Universidad e innovación

| 2/25/2000 12:00:00 AM

Universidad e innovación

La creación de nuevas empresas tiene que empezar desde la universidad.

por Sergio Fajardo

Hace pocos días se conoció el informe del Foro Económico Mundial en el cual figura la clasificación de un grupo de 59 países, de acuerdo con su capacidad competitiva. Los resultados para Colombia son poco halagadores. Estamos clasificados en el puesto 54, y una mirada a los países más cercanos en la tabla, nos haría sonrojar. El único vecino latinoamericano a nuestras espaldas es Bolivia. Chile, que en tantas oportunidades aparece como ejemplo, ocupa el puesto 21. ¿Por qué estamos así? Las respuestas son múltiples, pero desde cualquier perspectiva que se aborde el interrogante, hay una razón indiscutible: la distancia, divorcio dicen unos, entre universidad y empresa. Preguntémonos si el estudiante está preparado para innovar. La capacidad para innovar no es una simple cualidad innata de un individuo, depende directamente de la formación que recibe el estudiante, y se fundamenta en tres condiciones básicas: aprender a aprender, crear y trabajar en grupo. Las dos primeras, traducidas al ambiente académico, significan que es necesario dotar al estudiante de una capacidad mínima de investigar. Este punto se consigue con un equipo de profesores bien preparado, que en la etapa de formación básica sean capaces de iniciar a los estudiantes en el proceso de formulación de preguntas (curiosidad), recolección de información y dominio de herramientas técnicas (aprender), y la disposición a explorar soluciones a nuevos interrogantes (crear). El trabajo en grupo se ha restringido a personas de la misma disciplina que trabajan juntas.



Los estudiantes de administración juegan a ser gerentes y pretenden manejar empresas, pero nunca en la vida han hablado con un ingeniero. Los ingenieros nunca han trabajado con un economista, ellos a su vez no saben lo que hace un estudiante de ciencias, quienes no hablan con abogados, que a su vez nunca han visto un diseñador gráfico y desconocen a los psicólogos. Estas personas después se encuentran en las empresas del mundo real y, por supuesto, en ese momento son un conjunto de extraños. Integrar desde la universidad equipos de personas con esta variedad es la noción adecuada de trabajo en grupo que es descrito con una palabra que se utiliza por todos lados en el mundo académico pero pocas veces se ve: interdisciplinario. ¿Cómo? En primer lugar, hay que conformar algunos equipos de profesores que representen el tipo de grupo con las condiciones anteriores. No es nada fácil. De hecho, la gran mayoría de profesores no están preparados para trabajar con otros, y esta es la principal razón por la cual no existe verdadero trabajo para la innovación en nuestras universidades. Las prácticas empresariales entonces se pueden hacer de forma distinta, superando el desgastado sistema tradicional. Ahora irían equipos interdisciplinarios de innovación. En forma simultánea, se pueden incorporar a la actividad universitaria dos ingredientes adicionales, del mundo empresarial actual: el capital de riesgo y las incubadoras de empresas. Es hora de crear fondos de riesgo semilla para promover la capacidad de innovación. La creación de nuevas empresas tiene que empezar desde la universidad. Las oportunidades de las nuevas tecnologías de la información son inmensas y la universidad es el terreno privilegiado para explotar sus posibilidades.
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