Opinión

  • | 1995/08/01 00:00

    Un país despistado

    Tres ejemplos del flagrante cortoplacismo y la mente estrecha en la planeación y construcción de obras públicas.

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Hace algunos años un gobernante sensato cayó en cuenta de que vivíamos aislados del mundo y decidió, contra la opinión de muchos, insertarnos en el ámbito internacional. Era claro que si continuábamos así, protegiendo nuestra ineficiencia, pocas posibilidades tendríamos de convertirnos en un país viable, capaz de satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos por el único camino seguro que es aumentar la riqueza colectiva y crear oportunidades para que se reparta mejor. Pero esa apertura requiere una infraestructura adecuada, porque competir con los tigres asiáticos y sin ir muy lejos, con mexicanos y venezolanos, sin puertos, carreteras, teléfonos y aeropuertos, es como pelear con Tyson con las manos amarradas. La realidad es que Colombia, que según algunos indicadores de los economistas se está acercando tímidamente a niveles de país desarrollado y que es considerada ahora como una buena opción en Latinoamérica para la inversión extranjera, está tan atrasada en infraestructura como un país del cuarto mundo y poco o nada se está haciendo para construirla. Miremos tres casos dramáticos:

El famoso tramo de La Línea, en la carretera Ibagué-Armenia, está hoy exactamente igual que hace 40 años. Tiene el mismo trazado y, aunque mantienen el pavimento en buenas condiciones, es una vía insuficiente para el tráfico actual. Basta comparar el número y el tamaño de los vehículos que hoy transitan por ahí con los camiones y buses de los años 60. Entonces el camión más grande cargaba 25 toneladas y hoy casi todos son tracto mulas de 40 toneladas, tan largas, que su radio de giro les impide tomar las curvas de la vía sin invadir ambas calzadas. El tráfico debe detenerse en cada curva para que pase la mula o la flota, y si se encuentran dos de frente y ambas tienen chóferes colombianos, ninguna cede el paso, formando un trancón en ambas direcciones, porque todos los demás conductores, fieles al lema de `yo voy primero", tratan de adelantar por la izquierda. Un ' par de estos incidentes puede alargar el viaje dos o más horas y nadie hace cuentas del sobre costo que la demora añade a los productos de exportación (que de por sí están en desventaja con los de otros países por impuestos más altos, energía carísima y peajes de la guerrilla). Y pensar que ésta es la vía que conecta el centro del país con Buenaventura, nuestro puerto marítimo con mayor volumen de carga, con la zona industrial del Valle del Cauca y finalmente con el Ecuador y toda Suramérica. Es tan absurdo que no se haya hecho el tan planeado túnel, que uno se pregunta si será que los ciclistas necesitan esa carretera así, para que la Vuelta a Colombia sea una competencia más difícil que las europeas. a carretera al Llano es otro caso de llorar. Ahí lo que se observa es nuestra consabida mezquindad y visión de corto plazo, pues a pesar de que se está construyendo por concesión, parece diseñada no para el tráfico del mañana, ni siquiera para el de hoy, sino probablemente para el de hace 10 años. Tamaña sorpresa me llevé al enterarme, después de todo el bombo periodístico que le han hecho, que sólo tendrá dos calzadas: una de ida y otra de vuelta. Sí, tendrá viaductos y túneles, pero subdesarrollados, y el día que se inaugure -que se ve muy lejano- ya será insuficiente. Y se trata de comunicamos con la otra mitad del país, la del futuro, pues en el oriente está la riqueza del petróleo, el comercio con Venezuela por Arauca y por el río Meta, la creciente producción agrícola del Llano y la posibilidad de darle aire al crecimiento de Bogotá, colocando allí nuevos asentamientos y quizá el aeropuerto del próximo milenio, Yo no sé por qué nadie ha pensado financiar una verdadera autopista que ponga a Villavicencio a 90 minutos de Bogotá. con una contribución de valorización, no a los despeñaderos por donde pasa la vía, sino a miles de hectáreas agrícolas y ganaderas que se valorizarían mucho más de lo que les correspondería pagar. Pero para eso se necesita un gobernador del Meta con ganas y sin miedo, que no se ocupe solamente de las obras que puede inaugurar en su mandato y que haga ésta sin pedirle limosna ni permiso al gobierno central.

,Y qué tal el caso de El dorado? Por cuenta del ¿Ministerio del Medio Ambiente nos vamos a quedar "despistados", con un aeropuerto de hace 40 años, pues no deja construir la otra pista dizque por la contaminación acústica. A la ministra hay que darle otras pistas para que se percate de que donde aterrizan aviones siempre hay ruido, que por lo general los aeropuertos están en las ciudades -salvo algunos como los del narcotráfico- y que probablemente contaminan más los aviones quemando combustible mientras esperan turno para aterrizar. Además, ;a cuenta de qué tienen más derecho al silencio los vecinos de la nueva pista que los de la actual? Con ese criterio los que vivimos al pie de la carera séptima podríamos pedirle que suspenda el tráfico, porque los buses sin silenciador y humo negro contaminan más que los aviones.

Es necesario pensar en grande y construir ya las obras indispensables para el progreso del país. Lo que tenemos hoy, con curvas, huecos y guerrilleros jamás nos dejará hacer parte del mundo "de verdad". Y con este gobierno, ocupado en salvar el pellejo en vez de gobernar, perderemos otros 4 años. Quién sabe qué nos deparará el futuro, pero ojalá no sea otro político incompetente de los que hacen discursos en vez de obras, algún cura pantalleo o un loquito independiente de los que creen que estos problemas se arreglan con mimos.
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