballos”.
Considerado por muchos un deporte de élite, dados los costos que implica su práctica, el polo, sin embargo, cobra cada día más adeptos y es visto por millones de aficionados, como lo demostró el último abierto que fue transmitido por televisión a más de 100 países.
Que el polo tenga a sus mejores exponentes en Argentina se atribuye básicamente a dos causas: se necesitan amplios y llanos espacios verdes para hacer las canchas y, al mismo tiempo, se requiere tener detrás toda una industria de criaderos de caballos, lo cuales, según dicen los expertos, son el 70% del éxito. Esas dos condiciones las cumple a cabalidad el país gaucho, que ostenta el dominio absoluto de este deporte: actualmente los únicos diez jugadores del mundo con la máxima valoración, 10 de handicap, son argentinos y entre ellos se cuenta el célebre Adolfo Cambiaso, considerado el mejor de todos los tiempos.
El prestigio del Polo argentino es tal, que allí se disputa la Triple Corona; es decir, los Abiertos de Hurlingham, Tortugas y Palermo, llamados Abiertos porque a pesar de que compiten equipos de diferente handicap, que suman como mínimo 32, los partidos se juegan sin ningún tipo de ventaja para el equipo de menor número de goles. Solo hay seis equipos en el mundo que logran estar por encima de 32 goles, lo cual les da derecho a entrar directamente al campeonato sin jugar en las clasificatorias. Estos seis también son argentinos. Vale la pena tener en cuenta que en torneos como el US Open y el Abierto de Inglaterra, el máximo de goles por equipo es 26.
Esta trilogía de torneos convoca de septiembre a diciembre (primavera y verano del hemisferio sur) aproximadamente a 15.000 espectadores; entre ellos cientos de visitantes provenientes de Europa, Latinoamérica, Estados Unidos y varios jeques del Medio Oriente, dispuestos a ver a estos jugadores desplegar toda su habilidad en un deporte que, como señala Jorge Pradilla, polista, criador de caballos, promotor, miembro y expresidente del Polo Club de Bogotá y padre de un joven jugador, “ya es un ícono de la cultura argentina como lo son el tango, el bife y el malbec”.
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