Opinión

  • | 2005/03/18 00:00

    Un país en venta

    No comparto la opinión de quienes dicen que la compra de las empresas líderes colombianas por extranjeros es una "prueba de confianza en el país" y mejora sus perspectivas económicas.

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Hace unos días, en un debate radial con algunos colegas sobre las implicaciones de la posible venta de Bavaria a inversionistas foráneos, me di cuenta de que varios de ellos consideran absurdo que un economista profesional estime infortunado que la propiedad de las empresas líderes del país pase a manos extranjeras.

Como en este tipo de discusiones no es raro irse por las ramas e intentar probar lo que no se debate quiero subrayar que el asunto de la controversia no tiene qué ver con la conveniencia de la inversión extranjera en general. La ola de industrialización de hace seis o siete décadas, que dio lugar a una de las etapas más exitosas de desarrollo colombiano, cuando el ingreso medio se elevó a ritmos que hoy lucen inalcanzables, habría sido imposible sin inversión extranjera. Pero ahora no estamos hablando de inversión extranjera en nuevas empresas, que aplaudiría con entusiasmo, sino de la venta a no residentes de las mayores y más tradicionales empresas colombianas.

Tampoco está en discusión el derecho legal y ético de los actuales propietarios a vender. Mucho menos la conveniencia individual de hacerlo, pues es de presumir racionalidad privada. Lo que se discute es si el ciudadano promedio, que no posee acciones de las empresas en cuestión, puede esperar que su suerte y la de sus hijos sea afectada en el largo plazo en forma positiva o negativa por esas transacciones.

Respecto a que el interés de los extranjeros en comprar empresas colombianas refleja un aumento de la confianza en el país, basta recordar que siempre hay un precio lo bastante bajo para hacer atractiva la compra de un activo, incluso en el infierno. Cuando se trata de vacas lecheras como las del tabaco y la cerveza, o cuando la vaca flaca se obtiene a precios de ganga, como Avianca, lo único que debe suponerse es una apreciación del inversionista sobre las perspectivas de retorno financiero. Para decirlo con claridad, lo único que prueban esas adquisiciones es confianza en poder obtener grandes rentas en sectores maduros, monopólicos y orientados al mercado local. Me complacerá reconocer "confianza" en el país, y en su nueva orientación económica, cuando vea a los inversionistas extranjeros venir, como vinieron hace décadas, a crear empresas, pero ahora en sectores orientados a exportar bienes y servicios a Estados Unidos (de acuerdo con la nueva orientación estratégica de largo plazo) y no, simplemente, a comprar participaciones de monopolio en nuestro "mercadito".

Respecto al efecto social del cambio de la propiedad de las empresas, para evaluarlo hay que ir más allá de la trivialidad de que "todo depende de lo que los vendedores de las acciones hagan con el producto de la venta". Aquí no estamos respondiendo una cuestión teórica donde quepa considerar innumerables posibilidades sino juzgando un asunto económico en circunstancias precisas de tiempo y lugar. ¿Ha oído alguien de las grandes inversiones que los vendedores de las acciones van a realizar, y para cuya financiación decidieron deshacerse de sus antiguas empresas? Y, por favor, no me vengan con la otra obviedad de que "si los vendedores no reinvierten sus fondos en Colombia es porque estiman que las condiciones no son atractivas". De eso se trata, precisamente. Mi punto no es que quienes venden sean unas malas personas, sino que algo malo le ocurre a un país cuando sus nacionales deciden venderles en masa sus activos a los extranjeros.

Por último, es incorrecto afirmar que, para las perspectivas de crecimiento de Colombia, resulta indiferente que la propiedad de las empresas claves sea de nacionales o de extranjeros. O, para ser exactos, que sea de residentes o de no residentes, pues en economía usted es del país donde reside y gasta su ingreso. En la medida en que la propiedad de las empresas más tradicionales y rentables de Colombia pase a manos de no residentes, tendrá lugar en el futuro un gran drenaje de ingresos vía las remesas de utilidades al exterior. Por otro lado, como las utilidades recibidas por los residentes tienen una mayor propensión a reinvertirse en Colombia que las que reciben los no residentes, en el largo plazo el paso de la propiedad de las empresas de esos sectores rentísticos a manos de extranjeros reducirá las perspectivas de inversión y crecimiento.
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