Opinión

  • | 1998/04/13 00:00

    Un nuevo Camino

    Llegó la hora de concebir empresas con alto capital social y desechar calificativos de izquierdistas o derechistas.

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"Distinguimos entre la economía de mercado y la necesidad de democratizar éste último, por una parte, y el neoliberalismo, por la otra", expresa un documento preparado por intelectuales y líderes políticos latinoamericanos de centro y de izquierda, encabezados por Jorge Castañeda y Roberto Mangabeira. Es un aporte serio al debate entre izquierda y derecha, tan desfigurado en nuestro medio.



Se oponen a la sustitución del poder del Estado por la lógica financiera y especulativa, al nacionalismo populista, a las finanzas públicas inflacionarias y a la ineficacia de la administración oficial.



Aceptan el mercado como el principal asignador de recursos que, para responder a las demandas de los más pobres, requiere un Estado fuerte y democratizado. También aceptan las privatizaciones, sin monopolios, como instrumento de política económica flexible que no excluyan la creación de empresas públicas cuando se requiera.



Definen la educación como el derecho social prioritario, cuyas deficiencias han profundizado las desigualdades. Destacan la necesidad de tasas de ahorro interno del 30% y la vinculación entre el ahorro privado y la inversión productiva, en especial en los sectores de pequeñas y medianas empresas. Aprueban la capitalización en pensiones con la advertencia de que cuente con instrumentos de solidaridad. Conceden importancia a la tributación indirecta, a condición de que la práctica social del gasto público supere su sesgo regresivo.



Además, proponen la diversificación y descentralización de las concesiones privadas de medios de comunicación como garantía de acceso de todos los grupos sociales.



La discusión sobre el documento ayuda a pensar en las reformas que Colombia requiere en Ecopetrol, Telecom, Caja Agraria, el Sena, electrificadoras, empresas de acueducto y alcantarillado... Mantenerlas como están conducirá a su desaparición. La entrega al sector privado tropieza con obstáculos políticos y engendra el riesgo de privaciones sociales por ausencia estatal. Es hora de concebir modelos mixtos, con fuerte presencia de capital privado social, alta productividad, proyección de largo plazo y capacidad de competir.



En educación no basta con aumentar el gasto público, debe mirarse la calidad y cuantía ofrecidas. Para mejorar ambas, los modelos burocráticos son improcedentes. Hay que poner en marcha esquemas que involucren organizaciones privadas comunitarias.



Se debe encontrar un punto de acuerdo para subsidiar a los pobres, en vez de gastar en ineficiencia y corrupción.



Más que preocuparnos por el monto del gasto público, se debe asegurar que llegue a la gente con eficiencia y transparencia. El Estado no es fuerte por su tamaño burocrático, lo es en la medida en que tenga la capacidad de responder a las expectativas comunitarias.



Es hora de contribuir al debate con argumentos serios y no con calificativos arbitrarios de neoliberal, izquierdista, derechista o populista, aplicados con ligereza a las políticas o a los individuos. Bien hace el documento referido.
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