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En memoria de Juan Mario Laserna

"Colombia pierde a una persona excepcional, quien luchó durante toda su vida por un país mejor. Y sus amigos perdimos para siempre una fuente de luz y bondad sin límites."- Alberto Calderón.

No debía de haber sido fácil ser hijo de Mario Laserna. Hijo del fundador de la Universidad de los Andes, del amigo de Eisntein y del profesor de filosofía de las mejores universidades del mundo. Tal vez por eso Juan Mario vivió tan intensamente, tal vez por eso estudió tanto y logró hacer tan bien tantas cosas distintas, más que muchos en varias vidas.

No conozco un colombiano con mejor formación académica: estudió sus últimos años de colegio en Phillips Academy Andover, uno de los colegios que cuenta con más Presidentes de Estados Unidos entre sus egresados. Economista de Yale, donde lo conocí. Yo con orgullo decía que era su mentor. La verdad es que con el tiempo, y especialmente en los temas de cultura universal como historia y filosofía, como historia del cristianismo y de la Cábala, el profesor era él. Y para completar sus estudios decidió hacer un MBA en Stanford. Una anécdota que da alguna idea del talento de Juan Mario: cuando escribió su ensayo para aplicar a esta Universidad, tal vez uno de los programas de post grados más difíciles de ingresar, simplemente contó lo que había sido su vida durante sus primeros 29 años y en particular su experiencia en el gobierno del Presidente Gaviria. Lo primero que hizo la universidad fue verificar que la historia era cierta, pues parecía más mágico que realismo. Cuando se dieron cuenta que era cierto, no solo le ofrecieron cupo, sino mucho más difícil, se lo guardaron mientras acompañaba por un año más al Presidente Gaviria en la OEA.


Y así, sin proponérselo, Juan Mario empezó a acumular hazañas que él siempre hacía aparecer como rutinarias: el Consejero Presidencial Económico más joven, el más joven del “kínder” del Presidente Gaviria, el Director del Banco de la Republica más joven, el indispensable analista económico y la lista continúa. En cada posición que ocupaba, al principio estudiaba más que todos y pronto dominaba todos los temas a su cargo.

Con el pasar de los años algunos empezamos a decepcionarnos de la llamada tecnocracia. El tema principal no era saber qué hacer, mucho más difícil era tener la voluntad política de hacer las cosas. Para muchos parecía el fin del camino público, era más fácil pasar al sector privado. Pero para Juan Mario la vida no tenía mucho sentido si no seguía luchando por un país más igualitario y más justo. Sus profundas raíces cristianas, que lo guiaron durante toda su vida, nunca le dejaron tomar el camino fácil, por lo general tomaba el camino más tortuoso. Y así, en medio del escepticismo de la mayoría de sus amigos, salió elegido Senador. Al igual que enfrentó todos sus retos en su vida pública, lo hizo con tenacidad y entrega, con dedicación y una verdadera vocación para servir. Pronto se convirtió en el heredero de Victor Renán Barco, el senador indispensable para los temas económicos, pero sin el apoyo de los fortines burocráticos.

Más allá de sus enormes logros en la vida académica y pública, más allá de su inteligencia excepcional, Juan Mario era un buen ser humano, realmente un hombre bueno en todo el sentido de la palabra. Colombia pierde a una persona excepcional, quien luchó durante toda su vida por un país mejor. Y sus amigos perdimos para siempre una fuente de luz y bondad sin límites.

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