Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    ¡Viva la diferencia!

    En los tiempos que vienen, la política internacional de los países latinoamericanos no debería ser una política de bloque, sino una política pragmática.

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Los enemigos de la globalización continúan ganando terreno en los distintos países de América Latina. Intelectuales, políticos y analistas argumentan, con creciente pasión, que el sistema internacional de mercado es altamente inestable, y que, por esta razón, no es adecuado para la región. Según ellos, Latinoamérica debiera abandonar el llamado "Consenso de Washington" y buscar un nuevo modelo de desarrollo.

No sorprende que esta posición sea popular en países con enormes problemas como Venezuela, Uruguay o Argentina. Lo que sí sorprende es que un número creciente de críticas provenga de algunos de los países más exitosos, como Chile. En una entrevista reciente en Clarín, de Buenos Aires, el presidente chileno Ricardo Lagos criticó duramente a los organismos internacionales -el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial-, y llegó incluso a preguntarse si estas instituciones debieran existir en el siglo XXI. A continuación, el presidente Lagos argumentó que en el futuro los países latinoamericanos debieran negociar en bloque con estos organismos.



Esta es una muy mala idea

Uno de los principales activos que tienen los países relativamente exitosos -especialmente Chile, pero también México, El Salvador y Costa Rica, entre otros- es un prestigio internacional de países serios, crecientemente eficientes y con una vocación internacional. Arriesgar este prestigio para fomentar una mal entendida solidaridad hemisférica sería, definitivamente, un grave error.

En la entrevista, el Presidente chileno insinúa que la formación de un "bloque latinoamericano" aumentaría el poder negociador de los países de la región. Pero, ¿de qué forma aumentaría el poder negociador de Chile y Costa Rica, por ejemplo, si forman un bloque con países como Venezuela, Ecuador o Argentina? La verdad es extremadamente simple: con esta estrategia, los países "normales" no ganarían nada y perderían mucho. Para el mundo entero, estas naciones pasarían a ser miembros de un bloque de países simpáticos pero desastrosos, donde las cosas no andan bien, y donde la ineficiencia y la corrupción son pan de cada día.

Los países que buscan la prosperidad -incluyendo Colombia- deben hacer precisamente lo contrario de lo que propone el mandatario chileno. Todos los días deben esforzarse por crear una imagen de países diferentes. Una imagen de países donde, a pesar de su ubicación geográfica, las cosas funcionan, y con la vocación de crear mayor riqueza para sus habitantes presentes y futuros.

Pero desde luego que para tener una imagen de país diferente hay que ser un país diferente. Y ello requiere un esfuerzo mayor para modernizar verdaderamente la economía, poner en marcha programas sociales eficientes y creativos, y desterrar definitivamente la corrupción.

En los tiempos que vienen, la política internacional de los distintos países latinoamericanos no debiera ser una "política de bloque", sino una política pragmática cuyo único objetivo sea avanzar en los intereses nacionales de cada país. En algunos casos, ello requerirá formar alianzas con un grupo seleccionado de países de la región; en otras requerirá trabajar con otros países emergentes, o con algunos países avanzados, como en las actuales negociaciones en la OMC sobre proteccionismo agrícola. Y, otras veces, este pragmatismo internacional requerirá actuar en forma unilateral. Solo este pragmatismo podrá llevarlos a derrotar la pobreza y, en definitiva, a lograr la prosperidad que por años buscan con tanto ahínco.



* El autor es profesor de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA) y autor de numerosos libros sobre desarrollo latinoamericano.
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