Una tarea bien hecha

| 9/1/2001 12:00:00 AM

Una tarea bien hecha

La gran reducción del costo de la deuda pública es una buena razón para el optimismo fiscal, y un frente donde el gobierno merece amplio reconocimiento.

por Javier Fernández Riva

Después de semejante encabezamiento me apresuro a aclarar que no creo que el manejo económico de los últimos años haya sido una maravilla. Cuando, sin que medie una crisis mundial --solo la lastimosa similitud de resultados de los países que manejaron en forma parecida su política coyuntural-- el ingreso per cápita retrocede siete años y el desempleo excede 18%, no es posible aplaudir el manejo económico. Pero eso no impide reconocer que en algunos frentes se han logrado avances importantes.



Uno de ellos es el del costo de la deuda pública. Lo de la deuda externa merecería un comentario detallado porque no es pequeño logro que los bonos de Colombia se coticen mejor que los de casi todos los países de América Latina. Pero el espacio me obliga a limitar mi nota a la reducción del costo de la deuda pública interna. La baja ha sido fenomenal. Y no voy a comparar con 1998, cuando se colocaron TES al 37% anual. Remontándonos solo dos años encontramos que a mediados de 1999, cuando la inflación no era muy distinta de la actual, se colocaron TES a tres años de plazo al 23%, los mismos que en la subasta del pasado 22 de agosto se colocaron a 13,82%.



La reducción en el costo de los TES se sentirá con plena fuerza en el futuro, cuando vayan venciendo los títulos viejos. Sobre una deuda interna de $30 billones 8 puntos, la reducción media de la tasa real en los últimos 30 meses, representan $2,4 billones por año. Ese ahorro excede en 20% los recaudos anuales por aduanas, y en 50% los del 3 x 1.000. También equivale al 45% de los gastos anuales de personal del gobierno y al 75% de la inversión de la Nación.



Causa gracia que muchos aseguraran hasta hace poco que era imposible que las tasas de interés cayeran mientras el déficit fiscal fuera como el actual. La experiencia ha mostrado que lo crucial no es el tamaño del déficit sino cuánto de él corresponde a pagos distintos de intereses. Ello es así porque, quienes reciben pagos de intereses, son inversionistas institucionales que no se lo van a gastar en papas fritas sino que deben reinvertir los fondos, y no tienen mejores alternativas que los TES. Si la Nación colocara deuda neta por una suma muy inferior a los $4,5 billones que pagará en intereses internos, las tasas de interés se desplomarían a niveles francamente perjudiciales desde el punto de vista del rendimiento del ahorro pensional.



Sin embargo, el abaratamiento de los TES no fue resultado exclusivo del ajuste fiscal. Todavía a mediados del año pasado, con casi el mismo déficit fiscal que hoy, los inversionistas se mostraban reacios a comprarle a la Nación sus bonos, para presionarla a pagar tasas elevadas. Por fortuna la combinación de una nueva política monetaria, que curó la epilepsia de las tasas de interés, la participación del Banco de la República como comprador de TES --así sea en montos modestos-- la identificación de alternativas externas por parte del Ministerio de Hacienda y el exitoso canje de deuda interna efectuado en junio pasado, para descongestionar los vencimientos del 2001 y el 2002, cambiaron el balance de las fuerzas del mercado en favor de la Nación, y permitieron el desplome de las tasas de la deuda pública interna que hoy podemos festejar los contribuyentes.
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