Opinión

  • | 1995/06/01 00:00

    Un optimismo elusivo

    Aspectos positivos de los trancones, el narcotráfico, el apagón y la inseguridad. Bien mirados, son el albor de una nueva Colombia.

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Hace poco alguien criticó mis escritos por reflejar siempre un alto grado de pesimismo. A este respecto, me tocó entrar a analizar si era que yo no leía los acontecimientos diarios de igual manera que mis congéneres, llegando a la conclusión de que todo depende del estado de ánimo del observador y de su filosofía hacia la vida.



ANALICEMOS ALGUNOS CASOS:



1. Los trancones de tráfico que para muchos de nosotros sólo generan desespero y rechinar de dientes, para otros versados en meditación trascendental se constituyen en momentos de relajación mental y oportunidad de adelantar estudios lingüísticos, hacer crucigramas o hablar por celular. Eso explica en parte la diferencia en la expresión facial de los conductores, ya que mientras unos lanzamos miradas asesinas dirigidas a quienes se cuelan en las filas o taponan impertérritos las intersecciones, otros sonríen beatíficamente ante los atropellos de estos matones.

Otro tanto ocurre con el análisis del futuro, en donde es previsible el colapso definitivo de los sistemas de transporte convencionales. Mientras algunos vemos este insuceso como una calamidad y desmejora en la calidad de vida de los ciudadanos, otros la interpretan como el advenimiento de la era de las bicicletas, con calles en donde no existe contaminación o ruido. Por último, para los filósofos este tema de los trancones aplicados a las vías nacionales también les ha permitido regocijarse con el florecimiento del concepto de los "picnics", llevando consigo su lonchera para merendar donde les toque, ya que uno nunca sabe cuántos kilómetros podrá desplazarse en un sábado o domingo. Los demás maldecimos la mala suerte de haber sido invitados a un almuerzo campestre.

2. Un segundo tema corresponde a la corrupción y al cambio de valores que han surgido en Colombia como consecuencia de los dineros mal habidos, el cual para algunos conlleva al inevitable colapso del sistema actual, al haberse puesto precio a la violación de todas las leyes que rigen al país, mientras que para otros constituye la alborada de unas nuevas reglas de juego dentro de una próspera economía. Más aún, hay quienes comparan esta situación con la era de la prohibición de consumo alcohólico en los Estados Unidos, para terminar diciendo que cuando los hijos de nuestros capos retornen de estudiar en las mejores universidades del mundo, se iniciará una grata etapa de integración y desarrollo nacional.

3 Un tercer aspecto se refiere a la ineficiencia en la operación de los servicios públicos, que afecta las comunicaciones, el alumbrado y el suministro de agua, odiosas incomodidades para algunos de nosotros, mientras para otros se han convertido en la paz sin teléfono, el reencuentro de la familia al no tener televisión y el saludable surgimiento de una próspera industria de aguas minerales embotelladas. Visto desde ese ángulo es poco más o menos el retorno a la bucólica vida de nuestros abuelos, quienes supuestamente prosperaron y vivieron vidas longevas, al no tener que soportar el "stress" que aporta la tecnología en la vida moderna.

4. Por último, tratemos la desaparición de la vida cultural nocturna, por susto al atraco o al secuestro, lo cual nos ha intimidado a muchos, permitiéndole a los optimistas desarrollar su vocación tecnológica, trayendo al hogar, vía el computador, el video láser o el "surround system", a las mejores compañías de teatro, el cine más actualizado o a los más importantes conciertos, todo obviamente respaldado por una planta eléctrica de suplencia total, por si acaso.

Lo anterior demuestra que sólo existen verdades relativas y que las interpretaciones dependen del punto de vista del observador. Por lo tanto,.para quienes nos deshacemos en nudos nerviosos, sólo nos queda practicar el arte zen para convertir lo malo en bueno y lo incómodo en provechoso, difícil ejercicio de daltonismo vivencial.
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