Opinión

  • | 2005/05/27 00:00

    Un dragón por la cola

    La flotación de la moneda china sería una estupidez "macro" que batiría el récord previo impuesto por la convertibilidad argentina.

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Hoy China hace parte de mis obsesiones porque me parece que su estrategia de crecer con base en superávit comercial les creará muchas dificultades a países como Colombia. Exactamente los que he llamado "países sánduche" porque sus trabajadores van camino de quedar atrapados entre los de arriba, con plata de sobra para subsidiar cualquier ineficiencia y exportarla, con o sin TLC, y China, que los empuja desde abajo. Pero uno de los pocos escenarios peores que este donde China se toma los mercados sería otro donde el gigante se hundiera en recesión, y arrastrara a todos los emergentes con él. Por ello sigo con atención, en ocasiones divertido, en otras casi preocupado, los debates sobre las perspectivas del sistema cambiario chino.

Entiendo que quienes invirtieron en yuanes traten de vender la idea de que China no tiene salvación por fuera de la flotación. Una gran revaluación del yuan como la que ocurriría si mañana se adoptara la flotación les "haría el día", el año y más. Pero quienes no tienen un interés especulativo en la revaluación del yuan deberían tomar los argumentos pro flotación con un grano de sal. O, mejor todavía, con guantes y desinfectante, porque no me parecen, propiamente, recomendables para la mesa.

Ejemplo. Leo en un despacho de Reuters, que una flotación del yuan "también sería buena para China". Por el titular pensé que se referiría a lo bueno que vivirían los banqueros centrales chinos si, mediante la flotación, pudieran olvidarse de la necesidad de esterilizar los efectos monetarios de la acumulación de reservas y, teniendo una deflación asegurada por el desplome del dólar, pudieran dedicar sus tardes a jugar golf. O, quizás, al alivio que sentirían los funcionarios chinos una vez se quitaran de encima la fastidiosa presión de Europa y Estados Unidos para revaluar. Pero no, Reuters dice que si China aceptara flotar su moneda, liberaría ingentes recursos pues "en 2004 gastó US$206.000 millones (...) para mantener la paridad", de manera que si permite la libre negociación de su moneda liberaría eso fondos para inversiones en infraestructura.

Para abreviar permítanme recurrir a una analogía local. ¿Alguien cree que si el Banco de la República no hubiera comprado el año pasado US$3.000 millones para atenuar la revaluación del peso esa plata estaría hoy "disponible para inversiones en infraestructura"? ¿Y que tiene sentido decir que esos 3.000 millones "se gastaron"? Hasta el menos informado sabe que es necio hablar en esos términos pues lo que hizo el Banco fue adquirir, con emisión, dólares que elevaron sus activos externos, excepto en la porción que se usó, en forma aún más rentable para el país, para reducir deuda externa costosa.

Lejos de sustraer recursos "para inversiones en infraestructura" la sustentación del dólar en China permitió que la demanda externa de ese país fuera positiva y contribuyera al crecimiento. China no solo no destinó recursos reales a prevenir la revaluación sino que pudo emplear más recursos de lo que habría logrado de otra manera. Si hubiera permitido que el dólar se desplomara no solo sus activos externos serían hoy muy inferiores a los actuales, sino que también lo sería su producción anual y la totalidad de sus activos locales.

Si el yuan flotara las expectativas de revaluación, que hoy se basan en un superávit corriente y en perspectivas todavía inciertas de apreciación, pasarían a alimentarse de flujos especulativos alentados por la virtual certeza de la caída del dólar y el yuan terminaría apreciándose en forma ruinosa para la competitividad china. Basta señalar que hasta en Macondo, con déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, múltiples taras estructurales y en vísperas de un gran déficit petrolero por agotamiento del crudo, el peso se revalúa por el juego de las expectativas de los flujos de capitales las cuales, hasta tanto la ruina del país no sea completa y evidente, se validan a sí mismas.

Creo que, bajo presión internacional, China aceptará una revaluación puntual, pero con su récord de manejo económico difícilmente la veo montada en la flotación. Por lo demás, el mundo comienza a reconocer que, quizás, un ajuste ordenado y limitado de la moneda china, que permita preservar el crecimiento y su capacidad para acumular reservas e invertirlas en Bonos del Tesoro de Estados Unidos, sería preferible a la flotación. Obligar a China a flotar el yuan abriría un paraíso a los especuladores pero, para el resto del mundo, sería todavía más inquietante que tener al legendario tigre agarrado por la cola.
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