Opinión

  • | 1999/10/08 00:00

    Un desastre natural

    Nuestro descenso al abismo es la consecuencia natural de una larga cadena de errores.

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Como ustedes, yo también estoy hasta la coronilla con el tema de la recesión y quisiera hablar de otras cosas. Por ejemplo, del falso problema y la peor solución que propone el gobierno para las transferencias municipales. O del nuevo esquema para los créditos de vivienda. O de cualquiera otra cosa distinta a este rascarse la sarna de la crisis económica nacional.



Lo que hoy padece el país es el resultado natural de una larga cadena de errores de la política económica.



Pero el país tiene más posibilidades de progresar si identifica sus errores de política económica que si, como los médicos, les echa tierra cuanto antes. Como un acto de disciplina profesional voy a tratar este tema una vez más, y prometo no volver a ocuparme del mismo antes de seis meses. Espero que, cuando lo haga, sea para felicitar a las autoridades por los avances logrados.



Lo que hoy estamos padeciendo es un "desastre natural": el resultado natural de una larga cadena de errores de la política económica. Veamos:



* Si el banco central bombea mucho dinero a la economía los banqueros darán mucho crédito. Entre diciembre de 1991 y diciembre de 1994 la "oferta monetaria ampliada" creció 188%, y la cartera de créditos del sistema financiero aumentó 247%.



* Si, simultáneamente, se aumenta mucho el gasto público la demanda de la economía explotará. Entre 1992 y 1995 el gasto público real aumentó al 14% anual y la demanda interna real creció a un rimo de 10% anual.



* Si, cuando se está bombeando dinero y disparando el gasto público el peso se revalúa, la demanda de importaciones explotará. Entre 1990 y 1995 el tipo de cambio real cayó 13% y las importaciones anuales saltaron de US$5.107 a US$12.921 millones.



* Como resultado de eso el déficit corriente acumulado (la verdadera deuda externa del país) aumentará en forma peligrosa. El déficit corriente acumulado entre 1993 y 1998 fue de US$27.058 millones.



* Si, cuando se tiene un gran déficit corriente, se insiste en reprimir el alza del dólar imponiéndole un "techo" arbitrario, eventualmente las autoridades se verán obligadas a disparar las tasas de interés para tratar de defender ese techo. En 1998, con un déficit corriente anual de US$5.900 millones, el Banco de la República dijo que el tipo de cambio era de equilibrio y reprimió el aumento del dólar mediante una sequía monetaria que hizo subir la DTF de 24% en enero a 37% en julio.



* Cuando la tasa de interés real salta 13 puntos reales habrá, por lo menos, una recesión. Entre el primero y el último trimestre de 1998 el crecimiento anual de la producción se desplomó de 5,5% a -3,8%.



* Si, en medio de una recesión, se suben los impuestos y se contrae la inversión pública la recesión se convertirá en depresión. Subir los impuestos y cortar la inversión fue exactamente lo que se hizo. En el primer semestre de 1999 la producción cayó casi 7% anual, y el desempleo alcanzó un récord histórico de 19,8%.



* Cuando hay una depresión, cuando uno de cada cinco trabajadores está desempleado, cuando la deuda es muy elevada y cuando las tasas de interés son muy altas, muchos deudores se colgarán en sus pagos. La cartera vencida del sistema financiero saltó 140% entre enero 1 de 1998 y agosto 31 de 1999.



* Cuando los deudores se cuelgan masivamente el sistema financiero entrará en crisis, la cual tenderá a acentuar la recesión y tendrá un costo fiscal. Ningún lector de Dinero requiere prueba de que hoy tenemos una crisis financiera.



* La depresión y el desempleo harán caer los recaudos tributarios mientras el costo de la crisis financiera empeorará la situación fiscal. En 1999 el déficit del sector público consolidado será casi 6% del PIB, el mayor de los últimos quince años.



* Un país con un enorme déficit acumulado en su cuenta corriente, depresión económica, crisis financiera y crisis fiscal, no tendrá buenas calificaciones internacionales incluso si fuera Suiza en materia de orden público. En los últimos dos meses fuimos degradados a la categoría "especulativa" por las agencias calificadoras de riesgo internacional.



Ya no puede evitarse la pérdida de producción y de valor económico del último año. Mucho menos, la pérdida de bienestar social por el desempleo y la quiebra de empresas. Pero debe evitarse que sigamos por el despeñadero. Con la inevitable limitación del espacio quisiera proponer cuatro puntos:



* Reconocer que el objetivo de reducir la inflación no puede ser la máxima prioridad en medio de la peor crisis del siglo. Es mucho más importante evitar la amenaza de colapso económico y financiero y asegurar la viabilidad política del sistema, la cual ha sido puesta en peligro y no necesariamente resistiría otro año de profunda recesión y un desempleo del 25%.



* Adoptar una estrategia de reactivación y solución del problema financiero basada en la reducción de las tasas de interés reales y la reestructuración de las deudas de las empresas, con medidas de verdadero calibre, no pañitos de agua tibia.



* Establecer como meta a tres años la eliminación del déficit en la cuenta corriente. La única forma de lograr esa meta será mediante un superávit comercial, a punta de tipo de cambio real, promoción de exportaciones y cierta protección arancelaria extra mientras salimos del atolladero. Es un error seguir alargando la cuerda a punta de deuda.



* Diseñar una estructura de gastos e ingresos del sector público orientada a alcanzar el equilibrio fiscal cuando el país recupere niveles adecuados de crecimiento, pero no antes. La disciplina fiscal es esencial para el crecimiento de largo plazo pero es un error establecer metas de reducción del déficit fiscal independientes de la recesión. Fue precisamente eso lo que transformó la recesión de 1998 en la actual depresión.



No hay mucho tiempo para perder y el país no puede darse el lujo de prolongar la grave cadena de errores de los últimos siete años.
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