Opinión

  • | 2005/09/02 00:00

    Visiones y previsiones

    Nadie puede prever el futuro, pero creo que las acciones y omisiones económicas de los últimos años pasarán una cuenta de cobro a la Visión oficial de largo plazo.

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El Departamento Nacional de Planeación acaba de producir un trabajo monumental de diagnóstico y de consignación explícita de objetivos, metas, estrategias y acciones de política económica para los próximos 15 años: Visión Colombia II Centenario 2019. Hay cosas notables en ese trabajo y no me alcanzaría esta nota para destacar sus méritos. Pero no voy a dedicarla a ello y, por el contrario, me concentraré en los desacuerdos porque creo que ello será más útil y menos aburrido para los lectores.

En esencia, el DNP plantea que en los próximos 15 años Colombia logre lo que en la antigua terminología del desarrollo de W. W. Rostow se habría llamado un "despegue", una aceleración crítica y sostenible del crecimiento, sumada a la corrección de los desequilibrios macroeconómicos y sociales incompatibles con el desarrollo.

En términos de crecimiento económico -aunque, por supuesto, la Visión contempla muchos otros elementos requeridos para el desarrollo-, se plantea que el Producto Interno Bruto aumente de aquí a 2019 un acumulado de 116%. A muchos eso les parecerá una meta modesta, pero recordemos que en los 15 años previos el PIB apenas aumentó 46%, de manera que se propone poco menos que triplicar el crecimiento medio anual observado desde 1990.

Uno de los méritos de la Visión es que no se limita a consignar un ilusorio estado de cosas final, a presentar un "sueño", al estilo del trabajo "Destino Colombia" de hace siete u ocho años. Para cada uno de los objetivos globales que contempla, tales como consolidar el crecimiento, cerrar las brechas sociales y regionales, alcanzar un Estado eficiente, y muchos otros, el libro consigna metas intermedias y finales y discute las acciones requeridas, con un detalle que llega a resultar extenuante. Para cualquier gobierno lograr que se hiciera así fuera la mitad de lo que se plantea en ese libro sería una tarea titánica. Como para tres o cuatro administraciones de Álvaro Uribe.

Pero mi crítica a la Visión del DNP no tiene nada qué ver con las limitaciones prácticas para lograr tanto como se plantea en el libro. Estoy seguro de que las ambiciosas metas se definieron para contar con un margen de no ejecución razonable. Mi crítica de fondo es que, incluso si todas y cada una de las acciones que se contemplan en ese documento se ejecutaran al pie de la letra, dentro de pocos años estaremos viendo a Colombia en una situación económica muy diferente de la prevista o imaginada por el DNP. Y, aunque ese desfase no necesariamente invalidará las metas de largo plazo, que con un enorme esfuerzo todavía podrían recuperarse, ello requeriría un curso de política diferente al contemplado en la Visión.

Nadie conoce el futuro pero sería necio criticar un trabajo tan concienzudo como el de la Visión con la trivialidad de que surgirán imprevistos. Cuando afirmo que, en mi opinión, dentro de pocos años veremos una situación muy diferente de la prevista en ese documento para el año 2010 es porque creo que las acciones y omisiones de los últimos dos o tres años tendrán consecuencias incompatibles con el curso de suave progreso y corrección gradual de los desequilibrios que se proyecta en la Visión.

Los dos períodos más flojos de la economía colombiana en el último medio siglo fueron la "recesión a la colombiana" de 1982-84 y la caída y posterior crecimiento miserable de 1998-2001, y ambos períodos hundieron sus raíces en acciones y omisiones previas de la política económica. Concretamente, en excesos de gasto público y privado y en una grave pérdida de competitividad cambiaria. Por lo demás, tales condiciones han estado detrás de la mayoría de los "años perdidos" de los países emergentes.

Si algo echo de menos en la Visión es el reconocimiento de que las condiciones de crecimiento actual reflejan un apoyo excesivo a la demanda agregada mediante déficit fiscal y crecimiento monetario desbordado para compensar los efectos depresivos de la revaluación, y que ese apoyo no es sostenible. La Visión no contempla nada que se parezca a una recuperación pronta y significativa de la competitividad cambiaria, y estoy convencido de que, cuanto más se posponga, más drástico y perturbador será el ajuste. Este año, las sorpresas cambiarias que permitieron posponer el ajuste fueron el disparo de los precios del petróleo y la venta de Bavaria y Telecom. ¿Será que el próximo nos ganamos la lotería de grandes hallazgos petroleros y proseguimos "atrayendo inversión extranjera" con la venta de Ecopetrol?
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