El próximo 10 de abril los peruanos elegirán entre 'El Cholo', 'El Mudo' y 'La China' los nombres de los dos candidatos que se medirán el 5 de junio en la segunda vuelta para definir el nombre del nuevo Presidente de la República, en reemplazo de Alan García.
Aunque pudiera parecer pronto para adivinarlo, todo apunta a que en la primera vuelta no se definirá el nombre del nuevo mandatario, pues los resultados de las encuestas no muestran un favoritismo contundente de ninguno de los 11 candidatos que se medirán en esta elección en la que podrán votar cerca de 20 millones de peruanos.
El ex presidente Alejandro Toledo -'El Cholo'- encabeza las encuestas con un 30% de intención de voto, mientras sus contendores exhiben un empate técnico con cerca de 19% cada uno: Luis Calderón -'El Mudo', ex alcalde de Lima, quien terminó su mandato con notable éxito- y Keiko Fujimori, 'La China', una carismática congresista hija del ex presidente Alberto Fujimori y que ha sabido capitalizar las ejecutorias de su padre y tomar distancia de los cuestionamientos que se le hacen a ese gobierno.
La falta de un liderazgo contundente ha llevado a que las campañas se concentren en ataques personales, capitalizando de paso una característica del elector peruano, que emite un voto emocional antes que uno guiado por una ideología o un partido político, según lo confirma la analista política Giovanna Peñaflor.
Esto explica los escándalos generados en el ámbito político a raíz de la solicitud de Keiko Fujimori y Luis Castañeda para que Alejandro Toledo se haga un 'examen toxicológico' antes de participar en un debate político. Castañeda, por su parte, ha sido duramente cuestionado por presuntas 'cuentas fiscales' pendientes tras su retiro de la alcaldía, mientras Keiko Fujimori enfrenta duros ataques por la 'herencia' de su padre en materia de violación de derechos humanos.
A tres semanas de la contienda, el presidente Alan García ha entrado a terciar en la disputa señalando públicamente que el proceso "se ha vuelto aburrido" debido a la ferocidad de los ataques y descalificaciones personales, sin profundidad en las propuestas y con programas muy parecidos en el ámbito económico. ¿Qué está en juego en esta elección?
El presidente de la Cámara Colombo-Peruana, Hernando Otero, explica que mientras los ataques se dan en el plano personal, no hay discrepancias frente al modelo económico, apoyado por los candidatos más opcionados, debido al éxito que le ha representado al país.
Las cifras son elocuentes: en 2010, la economía peruana creció 8,78%, una de las tasas más altas del mundo, y para este año el pronóstico de la unidad de estudios económicos del banco BBVA calcula que será de 7%, impulsado por la demanda interna y el positivo comportamiento del sector minero. Los buenos resultados que se esperan de aquí a 2015 permiten proyectar un descenso paulatino de la deuda externa peruana a solo 15% del Producto Interno Bruto para ese año.
PriceWaterhouseCoopers calcula que las inversiones mineras en los próximos seis años podrían llegar a US$35.470 millones, concentradas en 36 proyectos que adelantan actualmente 100 empresas multinacionales en territorio peruano.
El libre comercio y la apertura a los capitales extranjeros han sido clave en este proceso de fortalecimiento de la economía peruana y, por esta razón, solo uno de los candidatos, Ollanta Humala, ha criticado -aunque tangencialmente- el tema.
Para Otero, la continuidad del actual modelo económico, independiente de quién sea el ganador, envía un parte de tranquilidad a los socios comerciales, y particularmente a Colombia, que comparte la filosofía de este esquema de libre mercado.
Perder es ganar un poco
Para los expertos, la falta de controversia en el tema económico ha llevado a que los candidatos marquen diferencias en el plano personal. "Perú es un país de resultados electorales imprevisibles, donde termina ganando el candidato que mejor se posicione frente al favorito", asegura Mariana Salazar, politóloga y máster en derechos humanos y democracia. De hecho, la experta recuerda que con esta fórmula ganó Alberto Fujimori en 1990 frente a Vargas Llosa, favorito en la primera vuelta. Igual ocurrió con Alejandro Toledo, en 2001, cuando se enfrentó a Alan García y a su vez fue parecida la elección que tuvo García frente a Ollanta Humala, en 2006.
Para la editora política del diario El Comercio, de Perú, Diana Seminario, en términos generales no existen mayores diferencias entre los tres candidatos favoritos: todos apuntan a fortalecer los programas para los más desfavorecidos, mejorar el presupuesto en educación y salud y mantener la economía de libre mercado. En materia de relaciones internacionales, la periodista señala que "a ninguno se le ha escuchado un discurso beligerante, pero tampoco han ahondado en los temas internacionales".
Frente a las fortalezas, los expertos coinciden en que Toledo es visto como un hombre de experiencia, porque entre 2001 y 2005 tuvo un gobierno exitoso, le dio un buen manejo a la economía y se caracterizó por su carisma. Castañeda tiene a su favor la gestión desarrollada al frente de la alcaldía de Lima, durante la cual logró modernizar la infraestructura y las finanzas de la ciudad. Keiko, por su parte, se define como una 'china trabajadora' y aprovecha los logros de su padre para capitalizar votos en sectores pobres de la población.
Las debilidades, sin embargo, muestran a un Toledo con fama de frívolo y consumidor de licor, con un entorno familiar peligroso -sus hermanos se vieron envueltos en escándalos durante su primer gobierno-; Keiko arrastra la imagen de corrupción del gobierno de su padre mientras que Castañeda enfrenta cuestionamientos por manejos fiscales y es criticado por su falta de empatía con los votantes -de ahí su apodo de 'El Mudo'-.
El conteo regresivo ya comenzó y aunque no se esperan grandes cambios en el modelo peruano, el nuevo ocupante del Palacio de Gobierno a partir del 28 de julio tendrá grandes desafíos en el plano político para lograr un gobierno que integre y no divida.