¿Un viraje saludable en la política fiscal?

| 9/28/2001 12:00:00 AM

¿Un viraje saludable en la política fiscal?

La política fiscal debe estar al servicio de las necesidades de la economía, y no al revés.

por Horacio Serpa

Se anuncia que el gobierno nacional y el FMI acordaron nuevas metas, más altas, de déficit fiscal para este y los próximos años. Si ello es cierto, significaría un viraje en la orientación de la política fiscal colombiana. Por largo tiempo, el diagnóstico oficial se redujo al lema: "El déficit fiscal es la causa de la recesión, así que la eliminación de la causa hace desaparecer el efecto". Por eso, el gobierno se dedicó a conseguir el llamado ajuste fiscal, con resultados totalmente nocivos para el empleo y los ingresos.



Lo importante era alcanzar la meta de déficit, al margen de lo que sucediera con la economía. El medio se convirtió en el fin.



Mi propósito es darle un claro contenido social a la política económica. Ello no significa desconocer las leyes económicas y la dura realidad de las restricciones presupuestales. El cuantioso déficit del gobierno nacional ha puesto a la economía colombiana en una situación muy vulnerable. Los faltantes se financian con deuda, y cuanto mayores sean los desequilibrios, más dependemos de los prestamistas y de la confianza que tengan en nuestra capacidad de pago futura.



Las tasas de interés se ven presionadas al alza por las crecientes demandas de recursos financieros por parte del Estado, lo cual afecta los planes de inversión privada. El pago de intereses de la deuda pública se convierte en una pesada carga para el presupuesto nacional. Claro que es mejor tener responsabilidad fiscal que no tenerla. Pero ser responsable no equivale a ser ingenuo.



La falla del gobierno en los últimos años consistió en que solo tuvo en cuenta los efectos del déficit fiscal sobre el comportamiento de la actividad económica, ignorando sus efectos en la dirección opuesta. Una recesión como la vivida en Colombia a finales del siglo XX, de la que no nos hemos recuperado, golpea los bolsillos de los contribuyentes y reduce los ingresos del fisco. El déficit fiscal termina creciendo. Aumentar la carga tributaria y recortar el gasto público, especialmente si se hace de manera abrupta, como se intentó hacer a comienzos de la administración Pastrana, es, en condiciones de recesión, nadar contra la corriente.



La meta de crecimiento económico para 2001 era inicialmente de 4%, en tanto que la meta del déficit del sector público no financiero era (y todavía es) de 2,5% del PIB (4,2% del PIB en el caso del gobierno nacional). Por desgracia, la economía se expandirá a un ritmo inferior al esperado. La nueva meta de crecimiento del PIB fijada por el gobierno es de 2,4%. La tentación hubiera sido mantener inalterada la meta de déficit fiscal, como si nada hubiera pasado con la actividad económica, repitiendo la experiencia de 1999. Esta vez al parecer se va a resistir la ingenua tentación. El FMI ha aceptado que un menor crecimiento de la economía requiere un déficit fiscal mayor que el inicialmente programado.



Recojo dos lecciones:



1. La política fiscal debe estar al servicio de las necesidades de la economía, y no al revés. La disciplina fiscal no significa trazar metas imposibles.



2. La suscripción de acuerdos con organismos internacionales no supone, inevitablemente, renunciar a la defensa de los intereses económicos nacionales.
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