Opinión

  • | 2004/08/06 00:00

    Uribe en el Congreso

    Lo angustiante es la falta de debates y reflexiones alrededor de modelos y proyectos globales tanto políticos como económicos y su reemplazo por el 'culto de la personalidad'.

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Nadie podrá desconocer que la presentación del doctor Uribe en el Senado fue buena. Lo malo es que las buenas presentaciones sirven para ocultar lo malo de las realidades. Ante todo, lo más significativo del discurso presidencial fue lo que omitió y no lo que dijo: ninguna referencia al proceso de Santa Fe de Ralito; ninguna mención al crecimiento del presupuesto en 20%; nada sobre la Reforma a la Justicia que se pretende presentar; no tocó la crisis fiscal ni la reforma tributaria; no mencionó en qué va el Plan Patriota después de 8 meses de iniciado; etc.

Entre lo que excluyó también es de destacar la omisión a temas estrechamente vinculados con lo que fue su discurso: en la semana anterior conoció el país un informe de la ONU sobre desarrollo humano, un informe del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) sobre la situación del eje cafetero, y un informe de la Contraloría; se referían a lo que el Primer mandatario trató, pero no hace él ninguna mención a ellos.

El informe sobre desarrollo humano de la ONU usa cifras sobre cambios entre 2001 y 2002, otras sobre períodos de 3 años, otras con las diferencias por quinquenios, algunas con la evolución hasta 2005. Es en esencia un análisis comparativo de los países que estudia, y su evolución en el tiempo; es decir, la información significativa no es tal o cual indicador sino la conclusión sobre cómo estamos en relación con ellos: en lo consolidado, Colombia ha sufrido el deterioro más grande de todos los países estudiados.

La investigación del PNUD destaca cómo han decaído las condiciones de vida en el eje cafetero, o sea, lo que era la región más estable y próspera del país. Otras zonas tendrán menor deterioro, y a otras seguramente les ha ido peor. Pero lo cierto es que la crisis que muestra es representativa de la tendencia nacional.

La Contraloría simplemente informa en cifras la situación de Colombia. En la medida en que no 'opina' sobre las causas y los responsables, el panorama desolador que aparece no acusa a nadie pero por lo mismo no puede ser rebatido sino con argumentos igual de neutrales y de contundentes. El aumento del desempleo y el subempleo (¡ya alcanzamos el 60%!!!), de la pobreza (¡también superior al 60% de la población!!!), de la desigualdad (el salto del coeficiente Gini de las diferentes concentraciones de riqueza y de ingreso por encima de 0,56) no lo contradicen los indicadores y estadísticas que ofreció el doctor Uribe.

Bienvenida sea la conversión a un nuevo modelo de atención a lo social, pero no sobre la base de negar la terrible realidad que vive el país ni de intentar mostrar pajaritos de oro donde no los hay. Quienes viven y administran la realidad directamente tienen una visión distinta de la que desde su atalaya ve el Presidente:

- Mientras él habla de aumento de 750.000 cupos escolares, las autoridades de Bucaramanga lamentan la deserción de 160.000 niños que por razones económicas tuvieron que abandonar la escuela (el equivalente para el país sería más de 3.000.000 de abandonos). Menciona que pasó de 1.100.000 a 2.200.000 el número de jóvenes capacitados por el SENA, pero como había señalado la representante María Isabel Urrutia, a su Comisión en la Cámara le tocó aprobar la correspondiente reforma, y no se entiende cómo con reducción de presupuesto y despidos de personal se pueda producir ese milagro (la explicación es que el curso que era de un año se convirtió en tres cursos de un trimestre). En salud, el mismo Presidente denunció que las ARS se volvieron recaudadoras de fondos para los grupos armados y propone su desaparición; los hospitales públicos más importantes se encuentran en proceso de cierre (Bucaramanga, Caldas, Bogotá, Cartagena, etc.) y la Asociación de Hospitales y Clínicas informa que 60 están a punto de cerrar por falta de pago de los servicios prestados a cargo del Estado (¡debe $2,6 billones!); a pesar de ello y de que en efecto la afiliación ha aumentado, tanto usuarios como profesionales de la salud confirman un tremendo deterioro en el servicio (¡la consulta promedio -incluyendo el informe de datos personales- dura 7 minutos!). Con el desempleo y el subempleo creciendo, ¿dónde pueden estar los supuestos 1.200.000 empleos creados? (se habría reducido más de una tercera parte del desempleo -que ronda los 3.000.000- y habríamos generado más trabajo que Estados Unidos que con una población de 300 millones de personas reivindica como la mayor recuperación laboral de su historia la creación de un millón de empleos en el último año). La situación de la caficultura y de esa región del país está descrita en detalle en términos diferentes de como la ve el Mandatario en el informe arriba mencionado. La descripción de cómo deberían ser los servicios públicos lleva implícito cómo no son actualmente; infortunadamente omite reconocer las quejas de los usuarios y de las mismas empresas que señalan un caos y un fracaso en lo que hoy existe. En cuanto a la vivienda de interés social, no adelantó nada sobre su propuesta del día siguiente de liberar los intereses para que deje de ser interés social y sea interés de los intermediarios financieros, ni que la capacidad de adquisición de aquellos disminuyó al punto de que, de un promedio hace un año de 3.000 solicitudes, actualmente escasamente llegamos a 500.

- Sorprende también el montaje del espectáculo tan burdamente populista como es la explotación de la condición de víctimas de quienes sufren las diferentes problemáticas del país o la repetición más de 15 veces del llamado a pensar en la Patria. Tal vez estas eran, como la culebra, necesarias para vender el ungüento mágico que presentó.



Es verdad que es mejor algo que nada; pero no cuando el asistencialismo se usa para disimular la falta de verdaderos programas de soluciones sociales: $36.000 como 'subsidio' al desempleado, $46.000 de ayuda al anciano indigente, un huevo y un plato de arroz para un niño, etc., son magníficos complementos cuando hay políticas de inclusión, de reducción de la brecha social, de desarrollo económico acompañado de desarrollo social; pero no son en sí un programa para aliviar la crisis social que vivimos, y lo peor que puede pasar es que se usen para sustituir aquellos.

Pero lo que produce más reservas no es tal o cual programa y, mucho menos, la persona que los presenta. Lo angustiante es la falta de debates y reflexiones alrededor de modelos y proyectos globales, tanto políticos como económicos y su reemplazo por el 'culto de la personalidad'. La avalancha de datos del Presidente es en el fondo una forma de manejo mediático para desviar la atención de la evaluación que se debe hacer a la política tanto legislativa como presupuestal del gobierno por la llamada 'seguridad democrática' -o sea, la solución militar de los conflictos sociales colombianos- desatendiendo en forma total los problemas críticos de las comunidades desfavorecidas por el orden existente.

Infortunadamente, su conclusión declarando "Yo me atrevería a afirmar que lo primero que necesita Colombia, antes que soluciones a los problemas concretos, es el más alto y sostenido nivel de credibilidad en sus instituciones", ha sido acompañada por una actuación en la que ninguna de las dos se ha buscado.
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