Opinión

  • | 2003/09/19 00:00

    Un sueño de calidad y cobertura

    Solo una educación superior de óptima calidad y adecuado cubrimiento podrá disminuir la brecha, cada vez mayor, con los países desarrollados.

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En el libro Universities in the Marketplace, Derek Bok, ex presidente de la Universidad de Harvard, describió unos sueños que había tenido; por medio de ellos, mostró algunos aspectos del futuro de esa institución. Seguiré su ejemplo y trataré de soñar acerca de la educación superior en Colombia en 2013.

Antes de soñar conviene hacer algunas consideraciones. En estas líneas, cubriré solamente algunos aspectos de la educación superior en Colombia. Algunas cifras útiles para resumir su estado actual: 400 instituciones cubren el 17% de la población potencial; la educación técnica y tecnológica, esencial para todos los países, presenta muy pocos atractivos para los jóvenes, quienes terminan optando por una formación universitaria, aunque sea deficiente; el proceso de acreditación voluntaria y los exámenes de Estado tienen aún un cubrimiento muy limitado (menor del 10%); la duración de los programas de pregrado es demasiado larga (5 o más años); las instituciones se apoyan principalmente en profesores de cátedra; solo el 2% de profesores tiene formación doctoral; y el apoyo financiero a estudiantes es insuficiente. Finalmente, se deben destacar los esfuerzos del Ministerio de Educación Nacional por impulsar y fortalecer la educación, aumentando el cubrimiento y mejorando su calidad.

Volviendo al sueño, veo una educación superior que haya adoptado el modelo probado de países desarrollados, con instituciones de definida vocación y dedicación, así:

1. Universidades con programas de maestría y doctorado y una importante actividad de investigación.

2. Universidades con programas de maestría y actividad de investigación.

3. Universidades con programas de pregrado.

4. Universidades con programas de 2 años que preparen a sus estudiantes para transferencia a otras universidades.

5. Institutos tecnológicos y técnicos sólidos, apoyados por las universidades.



Todas estas instituciones, adecuadamente articuladas, permitirían que los estudiantes migraran de uno a otro tipo, para evitar la situación actual en que las instituciones son las que migran y se van transformando hasta llegar finalmente, en muchos casos, a su nivel de incompetencia.

Sueño también con universidades enfocadas en la calidad y en enseñar a aprender, más que a impartir conocimiento, rápidamente obsoleto por el avance tecnológico. Las imagino con programas de 8 semestres, interdisciplinarios y flexibles, que constituyan la etapa inicial del proceso de educación a lo largo de la vida.

Imagino un cubrimiento, en los diferentes tipos de educación superior, del 40%, con mecanismos eficaces de apoyo financiero que permitan que todos los estudiantes calificados académicamente accedan a educación superior.

Sueño con unas instituciones de educación en permanente contacto con los sectores público y privado nacionales e internacionales, para lograr una retroalimentación efectiva y poder ofrecer programas académicos y de investigación, relevantes y acordes con las necesidades del país y del proceso de globalización.

Anticipo una educación superior articulada con la educación primaria y secundaria para sumar esfuerzos y formar ciudadanos éticos, responsables, que hagan aportes importantes a Colombia.

Vislumbro, además, una sociedad comprometida con la educación superior, con un claro sentido filantrópico, que contribuya a fortalecer económicamente a las instituciones.

En resumen, sueño con una educación superior de óptima calidad y adecuado cubrimiento, que garantice el derecho a la educación, porque solamente así Colombia podrá disminuir la brecha, cada vez mayor, con los países desarrollados y corregir las grandes diferencias socioeconómicas entre los colombianos.
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