Opinión

  • | 2008/08/01 00:00

    ¿Una operación de guerra o una operacion humanitaria?

    La operación jaque fue un éxito porque le dio un golpe contundente a la guerrilla, pero también a quienes creemos en el DIH.

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Colombia es pasión. El eslogan refleja una realidad colombiana. Esa realidad puede tener aspectos buenos y aspectos menos buenos. Lo segundo, cuando esa pasión no está acompañada de la razón y se puede convertir en impulso descontrolado -por ejemplo agresividad-, o cuando induce a evitar tomar decisiones razonadas y razonables porque las sustituye.

Con este escrito no se pretende convencer al lector, sino mostrar que un análisis bajo la perspectiva de la emoción o de la pasión es diferente de uno bajo el rigor de la razón (aun cuando este puede ser errado), y que en todo caso siempre existen puntos de vista diversos que pueden ser acertados desde su propia percepción.

La operación jaque fue un éxito porque le dio un golpe contundente a la guerrilla. Pero le dio también un gran golpe a quienes creemos en que el Derecho Internacional Humanitario es un avance de la civilización que se debe respetar; que el diálogo es mejor camino que la victoria militar como medio de resolución; que los acuerdos humanitarios como parte del DIH y como 'humanización' de las confrontaciones son imperativos mientras dura la guerra.

No contradice esto que en cuanto a los liberados todos lo recibamos como una bendición y que, como muestra del progreso y de las capacidades de nuestra inteligencia militar, sea un 'caso único en la historia'.

Pero a pesar de que el Gobierno afirma que ese rescate fue una operación humanitaria también puede ser entendido -y probablemente más correctamente- como una operación de guerra. Así lo ha mostrado el Gobierno al destacar que con esto la situación de la guerrilla cambió radicalmente, y al afirmar que ante esto solo les queda la opción de renunciar a su accionar.

Si no hay conflicto armado sino solo actos delincuenciales; si los guerrilleros no son insurgentes sino meros terroristas y secuestradores; si su causa no tiene nada que ver con la situación social del país sino que por su naturaleza nacieron de 'enemigos de la patria'; si ella no ve a quienes retiene como cautivos dentro de una visión de confrontación sino como un medio para satisfacer su ambición de enriquecerse; si esas condiciones son ciertas, no hay duda que el principal motivo y la válida justificación es que fue una operación humanitaria.

Mucho se ha discutido respecto al uso de los emblemas de la Cruz Roja. Para quienes minimizan este hecho no habría violación porque el propósito no era matar guerrilleros y que por eso no les dispararon. Esto presenta varias contradicciones: una, la de la presentación inicial fue que no lo quisieron hacer para que los guerrilleros entendieran que se les abría la puerta para el diálogo; otra, la de que no llevaban armas; y por último que si las llevaban habrían mentido respecto a los dos anteriores.

Se pretende que no hay violación porque la Cruz Roja no instauró demandas. Ella nunca lo hace: su esencia es la neutralidad y la aceptación y no confrontación con las partes. Pero 'toma nota' y recuerda que se ha violado el DIH (es más, ni siquiera denuncia la mentira inicial y el énfasis en tratar de que se impusiera, mediante declaraciones, interrogatorios y juramentos en el consejo televisivo del Presidente). Difícil una constancia mayor que la dada en este caso.

En esta discusión no se ha destacado que el usurpar la imagen de la Cruz Roja es una violación en sí, diferente de la 'perfidia', que consiste en simular por cualquier medio una acción neutral o humanitaria para engañar al adversario. Y su sentido es claro, pues es permitir que haya credibilidad en acciones humanitarias; por eso las mismas normas contemplan el engaño como regla de la guerra, pero excluyen el que se haga alrededor de simular actos que significarían alivio para las víctimas.

Otra desviación ha sido el mencionar el texto del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional sin diferenciarlo del artículo del DIH del Protocolo I Adicional. El del Estatuto menciona: "vii) Utilizar de modo indebido la bandera blanca, la bandera nacional o las insignias militares o el uniforme del enemigo o de las Naciones Unidas, así como los emblemas distintivos de los Convenios de Ginebra, y causar así la muerte o lesiones graves" y así reivindican que no hubo ni lo uno ni lo otro. Pero en el Protocolo se menciona también la captura.

Artículo 37: Prohibición de la perfidia

1. Queda prohibido matar, herir o capturar a un adversario valiéndose de medios pérfidos. Constituirán perfidia los actos que, apelando a la buena fe de un adversario con intención de traicionarla, den a entender a este que tiene derecho a protección, o que está obligado a concederla, de conformidad con las normas de derecho internacional aplicables en los conflictos armados. Son ejemplos de perfidia los actos siguientes: (...)

c) simular el estatuto de personal civil, no combatiente; y

d) simular que se posee un estatuto de protección, mediante el uso de signos, emblemas o uniformes de las Naciones Unidas o de Estados neutrales o de otros Estados que no sean Partes en el conflicto.

La razón de la diferencia es que el énfasis de la Corte es el de sancionar delitos -por eso es penal- mientras que el DIH busca evitar que se afecte la posibilidad de acciones humanitarias por la pérdida de credibilidad en ellas. El usar indebidamente la apariencia de una operación humanitaria pone en entredicho todas las que bajo esa forma se puedan desarrollar a futuro. Por eso ni el resultado (sin muertos), ni la precisión respecto a cuál signo se usó o quién lo hizo, (si fue el de la Cruz Roja o los mismos que se usaron en la liberación de los rehenes cuando la intervención de los helicópteros venezolanos y las cámaras de Telesur) cambian la razón, por lo cual es contrario al DIH.

Sus costos pueden ser grandes a largo plazo. Como lo son a corto plazo: se volvió remota la eventualidad de un acuerdo humanitario; de parte de la guerrilla, porque además del ánimo que debe dificultar cualquier aproximación a él, cualquier propuesta quedará sujeta a la duda; y de parte del Gobierno porque la operación fue hecha justamente para mostrar que no eran necesarios esos acuerdos para la liberación -o para salir de la presión que se hacía porque se llegara a ellos-.

La perspectiva de que esta fue una operación de guerra, dirigida justamente a una victoria estratégica y a probar que no es necesario aplicar el DIH para liberar a los cautivos, lleva a terribles conclusiones: por un lado, al costo señalado anteriormente; por otro, a distanciarnos del mundo civilizado que no acepta que 'el fin justifica los medios' y el 'todo se vale', y ve en el DIH un progreso de la humanidad; y por otro, que al igual que la guerrilla, nosotros somos en algo engañados porque se nos pretende vender que esa operación fue humanitaria y no parte de la guerra.

Por eso puede ser grave que la operación se complete con que la movilización del 20 de Julio no sea un clamor por la libertad sino un apoyo al régimen. Vale aquí recordar la frase de Alberto Lleras: "un país mal informado no tiene opinión sino pasiones".
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