Opinión

  • | 2006/10/13 00:00

    Una conversación con Paul Saffo

    Poder predecir el futuro ha sido una de las principales inquietudes del hombre a lo largo de su historia.

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Ya en la antigüedad los griegos consultaban el oráculo de Delfos, ubicado en el sitio donde se cruzaron las dos águilas que Zeus había soltado desde los extremos del mundo, al pie del monte Parnaso, lugar donde estaba construido el gran templo de Apolo y se reunían las diosas menores del canto y la poesía. El oráculo era frecuentado por reyes y ciudadanos del común para consultar, por intermedio de una pitonisa, la conveniencia de ir a la guerra, el desenlace de un matrimonio o cualquier otra empresa. La pitonisa, masticando hojas de laurel, consultaba con los dioses y predecía el futuro.

Hoy, miles de años después, la situación no ha cambiado y así, políticos, economistas, fiscales, empresarios y hasta el más humilde de los ciudadanos querrían adelantarse en el tiempo para poder predecir el futuro y tomar decisiones.

Con motivo de la visita al país de Paul Saffo, director del Instituto para el Futuro, que en los años 90 fue nombrado por el Foro Económico Mundial como uno de los 100 líderes globales del mañana, más de 1.200 ejecutivos que participaron en el Gran Foro de Competitividad tuvieron la oportunidad de oírlo hablar sobre los impactos que han tenido los desarrollos tecnológicos en los negocios y en la transformación social. Para él, la clave del éxito de muchos de los grandes empresarios como Bill Gates ha dependido de su habilidad para pronosticar los cambios en medio de la incertidumbre que rige en la actualidad al mundo y hacer las previsiones necesarias para manejarlas y no, como muchos creen, en apostarle a un futuro deseado. En otras palabras, no se trata de guiarse por los deseos sino interpretar la incertidumbre y manejarla.

Llamó enormemente la atención de Saffo la reunión que sostuvo con un grupo de indígenas de la Sierra Nevada que se encontraban también de paso por Bogotá. Como era lógico, su primera pregunta fue: ¿qué es para ustedes el futuro? La respuesta no se hizo esperar y sin mucho pensarlo dijeron: "para nosotros, el futuro es el pasado".

Un poco desconcertado el profesor pidió que por favor le explicaran qué querían decir. Con gran solemnidad le dijeron que el mundo y el universo indígena están regidos por la Ley de Origen, una ley que desde el principio de los tiempos les fue entregada por la Madre y cuya finalidad es mantener el equilibrio del mundo y la armonía entre los hombres y la naturaleza. A su vez, la misión que les fue encomendada como "hermanos mayores" es mantener ese orden, velar por la protección del Corazón del Mundo —la Sierra Nevada— y así garantizar el equilibrio del planeta. Por eso, para los indígenas, el futuro no es otra cosa que honrar su pasado. Saffo prestó gran atención y tomó cuidadosa nota de todo lo que decían y al final de un buen café orgánico en la tienda Juan Valdez, dijo: "lo que ustedes me han contado ha pagado éste, mi primer viaje a Colombia".

A propósito de la protección del Corazón del Mundo, en mi columna pasada hice referencia a cómo, sin haber cumplido la totalidad de los requisitos, el Ministerio del Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de forma irregular expidió la licencia ambiental a la empresa Brisa S.A. para la construcción de un puerto —aclaro, no carbonero sino multipropósito— en las extraordinarias costas de Dibulla, frente a la Sierra Nevada de Santa Marta. En este caso, que afecta el territorio ancestral indígena y sus sitios sagrados, se omitió la realización de una consulta previa con esas comunidades. Un asesor de esa empresa me hizo llegar una serie de reparos desestimando las apreciaciones que hice y justificando las irregularidades presentadas.

Pues bien, el Ministerio del Ambiente acaba de solicitar la suspensión inmediata de todas las obras que ha iniciado Brisa sin el cumplimiento de los requisitos exigidos; y le ha ordenado restituir el daño causado a dos humedales de alta importancia ecológica y hacer la concertación con las comunidades indígenas, tal como había establecido la licencia ambiental. Sobran las palabras.
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