Opinión

  • | 2009/03/06 00:00

    Un nuevo orden financiero mundial

    Posiblemente se volverá al esquema en que los bancos de inversión tenían que estar separados de los bancos comerciales.

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Los últimos datos de crecimiento económico americanos, de bajada del 6,5% de su Producto Interno Bruto en el último trimestre, se unen a la caída de más del 12% en Japón y a las pésimas cifras europeas. Parece que ningún sitio sirve de refugio, si bien las economías de países emergentes siguen creciendo fuertemente, aunque a tasas menores que en el pasado. Posiblemente las peores expectativas están en los antiguos países del este del telón de Acero. Varios de ellos estarían en una situación insostenible de no ser parte de la Unión Europea. Y estos días se debate seriamente si se les lanza un salvavidas o no.

Como consecuencia de lo anterior, la mayor parte de las inversiones perdieron dinero y no está claro cuándo se empezarán a recuperar. Para aquellos que llevamos años trabajando en los mercados financieros, esta es, posiblemente, la peor época que el sector ha vivido desde los 30's (yo, en ese momento, no había ni nacido), y haciendo un ejercicio de reflexión, creo que hubo muchos excesos que ahora se están pagando. El peso de esta industria se sobredimensionó respecto al tamaño de las economías, llegando a suponer casi un 20% de los beneficios de las compañías cotizadas en las bolsas de Nueva York, cuando históricamente habían promediado por debajo del 10%. Todos los días hay noticias nuevas y la inestabilidad del sector es muy grande pero, en mi opinión, las medidas que se están tomando por parte de las distintas administraciones americanas, y europeas, son positivas, van dirigidas a cortar la sangría y buscan el regreso de la confianza a los mercados.

Ya ha habido varias nacionalizaciones de bancos en el Reino Unido y muy posiblemente veamos alguno de los grandes americanos en manos públicas en las próximas semanas. El debate en la prensa estadounidense es muy arduo respecto a si se están rompiendo los principios del capitalismo, pero lamentablemente, en su versión más pura, no había funcionado. Creo que para el sistema y los depositantes de ciertos bancos en situación delicada, es mejor que estén en manos públicas que en manos privadas, al menos por un cierto periodo de tiempo. Los grandes perjudicados serán los accionistas ordinarios de los bancos, que pensamos en su momento que eran demasiado grandes para caer y lamentablemente nos equivocamos. Mi gran miedo es que normalmente el sector público ha sido un mal administrador, aunque hoy en día poco más se puede decir de los privados. La única solución es ir limpiando el sistema, reduciendo los balances bancarios a los negocios tradicionales de tomar depósitos y conceder préstamos y que el resto de las actividades financieras se hagan mediante otras empresas del sector, separadas de los bancos.

Las entidades financieras se han dedicado a prestar, a invertir por cuenta de clientes, a invertir por cuenta propia, a crear productos, a intermediar productos y a recomendar sobre los mismos. Han entrado en un conflicto de intereses tan grande que, al final, no se sabe si están actuando para su beneficio, el de sus clientes, el de los accionistas o el de los gestores. Todo esto va a cambiar mucho y además relativamente rápido. Posiblemente volvamos a las separaciones de papeles que existieron durante décadas en la banca americana, donde los bancos de inversión tenían que estar separados de los bancos comerciales. Adicionalmente, desaparecerá un gran número de entidades financieras, muchas de ellas de un tamaño muy reducido, pero también habrá fusiones entre las grandes. En Europa y Latinoamérica esto ya ha pasado; sin embargo, en los Estados Unidos existen más de 3.000 bancos en todo el país. En nuestra región es posible que veamos la salida de alguno de los internacionales, que entraron en los últimos años y que ahora se verán forzados a su venta para sanear los balances de sus matrices. Esperemos que sean casos muy puntuales, ya que han ayudado mucho a dar estabilidad a nuestros sistemas financieros y han servido de ayuda clara en las últimas crisis.

Como última reflexión: hay que tener claro que la situación internacional ya está contagiando a Latinoamérica y hay que estar preparados para ello. Por un lado, con austeridad y control de gastos y, por otro, con ayuda a los más necesitados, que siempre son los primeros en sufrir estas situaciones.

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