Opinión

  • | 1998/02/11 00:00

    Universidad sin subsidios

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Una de las mayores fuentes de frustración entre los jóvenes adolescentes de los barrios populares de las grandes ciudades del país es no tener la posibilidad de una educación después de terminar la secundaria. El desafío de nuestra sociedad es encontrar salidas para que estos jóvenes puedan capacitarse. Sin embargo, la solución no puede consistir en aumentar los cupos y los subsidios en las universidades públicas.



El país necesita técnicos y profesionales, pero tiene que solucionar primero los problemas de cobertura y calidad de la educación básica y secundaria antes de incrementar el gasto público en educación superior. Solamente se justificaría incrementar el gasto público en educación superior cuando se haya llegado a una cobertura del 100% en estos dos niveles y los niños colombianos obtengan por lo menos resultados iguales o mejores que el promedio mundial en las pruebas de lenguaje y matemáticas. Y aún en ese caso habría que pensarlo, porque la educación superior es autofinanciable en su mayor parte.



La oferta de educación superior es restringida y ello les crea rentas apreciables a quienes tienen acceso a ella. Esta inequidad aumentaría desproporcionadamente, si el universitario no paga el costo de su educación superior y mucho más si recibe subsidios indiscriminados.



Pero la existencia de rentas de la educación también ofrece una solución para el problema. Como el profesional recibe una renta por su educación, entonces, si tiene acceso a crédito educativo de largo plazo, puede pagar los costos y una sobretasa adicional para un fondo que financiaría a las personas con capacidad intelectual y muy bajos ingresos que no tendrían posibilidad de acudir al sistema financiero para obtener préstamos. De esta manera, se reduciría la renta de la educación superior, en primer lugar porque aumentaría la oferta y en segundo lugar porque aumentaría el costo inicial.



La clave es la disponibilidad de recursos de crédito para financiar a largo plazo los costos de la educación superior, de tal forma que el estudiante los pague en un período de quince años con posterioridad a la fecha de grado. Lo justo, lo progresista y lo "social" no es ofrecer educación superior barata, sino que las universidades públicas y privadas cobren matrículas por encima del costo de producción del servicio, que apliquen los excedentes a la provisión de becas y otras formas de asistencia para los alumnos de niveles muy bajos de ingreso familiar, y que el sistema financiero ofrezca recursos para financiar la educación de todos los estudiantes que puedan ofrecer adecuada seguridad de repago. Los demás estudiantes recibirían asistencia o garantías de un fondo cofinanciado por el Estado y las universidades.



La responsabilidad de financiar la educación superior no debe ser solamente de los usuarios y del Estado. El sector privado es el beneficiario principal de la educación superior y no paga los costos de este beneficio. Le correspondería entonces un papel dinámico en la financiación de la inversión en laboratorios y equipo, de cátedras e investigación en áreas de interés de las empresas y de la asistencia financiera a los estudiantes más pobres. Existen ventajas tributarias muy generosas que le permitirían al sector privado desempeñar a muy bajo costo este papel de fomento de la educación. Lamentablemente, los empresarios colombianos carecen, en su gran mayoría, de la visión estratégica de largo plazo que se requiere. Habrá que llevarlos a México para que vean los beneficios en productividad y armonía social de esta intervención del sector privado.



Por otra parte, si los estudiantes van a pagar el costo de la educación más una cesión de su renta futura, tienen derecho de exigir que la educación sea de la mejor calidad posible, al costo exigido, o de convenir con las instituciones un nivel de calidad aceptable y exigir que se provea al mínimo costo. Ello trae consigo la necesidad de crear sistemas universales de evaluación de las instituciones y de adoptar formas de producción del servicio educativo innovadoras y mucho más eficientes que las que se utilizan en la actualidad. Se debe adoptar un sistema nacional de pruebas que permita comparar a los egresados de las universidades y cuantificar la calidad de cada institución.



En cuanto a formas de producción, es indispensable ofrecer la educación post-secundaria en módulos cortos autocontenidos que permitan suspender la educación al final de cada módulo o realizarla en períodos cortos o largos, dependiendo de las posibilidades de cada individuo. Por otra parte, hay que tener en cuenta que el gran defecto de la educación superior en Colombia es desperdiciar el insumo más importante, que es el estudiante. Si se le pasa una mayor carga de responsabilidad al alumno y se le enseña desde muy temprano a resolver problemas, él puede educarse prácticamente solo, a mucho menor costo, si cuenta con los manuales y la dirección adecuada y si tiene acceso a las mejores fuentes de información.



Cambiar el sistema educativo para que el peso recaiga sobre el estudiante es el mayor desafío que tiene la universidad colombiana que es muy adversa al cambio y curiosamente reaccionaria. También tiene un costo de inversión, porque exige grandes gastos en materiales y entrenamiento de tutores (que se verán posteriormente compensados con costos variables muy inferiores). El cambio de metodología permite además eliminar la principal restricción que existe para mejorar la calidad de la universidad colombiana, que es la baja disponibilidad de profesores bien entrenados y actualizados en un ambiente competitivo.
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