Opinión

  • | 2006/06/08 00:00

    Una gran experiencia en Estados Unidos

    Si algo debe reconocerse como admirable en Estados Unidos es su capacidad de autocrítica y de generar internamente alternativas, cuestionamientos y debates a las corrientes mayoritarias.

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Al igual que hay una Universidad de Harvard o de Columbia que son las más cotizadas como cumbre de la educación capitalista —en cuanto están orientadas a capacitar a los individuos para buscar el éxito en un mundo que se rige por el principio de la competencia entre todos los seres humanos—, existen otras universidades donde el objetivo es el mejoramiento de la sociedad como conjunto, partiendo de la premisa de que no es tan cierto que el egoísmo individual produce los mejores resultados colectivos.

Asistí al grado de mi hija en el New School for Social Research y además de la emoción de padre que me produjo, debo agradecerle el haberme hecho conocer mejor esa faceta de la mentalidad estadounidense con las presentaciones que se hicieron durante la ceremonia.

De hecho, esa universidad nació como una disidencia de Columbia (la Ivy League de Nueva York) formada por los profesores que después de la Primera Guerra Mundial consideraron que era un error el enfoque de la educación que no se preocupaba por entender y mejorar la sociedad como un todo, sino de preparar a los jóvenes para enfrentarse los unos a los otros.

Durante los 40 y los 50, los intelectuales de izquierda perseguidos por el antisemitismo o el macartismo reforzaron tanto la calidad como la orientación de esa entidad, la que probablemente es hoy considerada como la más de avanzada o más contestataria, según se quiera calificar.

Siendo su objetivo la investigación y estudio de los temas sociales fue durante todo ese tiempo una escuela únicamente de posgrado para hacer maestrías y especializaciones que contribuyeran a ese propósito.

Desde 1985, gracias a la donación de un filántropo envidiable (más por su visión del mundo que por su riqueza), se creó la facultad o College de Estudios Sociales donde la carrera misma —y en consecuencia no solo los conocimientos sino la formación que se ofrece— tiene esa orientación.

Comparto con mis lectores lo que oí

El primer orador fue el Decano del College o Facultad de Ciencias Sociales. Dadas las características de la Universidad y su interés en no ser catecúmena ni confesional alrededor de ningún pensamiento, una de sus particularidades es que sus cabezas —tanto el decano de la Universidad como el del College— son lo que llamaríamos de derecha. Su discurso planteó como consejo a los graduandos que, a pesar de haberse formado en una escuela donde los propósitos son idealistas y altruistas, nunca fueran a perderse en el fundamentalismo. Que tuvieran presente que el progreso de la humanidad y de las sociedades se da por acumulación de pequeños pasos y pequeñas contribuciones que en cierto momento consolidan grandes avances, pero que no existe la 'gran reforma' producida por un gran reformador, ni la 'gran solución' que nace de una gran propuesta. Que la capacidad de transigir y de conciliar sobre la base de que todo contradictor tiene algo de razón —aunque no sea sino su convicción de que así es— es lo que permite progresar, y que los conciliadores son quienes logran ese resultado, mientras que los 'puros' e 'intransigentes', aunque sí son los que marcan la dirección o las metas, la historia muestra que o reciben la calificación de héroes porque no logran su objetivo, o, si llegan al poder, sus extremismos producen malos resultados generalmente porque sus propuestas en sí mismas lo son, o porque son impuestas y efímeras en la medida en que dependen de la existencia de una persona.

El siguiente orador fue la persona que donó el College, el señor Eugene Lang, un estadounidense, multimillonario, claro, pero que no alcanza a clasificar en las listas de Forbes al lado de los nuestros. Introdujo con una frase de D.H. Wells que le abrió los ojos y se convirtió en un leitmotiv de su vida: "en el futuro, la humanidad no tiene sino dos opciones: educación o catástrofe". Entendió que esto era cierto desde varios puntos de vista. El más elemental, en cuanto a que la vida en comunidad, la vida 'civilizada', requiere que los ciudadanos acepten unas reglas de comportamiento que les permitan convivir sin estar en permanente conflicto unos con otros; es lo que Mockus aquí promueve con el nombre de cultura ciudadana. Otro, el más importante, es que el mayor factor de igualdad y de movilidad lo constituye el nivel educativo (la parte académica), ya que permite nivelar o compensar diferencias que se producen en lo que respecta a clases sociales o económicas, e impide que el orden natural lleve a posiciones tan distantes o antagónicas que vuelvan inviable la convivencia entre ellas; es el aspecto instrumento para acabar la injusticia social que ve Serpa. Y un tercer aspecto es el de la importancia como instrumento político para desarrollar el modelo que hoy defendemos: más que la distribución directa de la riqueza o del ingreso, lo más democrático es la forma en que la educación brinda la igualdad de oportunidades para competir por ellos; es por eso que Carlos Gaviria la considera el camino fundamental para construir democracia. La verdad es que impresiona lo consistente de su discurso con su posición en la vida (es decir, la donación, su participación solo como un miembro más en la fundación que él creó, y la orientación que naturalmente con su colaboración esta ha mantenido…): un gran ejemplo de un buen uso de una gran fortuna.

El tercer discurso lo pronunció quien fuera escogido como el mejor profesor por los estudiantes. Era al mismo tiempo una despedida porque se iba a la Universidad de Melbourne donde consideraba interesante divulgar su forma de pensar. Era profesor de religiones y filosofía, y ya había recibido casi recién ingresado la distinción de mejor miembro del profesorado. Su discurso en la ceremonia y aparentemente en la vida consiste en hacer caer en cuenta lo enriquecedores que son el debate y el diálogo; propone la tolerancia como algo más que el respeto por las otras personas y con las otras ideas, y la ve como el punto de partida para adquirir mayores conocimientos —o en realidad, para ser más preciso, lo dice por la contraria, señalando que la intolerancia es el obstáculo para ello—. Destacó el sistema de enseñanza que allí se imparte bajo la forma casi exclusiva de seminarios y solo excepcionalmente de cátedras magistrales, haciendo énfasis en dos puntos: uno, que es una forma de entender y vivir la democracia, donde la opinión de cada participante vale igual que la de otro y necesariamente se entiende que diferentes razones llevan a diferentes puntos de vista y que no existe quien tenga la razón absoluta, ni en consecuencia quien deba tener un control absoluto sobre los demás; y el otro, que casi siempre se enriquece el conocimiento de cada uno con los aportes y los enfoques que los otros dan, es decir, que debatir no es una forma de enfrentamiento sino de enriquecimiento tanto del temperamento como del conocimiento de los estudiantes.

Para contextualizar entre nosotros, los discursos coinciden con la posición de la oposición aquí porque allá están bajo Bush.
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