Opinión

  • | 2009/09/18 00:00

    Un paso hacia la felicidad

    Comparar lo que uno tiene con lo de los demás es un mal negocio: reduce el valor del dinero e induce a trabajar más de la cuenta en desmedro de cosas más importantes.

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La felicidad depende de cosas tan variadas como las circunstancias, las aspiraciones y los problemas de cada uno. De ahí que sea imposible proponer una fórmula para la felicidad.

Leo Bormans, escritor belga que está editando el Libro Mundial de la Felicidad, les ha pedido a decenas de investigadores que han explorado por qué unas personas son más felices que otras que resuman en pocas palabras el resultado de sus estudios. Soy uno de esos investigadores, y esto es lo que he escrito para el libro.

En mis estudios basados en encuestas a más de 40.000 latinoamericanos y caribeños, he descubierto algunas de las cosas que más inciden en la satisfacción con la vida: tener amigos a quienes poder acudir en caso de necesidad, tener buena salud, tener sólidas creencias religiosas, poder mantener una buena relación estable con la pareja y tener un empleo y unos ingresos suficientes para cubrir las necesidades básicas.

Es posible que nada de esto sea sorprendente para nadie. Lo sorprendente, al menos para un economista como yo, es encontrar que el ingreso tenga un valor tan bajo cuando se trata de la felicidad. A una persona que perdiera sus amigos, por ejemplo, habría que compensarla con seis veces su ingreso para que pudiera adormecer con cosas materiales el dolor que representa perder a los amigos. A una persona que pierde su empleo no basta con darle el mismo nivel de ingreso para que se sienta bien. Hay que darle un 60% más porque el empleo no es solo una fuente de ingresos sino un medio para realizarse en algunos aspectos de la vida y para relacionarse con los demás.

A mucha gente puede parecerle grotesco ponerle un valor a los amigos o al empleo, pero esa no es la idea de estos cálculos. La idea es, más bien, mostrar qué poco vale el dinero cuando se compara con las cosas importantes de la vida.

Pero hay algo más que he aprendido sobre las cosas materiales, gracias al estudio de las encuestas. Y es que compararse con los demás en los aspectos materiales de la vida reduce aún más el valor del dinero y hace más dependiente la felicidad de conseguir más dinero.

¿Cómo puedo haber llegado a esa conclusión? Permítanme explicarlo, porque es muy interesante. La gente que vive en condiciones más estrechas económicamente, o que vive relativamente aislada de gente parecida a ella, se siente más satisfecha con menos ingreso que la gente que, aunque tenga más dinero, puede comparar su casa, su carro o su empleo con los de los demás. Para la mayoría de la gente que tiene suficiente para vivir, el efecto de compararse con los demás en los aspectos materiales de la vida es tan dañino, que por más ingreso que reciba, su satisfacción no cambia, porque siempre puede encontrar otros conocidos que tienen más.

Por consiguiente, un paso hacia la felicidad es disfrutar del dinero que se tiene sin fijarse en qué tienen los demás. Cuando se logra eso, rápidamente se empieza a descubrir que para ser más feliz no hace falta más dinero, sino mirar hacia el interior de uno mismo y dedicar energía a aquellas cosas que traen más felicidad.

¿Quiere saber más sobre estas investigaciones? En el libro Calidad de vida más allá de los hechos (BID y Fondo de Cultura Económica) se utilizan encuestas de opinión para analizar exhaustivamente qué factores influyen en la satisfacción con los más diversos aspectos de la vida. El objetivo del libro no es ofrecer recomendaciones para la felicidad sino entender el papel que juegan las percepciones y las aspiraciones en el bienestar de la gente.

NOTA: EL AUTOR ESTÁ VINCULADO AL BID PERO SE EXPRESA A TÍTULO PERSONAL.

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