Opinión

  • | 2010/05/14 12:00

    Viacrucis en lugar de tragedia

    La crisis griega pudo terminar en tragedia para Europa y la economía mundial. Lo que sigue es un largo viacrucis de ajustes fiscales, que reducirán el crecimiento en América Latina.

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Europa se salvó de una tragedia, gracias a un plan de rescate por 750.000 millones de euros, anunciado por los gobiernos de la Unión Europea el 10 de mayo, que trajo calma a los convulsionados mercados financieros internacionales. Lo que había empezado como una crisis en Grecia, que representa apenas el 2,4% de la economía europea, estaba amenazando con la sostenibilidad financiera de Portugal, Irlanda, España e, incluso, Italia. La sobrevivencia del euro estaba en entredicho y ya parecía un hecho que el Viejo Continente se hundiría en una crisis financiera más profunda que la de 2008-2009.

De inmediato, después del anuncio del plan de rescate, las bolsas en todo el mundo se recuperaron de las caídas brutales que habían sufrido la semana anterior y se revirtieron los aumentos que habían tenido los márgenes de deuda de los países emergentes en todo el mundo.

Unos días antes se había anunciado que Grecia recibiría 110.000 millones de euros, pero eso no había bastado para calmar a los mercados, debido a la convicción de que de todas formas la deuda griega será reestructurada tarde o temprano. Con una deuda pública de 115% del PIB y un déficit fiscal de 13,6%, Grecia requiere un ajuste draconiano y tiene que pasar por una recesión de varios años para estabilizar su deuda en niveles de más de 140% del PIB. Además de que es improbable que pueda lograrlo, es difícil encontrarle justificación política e incluso económica a semejante esfuerzo.

Las penurias de los demás países del sur de Europa son menos inminentes. El paquete de rescate les dará tiempo a los gobiernos para adoptar las medidas de ajuste fiscal y, especialmente en el caso de España, hacer frente a la acumulación de riesgos financieros. Eso posiblemente implicará años de bajo crecimiento en buena parte de Europa.

La recuperación de América Latina había ganado fuerza en los últimos meses. Gracias al repunte de los precios de los productos de exportación y a las favorables condiciones financieras externas, las proyecciones de crecimiento de la región para 2010 acababan de ser elevadas por el Fondo Monetario Internacional de 2,9% en octubre pasado a 4% en mayo. Debido a la situación de Europa, la próxima revisión podría ir en la dirección contraria, por tres razones.

La primera es que los mercados financieros internacionales no regresarán rápidamente a la situación de complacencia a que habían llegado antes del amago de crisis europea. Cualquier nuevo cambio en la percepción de los mercados sobre el riesgo que representan las deudas de los gobiernos del sur de Europa tendrá repercusiones en América Latina, como de hecho estaba ocurriendo desde que surgieron los temores sobre Grecia.

En segundo lugar, es difícil esperar que el euro recupere su fortaleza anterior. Desde noviembre, cuando el nuevo gobierno griego reveló la magnitud de su problema fiscal, hasta el momento en que se anunció el paquete de rescate, el euro había perdido cerca de 15% de su valor (frente al dólar). El anuncio produjo una recuperación importante, que se desvaneció rápidamente. La devaluación del euro erosiona la competitividad de los productos latinoamericanos en la Unión Europea, a donde se destinan el 14% de todas las exportaciones de la región. Argentina, Brasil, Chile y Uruguay serán los más afectados.

En tercer lugar, son remotas las posibilidades de que la zona del euro pueda recuperarse rápidamente de la recesión de los dos últimos años. Aunque las proyecciones de crecimiento para la UE publicadas por el FMI en abril eran de apenas 1% en 2010 y 1,5% en 2011, ahora lucen optimistas en vista de la urgencia que ha adquirido hacer ajustes fiscales. Alemania es el único país grande que podría -y debería- adoptar políticas fiscales expansivas, pero la cautela alemana irá en dirección contraria. Es posible que las exportaciones de la zona del euro aumenten gracias a la devaluación, pero eso difícilmente contrarrestará las tendencias recesivas en los países riesgosos, e incluso en los demás. Todo esto afectará también la demanda de materias primas y manufacturas de origen latinoamericano.

Las perspectivas de mediano plazo son mucho más inciertas. De momento logró preservarse la unidad europea, pero para que el euro sobreviva se necesitarán largos años de restricción fiscal, mecanismos de resolución de las deudas impagables, un sistema riguroso de vigilancia y coordinación fiscal supranacional, e incluso límites al endeudamiento cruzado. Adiós a la convergencia acelerada y al rápido crecimiento de países que, como España, fueron en años recientes una fuente dinámica de negocios en América Latina. Pero algo bueno debe tener la crisis europea. Con el euro por los suelos, más latinoamericanos podrán costearse un viajecito al Viejo Continente.



Nota: el autor está vinculado al BID pero se expresa a título personal.

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