Ventajas de la crisis

| 8/3/2001 12:00:00 AM

Ventajas de la crisis

Puede ser la oportunidad de descubrir otras fuentes de bienestar.

por Connie Cárdenas de Santamaría

Si nos pusieran a escoger, tal vez ninguno de nosotros buscaría una quiebra económica o la falta de empleo. Pero en muchos casos, en los diferentes estratos sociales, las situaciones personales que se dan a raíz de este tipo de problemas traen muchos beneficios de todo orden.

Una paciente mujer, ingeniero civil, me decía: "Cuando mi marido no tenía tanto éxito profesional, cuando estábamos todavía luchando por lograr un bienestar económico, éramos mucho más felices". Estaban juntos en la búsqueda, "en la alegría y en el dolor", como dice San Pablo. Hoy, él tiene que dedicarse a "defender" el patrimonio acumulado. Ya no gozan juntos con las pequeñas cosas de cada día.



Las dificultades económicas han obligado a muchas parejas y familias a recortar gastos y buscar formas nuevas de generar ingresos. Esta misma circunstancia puede despertar la creatividad o sumergir a las personas en depresión y desesperanza.



En muchos casos que he visto en terapia recientemente, las mujeres tienen empleo y los hombres se han quedado sin trabajo. Que sea el hombre el desempleado es un motivo adicional de malestar porque las expectativas culturales de su papel le asignan la responsabilidad de "traer el pan a la casa". Si bien durante los últimos 50 años el empleo femenino ha aumentado de forma vertiginosa --hoy, una alta proporción de las mujeres contribuye al ingreso familiar y, en muchos casos, sostiene el hogar--, el hombre sigue sometido a la presión social de ser el principal proveedor. Por eso, la independencia económica de la mujer lastima su ego y lo lastima aún más depender de ella. Con un agravante: la ocupación en el hogar es, para bien y para mal, cultural e históricamente, nuestro espacio como mujeres. El hombre en la casa se siente incómodo, no encuentra qué hacer, siente que no es lo suyo. El desafío que se les plantea a las parejas con estas dificultades es doble: sobrevivir a la crisis económica redireccionando su actividad y sus esfuerzos, y romper paradigmas culturales muy profundos para sacarle provecho al tiempo libre --y al tiempo juntos-- que no estaban acostumbrados a tener.



"Al comienzo --me decía en estos días un paciente que perdió su empleo hace dos meses--, me sentía muy despistado, deprimido. Dormía mucho. Empecé a tranquilizarme, a no salir tanto a la calle sin saber a qué. Pero el principal cambio ha sido en el niño: ahora que estoy en la casa, duerme mejor, está más tranquilo". Otra pareja dice que desde que la crisis acabó con una de sus actividades laborales cuentan con más tiempo para compartir, y él ha recuperado su alegría de vivir y su interés en la literatura.



Un estudio reciente hecho en España encontró que, para mantener el bienestar y la riqueza de la vida diaria de hombres y mujeres que trabajan, son fundamentales el tiempo libre y el tiempo compartido en las tareas del hogar. Pero tomarse ese tiempo por decisión personal es difícil: estamos inmersos en el culto a la ocupación externa permanente. Cuando por situaciones fuera de nuestra voluntad tenemos que "parar", descubrimos una riqueza interior que nos deja disfrutar equilibradamente de lo que tenemos en lugar de salir a buscar lo que nos falta.
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