| 12/7/2007 12:00:00 AM

Bajar aranceles: el mejor momento

Perú y Ecuador ya hicieron los cambios a su estructura arancelaria luego de la suspensión del arancel externo común. El gobierno colombiano retiró su propuesta y analiza los cambios con el sector privado.

La revisión de la estructura arancelaria del país es necesaria para mejorar la competitividad de la producción colombiana, la eficiencia y el crecimiento económico. En eso coinciden gobierno, empresarios y expertos en el tema. El momento es ideal, pues además de que la decisión 669 de la Comunidad Andina de Naciones dio autorización a los países andinos hasta el 31 de diciembre de 2008 para que hicieran los ajustes que estimaran convenientes, en Colombia se conjugan hoy una serie de circunstancias que muy difícilmente se repetirán en otro momento.
 
"La primera es el nivel de crecimiento económico que hace más fácil que el sector industrial acepte el costo de una baja de aranceles de los bienes de consumo. Por otro lado, la popularidad del gobierno facilita la venta de la idea y el conocimiento profundo que hoy se tiene de las cadenas productivas permite conocer las necesidades de cada una y el impacto de una posible reforma. Adicionalmente, los ingresos tributarios han aumentado notablemente en los últimos años, lo que aminoraría el costo fiscal de los cambios", asegura Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo

Según los expertos, la reducción del arancel es una de las oportunidades que tiene Colombia de no quedarse en la mitad del camino en el proceso de internacionalización de la economía en momentos es que las relaciones comerciales con Venezuela pueden complicarse y la aprobación del TLC en los Estados Unidos es incierta. Pero este cambio en el arancel tiene que hacerse de acuerdo a un criterio claro, dando un tratamiento equitativo a todos los sectores y aceptando que el costo fiscal va a ser retribuido en un incremento del PIB.
 
La ausencia de estas condiciones fue lo que propició la reacción del sector privado frente a la propuesta de reforma que hizo el gobierno en noviembre y lo que obligó al ministro de Comercio, Luis Guillermo Plata, a romperla enfrente de los dirigentes gremiales. Por ahora se realiza un trabajo conjunto entre el gobierno y el sector privado, observando la estructura arancelaria de cada cadena productiva para llegar a una decisión definitiva.

¿Qué pasó con la propuesta del Gobierno?
El establecimiento de tres niveles de arancel, 2% para bienes de capital, 8% para materias primas y 15% para bienes finales, fue la propuesta que realizó el comité de funcionarios de los ministerios de Hacienda, Agricultura y Comercio. Sin embargo, no pasó la prueba en el sector privado y tuvo que ser retirada. Según Diego Rengifo, vicepresidente de Analdex, esto obedeció a que no cumplía con el objetivo del gobierno de estructurar un arancel competitivo para el aparato productivo nacional.

"La impresión que brindó esta iniciativa es que el costo fiscal de la modificación -según el gobierno se dejarían de recaudar US$75 millones anuales-, sería cubierto por esta misma, por lo tanto elevaría el costo de buena parte de las materias primas del 5 al 8% para cubrir la reducción arancelaria de los bienes finales del 20% al 15% o al 8% en algunos casos", dice Rengifo.
 
De esta manera, según los empresarios, se estarían generando protecciones arancelarias negativas -el arancel de la materia prima es más alto que el del producto final- especialmente para el sector papelero, metalmecánico, petroquímico, manufacturas de cuero y calzado, entre otros. Representantes del sector textil aseguran además que, mientras en los países de Suramérica los aranceles están aumentando, nosotros queremos desproteger aún más la industria textilera.

Sin embargo, un analista del sector asegura que, aunque a la propuesta hay que hacerle algunas revisiones técnicas, sobre todo en la parte de materia primas, no entiende por qué el sector privado pone tanta resistencia a una baja de aranceles. "En la negociación de los diferentes tratados de libre comercio los bienes industriales nunca hicieron ruido y su negociación fue relativamente fácil. Además, si entra en vigencia el TLC con los Estados Unidos —primer productor de bienes de este tipo en el mundo— desde el primer día estos entrarán con cero arancel. Lo mismo pasa con los demás TLC", dice.

Otra de las críticas estructurales que recibió la propuesta fue la exclusión que hizo del sector agropecuario para la baja del arancel. Incluso, algunos de los insumos que produce el campo experimentaban un aumento de protección. "Como los precios de los productos agrícolas protegidos han experimentado un aumento muy grande en los mercados internacionales, lo que convendría sería aprovechar para hacer un recorte sustancial de los aranceles en este sector", dice Rudolf Hommes, ex ministro de Hacienda.
 
Reina añade que si algo quedó claro a lo largo de la negociación del TLC es que buena parte del agro colombiano disfruta de una protección excesiva, que genera rentas a unos pocos en perjuicio de los consumidores y de la competitividad del resto de la economía.

No se puede perder la oportunidad
Ya que el gobierno y el sector privado se montaron en el tren de la reforma arancelaria y las condiciones económicas son más que propicias, no se puede perder la oportunidad de corregir muchas distorsiones en la política arancelaria del país, que no se revisa hace 14 años. "Como lo ha mostrado el premio Nobel de economía, Michael Spence, los países en desarrollo que han conseguido crecer por encima del 7% de manera sostenida a lo largo de 25 años lo han logrado volcándose al mercado internacional. Chile fue el primer país latinoamericano que redujo unilateralmente sus aranceles de forma significativa y ahora es el milagro económico de América Latina. Lo mismo hizo Perú hace algunas semanas", explica Reina.

Por su lado, Rengifo dice que se debe aprovechar la ocasión para corregir los casos de protecciones efectivas negativas y volver permanente el tratamiento a productos no producidos en el territorio nacional que se ha venido manejando a través de diferimientos temporales. Adicionalmente, se debe analizar el caso de aquellos bienes de maquinaria y equipo que no se producen en el país y cuya tarifa arancelaria sería conveniente llevarla a cero. Esto evitaría castigar la modernización del aparato productivo nacional.
 
En el mismo sentido, Carlos Garay, presidente de Acoplásticos, asegura que debe haber una reforma arancelaria que tenga como propósito reducir los costos de producción para las actividades productivas y hacerlas más competitivas en el mercado interno frente a la competencia externa. "Para esto se deben bajar los aranceles de las materias primas, como lo hicieron hace sólo algunos días Ecuador y Perú", agrega Garay.

Incluso, Juan Carlos Echeverri, profesor de la Universidad de los Andes, propone adoptar de una vez por todas un arancel plano y convertirlo en bandera nacional, tal como lo hizo Chile, cuyo arancel general es del 6%. "Esto disminuye las dispersiones arancelarias y da certeza; además, el costo fiscal estaría más que compensado por el impulso de las exportaciones e importaciones, aumentaría la remuneración del trabajo y el capital, y produciría mayor crecimiento del PIB anual de 0,22 puntos porcentuales", dice Echeverri.

Lo cierto es que, así el arancel sea plano o escalonado, el gobierno tiene que tomar una decisión lo más pronto posible pues tras la desaparición del arancel externo común, nuestros vecinos ya redujeron sustancialmente sus aranceles. Perú, por ejemplo, será el segundo país más abierto de la región pues, a partir de 2008, su nivel arancelario será en promedio del 1,8%, y Ecuador, aunque aumentó el arancel para algunos bienes finales, lo redujo sustancialmente para sus materias primas. ¿Qué espera Colombia?
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