En la duda, actúa

| 9/28/2001 12:00:00 AM

En la duda, actúa

Cuando obtengamos la prueba reina de que entramos en una recesión mundial puede ser demasiado tarde para evitar una catástrofe local.

por Javier Fernández Rivas

Cuando escribo esta nota hay muchos indicios de que la economía mundial se está derrumbando después del terrible golpe del "martes negro" a la confianza de los inversionistas y consumidores de Estados Unidos, que su economía recibió cuando ya estaba groggy, sosteniéndose en las cuerdas. Pero no hay pruebas, claro. Podría ocurrir que el derrumbe de la bolsa de Nueva York, la parálisis de las ventas de automóviles en ese país y los anuncios de despidos masivos en muchas empresas de aviación y de turismo sean simples coincidencias y no las primeras manifestaciones de una crisis más general, que se retroalimenta.



Y, como no hay pruebas, es fácil imaginar la actitud de las autoridades colombianas. "Seguiremos con atención los desarrollos mundiales, pero no hay que precipitarse. Lo indicado es mantener el rumbo y las metas establecidas y eso es lo que haremos". Mejor dicho: se mantiene como prioridad absoluta la baja de la inflación y la reducción del déficit fiscal. Aquí no ha pasado nada.



Qué pena, señores, pero eso no es lo indicado. Si quienes manejan la política económica actúan con oportunidad y energía para defender el país de los peores efectos de una posible recesión mundial, y luego esa amenaza no se materializa, su situación será similar a la del jefe de familia que, ante un sismo en medio de la noche, saca a sus hijos a la carrera de la casa por temor de que se desplome sobre sus cabezas, y luego se da cuenta de que el edificio resistió. Siempre habrá algún idiota que, en ese caso, se burle de él por precipitado, pero las personas sensatas entienden que el riesgo tenía que correrse porque era mucho lo que se perdía si, en vez de actuar, esperaba hasta confirmar que el techo se estaba cayendo.



Claro que la importancia de lo que puede perderse depende de valores y de prioridades. No me extrañaría que en este momento, algunos de los responsables de la política económica estuvieran frotándose las manos de satisfacción porque, dada su obsesión con la presentación en contraste con la sustancia, la recesión mundial les viene de perlas. ¡Qué salvada! Ahora, si el país se hunde ¿quién podrá decir que el desastre no ocurrió por la profunda crisis internacional de la que venían hablando hace años?



Por lo que venga, mejor poner desde ahora los puntos sobre las íes. En primer lugar, este país ya venía en recesión antes del martes negro. Por supuesto, los responsables de la política nada tenían qué ver con eso.



Segunda, ni siquiera en medio de una crisis mundial el país tendría que hundirse si su manejo económico es adecuado, esto es, si usa apropiadamente todos los instrumentos disponibles para evitar que la recesión extienda la miseria nacional y la destrucción de valor económico.



Durante la Gran Depresión de los años 30, una catástrofe mundial frente a la cual las depresiones anteriores y las recesiones posteriores lucen como baches sin importancia, Colombia logró evitar una caída significativa de su producción y exhibió el mejor desempeño mundial. En ese entonces no contaba con los supergenios responsables de nuestra política económica, ni con la "ayuda" de organismos multilaterales, pero tenía estadistas que no dudaban en poner el interés del país por encima de cualquier otra consideración y a quienes nos les importaba chocar con la sabiduría convencional y la "ortodoxia" de la política económica. Una sabiduría y una ortodoxia que, cosa es de volverse loco, hace 70 años era exactamente igual a la que actualmente nos receta el FMI y nuestras autoridades acatan con docilidad y hasta con entusiasmo.
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