Opinión

  • | 2005/03/04 00:00

    Un febrero de antología

    En medio de tanta noticia, los colombianos perdemos la memoria. Vale la pena hacer un recuento de febrero, uno de los más meses confusos y controversiales para el gobierno.

COMPARTIR

A comienzos de mes, la atención del país se centró en Cartagena. Allí el gobierno, la comunidad internacional y la sociedad civil evaluaron los avances de la cooperación para Colombia y su futuro. Las discusiones sobre la ley de verdad, justicia y reparación y un discurso oficial que resaltó las cifras positivas de la política de seguridad democrática, las bondades del proceso de paz y el compromiso de contar con un adecuado marco jurídico, coparon las discusiones al igual que lo hicieron las razones por las cuales, según el gobierno, no hay conflicto interno ni crisis humanitaria.

Antes, las Farc se tomaron la base de Iscuandé, asesinaron a 15 soldados y dejaron a 25 más gravemente heridos, propinando el golpe más severo a las Fuerzas Armadas en épocas de la seguridad democrática. Y los paramilitares desmovilizaron 105 combatientes del Bloque La Mojana. Mientras tanto, en Bogotá se rompía la concertación entre el gobierno y los congresistas sobre el marco jurídico para las negociaciones de paz, y The New York Times y The Chicago Tribune editorializaban sobre las dudas que estas conversaciones generan. Por su parte, el Congreso estadounidense insistía en un estricto marco jurídico para garantizar el total desmantelamiento de las AUC, y Mancuso salía de la mesa de Ralito.

Simultáneamente se destapó en el DAS un escándalo por la desaparición de los prontuarios de varios narcotraficantes y, como si todo esto fuera poco, el presidente Uribe terminó hospitalizado teniendo que aplazar la reunión con Chávez para superar la crisis con Venezuela.

Un día después, el comisionado Restrepo sorprendió al país al afirmar que no comparte los términos de la ley de verdad, justicia y reparación, por considerarlos nocivos para las negociaciones. En medio de su catarsis, arremetió contra todo el mundo y dio a entender que hay un complot contra el proceso de paz, acusando a los congresistas Pardo y Parody de montar una emboscada política. Agotado, se fue de descanso, pero aseveró que no iba a renunciar.

El 9 de febrero el ministro Pretelt radica en el Congreso, a nombre del gobierno, el proyecto de ley "justicia y paz" y cita al Congreso a sesiones extras para su trámite, en tanto que un nuevo proyecto de ley que toma en cuenta las consideraciones del Comisionado, es presentado por Armando Benedetti.

El 11, en Cali, en el Simposio sobre Justicia Restaurativa, el Vicepresidente dice que "los proyectos radicados en el Congreso son para obtener réditos políticos a corto plazo, de personas o grupúsculos.", propone un tribunal de reconciliación, confesión sin efectos penales y afirma que habla a título personal. Por su parte, el premio Nobel de Paz, Desmond Tutu, con gran humildad, propone al presidente Uribe invitar a los jefes guerrilleros a Sudáfrica para que conozcan la experiencia de reconciliación e iniciar así un proceso de acercamiento a la paz. El Presidente acepta con la condición de un cese de hostilidades.

Ante la división dentro del gobierno y por orden presidencial, un par de días más tarde, aparecen en rueda de prensa, Pretelt, Restrepo y Santos, mostrando unidad de gobierno, ocasión que aprovecha el ministro para decir que el proyecto del gobierno recoge las opiniones del Vicepresidente y del Comisionado. Descontento con la solución, el comisionado Restrepo presenta su renuncia, el Presidente no la acepta y por el contrario lo autoriza a continuar el debate público y ante el Congreso.

En reunión con la bancada uribista en Palacio, el Presidente dice que el proyecto del ministro es la base para las discusiones, pero con algunos ajustes. Las sesiones extras no arrancan y el debate se traslada a Casa de Nariño.

En entrevista con Yamid, el Presidente de la Corte Suprema de Justicia afirma que la justicia está patas arriba. Se conmemoran tres años del secuestro de Ingrid y los ganaderos del Cesar piden un Ralito para su región.

Al escribir esta columna los paramilitares amenazan con romper el proceso si "las largas negociaciones. terminan con un proceso humillante de sometimiento a la justicia".

Con tantos ires y venires, uno se pregunta si es que el gobierno carece de un norte para las negociaciones y de ahí los múltiples bandazos o si, por el contrario, será que cuenta con una sofisticada estrategia, a cinco bandas, la cual desconocemos los colombianos. Qué bueno que febrero ya terminó.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 531

PORTADA

La Bolsa de Valores necesita acciones urgentes

Con menos emisores, bajas rentabilidades y desbandada de personas naturales, la Bolsa busca recuperar su atractivo. Finca raíz, su nueva apuesta. ¿Será suficiente?