Opinión

  • | 2011/07/06 18:00

    Un lobo vestido de oveja

    ¿Cuáles serán las consecuencias si prospera la campaña de un grupo de congresistas de recolectar firmas para promover una reducción en los precios de los combustibles?

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El pasado 15 de junio, un grupo de congresistas anunció el inicio de una campaña para recolectar firmas con el fin de promover una reducción en los precios de los combustibles, fundamentalmente el de la gasolina que se consume en el país.

Tanto miembros del gobierno nacional desde hace más de 15 años, como economistas de todas las ideologías, han tratado de explicar de manera clara, precisa y contundente el por qué esta es una de las peores ideas en materia de política económica que un país puede adoptar. En esta oportunidad, en lugar de tratar de justificar lo malo de esta medida con argumentos ex ante, trataré de dar un muy pequeño y superficial vistazo a las consecuencias previsibles de la medida que están tratando de impulsar estos próceres de la patria.

Para recordar el objetivo de la firmatón, la idea es reducir a la fuerza el ingreso que recibe el productor de gasolina en Colombia -léase Ecopetrol- mediante la modificación de la fórmula actual, que permite a la compañía recibir un precio equivalente al de paridad de exportación por cada galón de gasolina que vende en el país.

Viajemos entonces al futuro y aterricemos en el día en que el referendo promovido por este grupo de congresistas es sancionado como ley de la república. Esto implica que a partir de una fecha determinada, el precio que se le pagaría a Ecopetrol por la gasolina en Colombia es menor al que la compañía podría conseguir si exportase el combustible. Esto lo sabe la junta directiva de la compañía que, acto seguido, decide exportar 100% de la producción de gasolina, en razón a que se la pagan mejor en el mercado internacional que en el mercado nacional.

Aquí es bueno abrir un paréntesis para sustentar esta afirmación. La única decisión que podría tomar la junta sería la de exportar todo. Ese órgano de gobierno corporativo está ahí para defender los intereses de sus accionistas, que hoy en día son más de 500.000. Por otro lado, esta es la única medida que, frente al escenario de ingresos menores en Colombia, protegería el valor del patrimonio de la Nación, representado en 89% de Ecopetrol; el cual, valga la pena decirlo, está destinado a financiar la reconstrucción del país post ola invernal, la construcción de infraestructura, entre otros. Cualquier otra decisión que tome la junta tiene repercusiones inmediatas e incalculables sobre el valor de la acción de Ecopetrol, que podrían dar al traste con programas tan importantes como los que el Gobierno dice que va a financiar con ese patrimonio que hoy tiene.

El día en que Ecopetrol decida, entonces, exportar la totalidad de la producción de gasolina, Colombia se queda sin una gota de combustible para abastecer su mercado interno (Ecopetrol es el único productor de gasolina en el país). Para solucionar este inconveniente, es necesario importar gasolina. ¿De dónde? Del mercado internacional. ¿A qué precio? Al del mercado internacional (el que hoy se gana Ecopetrol), salvo que se decida importar gasolina de Venezuela, y eso abre todo un abanico de discusiones y debates sobre lo que implicaría entregar el mercado interno de la gasolina en Colombia a Venezuela.

En consecuencia, como un importador no va a comprar gasolina a un precio en el mercado internacional para venderlo en Colombia más barato, este diferencial lo tendría que asumir alguien. ¿Quién será? ¿El grupo de senadores que promueve la firmatón? ¿O los ciudadanos que firmaron? Por supuesto que la respuesta es que quien lo asume es el Presupuesto General de la Nación. Y esto podría costar un dineral de un tamaño tan descomunal, que puede dar al traste con la totalidad de la inversión que el Gobierno está planeando en materia de infraestructura, educación, salud, etc. Y ni hablar de las consecuencias que ello podría traer sobre las transferencias futuras a las regiones, ingreso fundamental para el desarrollo y progreso de las mismas.

En el fondo, entonces, la firmatón es una gran embarrada y un acto puro y duro de populismo. Pero lo chistoso de todo esto es que, camuflado en un ropaje de beneficio a la comunidad, lo que estos congresistas están haciendo es precisamente lo contrario.

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