| 10/8/1999 12:00:00 AM

Escasez de capitales externos

Debido a la sequía en el mercado de bonos,la salida para América Latina será la inversión extranjera directa.

América Latina está atravesando un período de estrechez de capitales externos realmente aguda. Se calcula que en 1999 los flujos netos de deuda serán solamente US$20.000 millones. Esta suma no es ni la mitad de los US$42.000 millones que se recibieron en 1998, que no fue un año bueno, pues estuvo afectado por los remezones de las crisis de Asia y Rusia.



La sequía de recursos externos se debe en parte a una reducción de los movimientos de capital privado hacia los países emergentes de todo el mundo. Sin embargo, en 1999 los países del Este de Asia han vuelto a desplazar a América Latina, que hasta mediados de 1998 había sido visto como un destino más atractivo.



Las emisiones de bonos latinoamericanos han sido especialmente sensibles a los vaivenes del mercado (ver la gráfica). En los seis meses que siguieron a la crisis de Rusia, las emisiones apenas llegaron en promedio a US$1.000 millones mensuales, una quinta parte de lo que habían sido en los meses anteriores. La temida devaluación del real brasileño que ocurrió en enero de 1999 produjo un alivio entre los inversionistas, alivio que alcanzó incluso niveles de euforia hacia el mes de abril, cuando las emisiones superaron los US$8.000 millones.



Pero las cosas no han ido bien desde entonces para América Latina, y los analistas internacionales prevén que la actual situación de escasez y carestía de recursos financieros externos se mantendrá por un buen tiempo. No solamente están desanimados con América Latina, sino que ya no cuentan con la posibilidad que les ofrecían los hedge funds antes del derrumbe de Long Term Capital, de darles liquidez a los bonos de largo plazo. El golpe de gracia a los bonos latinoamericanos será la moratoria de los bonos Brady de Ecuador, lamentablemente auspiciada por el Fondo Monetario Internacional.



Pero no todo son malas noticias. Dentro de este panorama de escasez, la inversión extranjera directa a la región se ha mantenido sin mayores cambios. Para este año, se esperan unos US$42.000 millones, solo US$6.000 millones menos que el año pasado. La implicación de este análisis es sencilla, pero muy preocupante para Colombia y sus vecinos Ecuador y Venezuela: solo podrán atravesar el desierto los países que puedan atraer inversión directa a base de nuevas privatizaciones y una dosis mínima de estabilidad política, institucional y económica.



Esta columna no compromete al BID, entidad a la cual está vinculado el autor.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?