Opinión

  • | 2011/03/18 00:00

    Un ejercicio de economía Ficción

    China se está convirtiendo en el eje del capitalismo mundial. ¿Cómo se moverá su moneda?

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Desde los dibujos de un helicóptero por Leonardo da Vinci, pasando por Julio Verne y su Viaje a la luna o las 20.000 leguas de viaje submarino, hasta el reloj de Dick Tracy, son muchos los que han acertado o se han adelantado a la realidad haciendo ejercicios de imaginación basados en posibilidades futuras.

Caigo en esa tentación.

En varios escritos he llamado la atención sobre el error de perspectiva que tenemos -o al que nos inducen- respecto al fenómeno de la China dentro del contexto económico mundial.

En los años 80 lo describían como otro fracaso del comunismo, mientras quienes analizaban un poco más destacaban que el ascenso de Deng Tsiao Ping implicaba que con el famoso 'no importa que el gato sea negro o sea blanco desde que coma ratones', se renunciaba a establecer una polémica de principios sobre si el camino era el comunismo (maoísmo entonces) o el capitalismo.

Cuando visitó Estados Unidos, pretendieron que lo que determinaría el carácter de esa relación sería el cuestionamiento que se hacía por el tema de Derechos Humanos, y fue él mismo quien al bajarse del avión dio razón a quienes veían un escenario diferente diciendo que no llegaba a hablar de política sino de negocios; los contratos suscritos con las empresas americanas confirmaron eso y de lo otro nunca se volvió a hablar.

Aún recuerdo una conferencia de un representante del Banco Mundial cuando, en los últimos años del siglo pasado, confesaba que no podían explicar o analizar los crecimientos continuos de esa economía porque no tenían ni siquiera los mismos parámetros de medición, pero se mostraba escéptico respecto a que con el manejo que se conocía estos pudieran mantenerse.

Poca atención se prestaba a los comentarios que señalaban que, en parte por el tamaño de su población y en parte por el hecho de que estábamos ante un fenómeno súbito y que saliendo de la nada se estaba manifestando, China había pasado a ser el país con más consumidores millonarios del mundo y el de más demanda de productos de lujo del planeta (Rolls Royce, Chivas Regal, Rolex, etc.)

Incluso cuando el comercio mundial empezaba a reconocer que ante lo producido con mano de obra barata todas las balanzas comerciales eran favorables a ese país, se daba más importancia a los debates sobre su sistema político que al rol que ya estaba jugando en el escenario capitalista mundial.

Aún a comienzos de este siglo apenas se empezaba a contemplar que para 2050 o 2040 su economía podría llegar a ser la segunda del mundo y estaría compitiendo con la americana.

La anotación de que en 2005 ya era el mayor poseedor de reservas de oro del planeta y que en la práctica era el principal soporte del dólar americano (porque entre reservas en divisas y bonos del gobierno podía disponer en un momento dado de más que el mismo Federal Reserve o el gobierno estadounidense) no causó suficiente atención.

Todavía en la reciente crisis mundial se cuestionaba si su empuje comercial podría continuar incólume y si los problemas de exceso de crecimiento no los inducirían a buscar 'enfriar' su economía.

Y hoy, después de situarse como primera expectativa comercial de casi todos los países, después de que la llamada 'guerra de las monedas' gira alrededor de lo que hará el yuan; después de que lleva un promedio de crecimiento de casi el 10% anual en casi 30 años; después de haberse convertido en la segunda economía mundial entre 20 y 40 años antes de las previsiones (según el momento y la entidad que la hiciera), todavía se mira ese fenómeno como un actor más, sin reconocer que más que lo que está alterando el mundo en cualquier otro aspecto (cultural, tecnológico, turismo, etc.) se está convirtiendo en el nuevo centro del capitalismo mundial.

Dentro de este escenario hago un ejercicio de 'economía ficción'. Imagino que antes de diez años esa economía será la mayor del mundo. Es de lógica que entonces sustituirá el poder que ha tenido el dólar y que sacarán partido de las enseñanzas que el manejo de este les deja.

En especial, que el ser la moneda de reserva y de transacción internacional hace que la desvalorización de su moneda sea asumida no solo por su país sino por todo el mundo que depende y posee esas divisas. El exceso de emisión, que es inflacionaria en cualquier país que asume la mayor cantidad de circulante para la misma cantidad de bienes y que se refleja directamente en devaluación y pérdida de su valor, en el caso del dólar era asumido por el mundo entero y solo afectaba a esa nación y a esa economía en la pequeña proporción que internamente se movía (la devaluación de los últimos años señala hasta qué punto ha sido reemplazada no solo en cantidad sino en confianza por otras divisas -euro, yen y ya, en algo, por el yuan-).

El yuan, por lo tanto, remplazará el dólar antes de diez años. ¿Cómo?

Hasta ahora la estrategia para China en cuanto al manejo de divisas se orientó a la adquisición de activos en el extranjero pagándolos con esos dólares. Los Estados Unidos, que podrían ser su mayor blanco, pusieron unos mecanismos de protección que limitan esa posibilidad (por eso, aunque intentaron, no pudieron comprar el puerto de Nueva York o la industria aeronáutica). Las inversiones que hacen en el resto del mundo no alcanzan a superar el excedente comercial que tienen, creando un problema de manejo -tanto de administración operativa, como de la cantidad de compras que adelantan-.

La mejor posibilidad o alternativa es la conversión de los dólares a yuanes, para lo cual se necesita que este último asuma el papel y reemplace al otro en el mundo financiero.

El día en que los chinos condicionen todo negocio con ellos a que lo que ellos compren será pagado en parte con yuan -sin poner esa condición para lo que ellos venden- nadie tendrá razón para oponerse: lo que a su turno se adquiera de ellos se pagaría con su moneda, y, estando todas las balanzas a favor de los chinos, sería poco -o nada, si así se negocia- lo que tocaría mantener como reservas forzadas en yuanes.

Pero con esto se convierte en la moneda de transacción internacional. De ahí a ser la moneda de reserva no se requiere ni siquiera un paso diferente del tiempo.

Por supuesto, lo que no se les pagaría en yuanes supone mayor acumulación de dólares (o de otras divisas) y su devaluación implicaría pérdidas para las reservas chinas. Pero estas estarían (o estarán) largamente compensadas con la valorización de su moneda y, sobretodo, extrapolando las posibilidades (es decir, sin necesidad de hacerlo de un golpe), con emisiones masivas, una vez el mundo haya asumido el reemplazo del dólar.

La otra dificultad sería que, a pesar de que el consolidado de la balanza comercial de los países favorecería esa operación, los agentes particulares tendrían alguna prevención a recibir pagos en esa moneda; pero sería interés de los gobiernos crear los mecanismos para subsanar esto convirtiendo en derechos de giro en otras monedas lo que reciben los particulares en yuanes; esto automáticamente crearía un monto cada vez más grande de reservas en la moneda China.

Por supuesto, sería un error pensar que la relación con los americanos siendo el intercambio comercial más grande de todos no incidiría en el proceso; pero que esto sucederá no parece discutible: el quid está en hasta dónde lo podrán diferir ¿será más de 10 años?

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