Opinión

  • | 2000/01/01 00:00

    ¿Un modelo de empresa?

    No fue el modelo cooperativo el que fracasó, sino la forma de aplicarlo y administrarlo.

COMPARTIR

¿Por qué fracasaron los bancos cooperativos en Colombia? Parece haber una combinación de factores. El primero fue la división: hacer tres bancos en lugar de uno solo cuyas reservas fueran fuertes. El segundo fue salirse de la ortodoxia y prestarle a todo el mundo, fuera o no del sector solidario; el nicho cooperativo daba mayor dispersión del riesgo y permitía desarrollar habilidades bancarias. También falló la legislación colombiana: dejó sin control al sector social (difícilmente la misma entidad puede hacer promoción y control al tiempo), faltó un Fogafin para el sector, y el gobierno generó pánico cuando prohibió a las entidades estatales depositar recursos en los bancos cooperativos. Además, hubo dolo, entiendo, y la Fiscalía aclarará esos casos. No parece que se trató de un problema estructural de las cooperativas. ¿Cuáles son las diferencias entre este y otros modelos de empresa?

La principal comparación es con la empresa capitalista, cuyo objetivo es maximizar utilidades. Este modelo funciona en la medida en que la empresa cree valor, acumule capital, desarrolle al trabajador y sea sostenible a largo plazo (que no se base en el agotamiento de recursos, que desarrolle tecnología y conocimientos competitivos, que satisfaga las necesidades de su población objetivo).

Al comenzar el siglo XXI, la empresa capitalista es el modelo o paradigma dominante, en términos del crecimiento económico y hasta del bienestar social. Los países que se han desarrollado con este esquema disfrutan en su conjunto de los mejores índices de bienestar social del planeta.

A pesar de ello, en todo el mundo hay insatisfacción manifiesta con este modelo. El opuesto es la entidad sin ánimo de lucro, que puede ser de varios tipos: la empresa estatal, la filantrópica, la cooperativa o mutual, la social...

Los modelos de empresa pública y filantrópica entraron en crisis por su incapacidad de sobrevivir y de cumplir realmente los fines sociales prometidos. A ambas se les pide eficiencia, que participen en la creación de valor con la gente

y el capital que poseen, que "enseñen a pescar en lugar de regalar el pescado". Estos modelos engrosan la nueva concepción de empresa social, caracterizada por combinar un fin social con una organización privada: deben generar y cuidar sus propios fondos. El mutual y cooperativo es un modelo antiguo de empresa social, cuyo objetivo es el beneficio común y solidario de los asociados (por lo general, grupos de escasos recursos). Este modelo se basa en ocho principios: la solidaridad o ayuda mutua, la identidad e integración del sector, la economía, la democracia (un voto por persona, no por tamaño del capital), la equidad, la liber-

tad, la responsabilidad o funcionalidad, y la educación o capacitación progresiva de sus miembros. La evolución institucional del sector se inicia con las cooperativas básicas, organizadas para la producción o el consumo; luego surgen las entidades de segundo orden cuyos miembros son otras cooperativas, como los bancos que prestan servicios solo a sus afiliados.

La gerencia de una cooperativa es igual a la capitalista en aspectos técnicos y administrativos; ya aprendieron que para perdurar deben acumular excedentes y hacer provisiones. La diferencia primordial con la empresa capitalista es que el poder no reside en el capital, sino en las personas asociadas; cada persona tiene un voto, independientemente del capital aportado. Muchas empresas sociales tienen una estructura dual: una parte genera utilidades y otra las invierte en su fin social. Las cooperativas están más integradas. Pero la falta de capitalistas fuertes hace que las cooperativas a veces parezcan no tener dueño, que los presidentes duren mucho tiempo y el control sea más disperso. El manejo de la junta es complejo cuando llegan elegidos algunos que tienen intereses particulares o políticos clientelistas, y un espíritu sindicalista o de beneficencia, todos opuestos al cooperativismo solidario, Algunos dirán que la gerencia y la democracia no van juntas; otros pensamos que esta es la administración ideal.

Marx decía que 'gas fábricas cooperativas de los propios obreros son, dentro de la vieja forma, el primer signo de ruptura de la vieja forma". Pero las cooperativas y mutuales han perdurado tanto tiempo como la empresa capitalista, y sobrevivieron a la soviética. Aunque seguramente nunca llegaremos al fin de la historia...

La solidaridad es una fuerza mayor de lo que se cree; los bancos mutualistas o cooperativos en Norteamérica y Europa están entre los mayores y más sólidos del mundo. El fracaso de los nuestros no obedeció al modelo empresarial. La esencia de la profesión de administrar es la responsabilidad social por el manejo de recursos, así se trate de empresas estatales, caritativas, cooperativas, capitalistas o sociales; todos los recursos son sociales y a la larga nos pertenecen a todos.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?