Opinión

  • | 2004/09/17 00:00

    Un debate pendiente

    Hoy la economía se mueve gracias al influjo de las remesas. Estos recursos son los dinamizadores de una prosperidad prestada, que aumenta la propiedad extranjera, pero no la producción local.

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Al igual que en el campo de lo 'social', los avances mostrados por el gobierno ofrecen un aspecto muy diferente según el prisma con que se vean (recuérdese el debate en el Senado). También los 'éxitos' económicos de los que se precia la administración parecen bastante discutibles.

Una cosa es presentar la situación a partir de la apreciación del peso respecto al dólar para afirmar que nuestra deuda disminuyó, que pagamos menos por intereses, que aumentaron las exportaciones, etc. pero algo diferente es el otro lado de la moneda al ver la depreciación del mismo dólar comparándolo con cualquier parámetro de medición alterno, o sea, nuestra depreciación respecto al resto del mundo.

Basta ilustrar esto con la cifras del Producto Interno Bruto per cápita o con el monto de nuestras reservas calculados en cualquiera de las monedas y/o productos de valoración universal:



Es decir, la triste realidad es que lo que tenemos hoy vale menos en términos de cualquier medición diferente del dólar, o sea en la realidad.

Pero también como Nación tenemos menos: buena parte del patrimonio colectivo ha sido privatizado y la mayoría de ello, así como una parte de otros activos particulares, pertenecen hoy a inversionistas extranjeros, sin que esto haya sido reemplazado por nuevas empresas. Simplemente lo que eran los grandes ahorros nacionales acumulados a lo largo de la historia (como las empresas de servicios públicos o los activos de las mismas) fueron vendidos para atender gastos, y las entidades responsables del manejo del ahorro futuro enajenadas para quedar a disposición del capitalismo foráneo (bancos, pensiones, seguros, etc.).

Por último o producimos menos, o los sectores que intentaron avanzar están en crisis.

Es verdad que se han desarrollado nuevos proyectos con inversión intensiva y tecnificada. Exportamos uchuvas y fabricamos más componentes para autos. Pero estos casos no cambian la estructura básica productiva, donde vemos que en ambos extremos, desde el viejo modelo en el cual lo fundamental es la suficiencia agrícola, hasta el supuesto modelo de vanguardia donde el comercio internacional es lo determinante, estamos mal.

El café, el arroz, el maíz, el banano, la soya están en situación de catástrofe. La caída de los precios externos, la revaluación y los impuestos del gobierno están generando pérdidas que están llevando a la ruina esas actividades. Las anunciadas medidas oficiales de que se cierran las exportaciones, de que se subsidia el almacenamiento, de que se exigen cuotas de absorción para quienes desean importar, han resultado inocuas, por incapacidad de implementarlas o por mal diseñadas. Quienes se entusiasmaron por los buenos precios de la cosecha pasada o por la 'confianza' que ha generado el presidente Uribe, sienten el abandono de un gobierno que por encima de la eventual quiebra que ellos y sus sectores puedan sufrir, da prioridad a la política de libre mercado.

Nuestros principales productos exportables están en franca decadencia: de más de 18 millones de sacos de café que cultivamos, hoy nos acercamos a 11 millones; de 850.000 barriles de petróleo bajamos a 500.000.

Nuestro crecimiento es jalonado por los rubros extractivos (lo cual de hecho no sería un avance sino un retroceso) pero infortunadamente se produce más, pero para otros: con la venta de Carbocol y las minas del Cerrejón al consorcio Glencore Billiton, la explotación de La Loma por la Drummond y la venta a Glencore del resto del 'eje carbonero', nada queda en manos de Colombia. El ferroníquel de Cerromatoso hace años que es 100% extranjero. Y el desmantelamiento de Ecopetrol, adicionado por las ventajas y privilegios que para atraer la inversión de las petroleras ha tenido que ofrecer el gobierno en un desesperado esfuerzo por descubrir algún yacimiento, ha hecho que ya no exista participación nacional en la extracción de nuestro petróleo; con el reciente anuncio de que la etapa de refinación dependerá del capital privado podemos decir que ya la Nación no tiene actividad o industria petrolera.

Hoy la economía se mueve gracias al influjo de moneda extranjera, pero el exceso de divisas -o sea, el que produce la revaluación del peso, sobre el cual las autoridades no parecen tener explicación y menos aún control- viene de un 'empujoncito' de dineros externos que bajo la forma de las crecientes remesas de nuestros expatriados (US$4.500 millones este año), del ficticio 'valor agregado' que produce la ilegalidad en el negocio de la droga, y de las donaciones que entre Plan Patriota, Plan Colombia, laboratorios de Paz, ayudas para proyectos de desplazados, etc., recibimos como caridad del extranjero. No es el incremento en los rubros exportables ni el crecimiento de nuestro aparato productivo, como sería deseable, lo que arrastra el supuesto crecimiento actual. Son estos recursos los principales dinamizadores de un crecimiento virtual -una especie de prosperidad prestada, en que el aumento de ingresos son contribuciones de afuera y lo que se aumenta internamente es propiedad extranjera- pero es claro que no son resultado de mejoras o aumentos en nuestro aparato productivo sino que ocultan o disimulan su postración. Esto se adiciona y agrava con el ingreso de las inversiones extranjeras que aumentan la oferta de divisas pero sin un efecto paralelo en la producción.

La característica de esta inversión extranjera es que en efecto lo es desde un punto de vista especulativo para quien la realiza, pero no lo es en el sentido productivo para Colombia. La compra de empresas no genera nueva riqueza ni la aumenta, solo cambia de manos la rentabilidad. Así, lo que representaría el desarrollo de nuestra economía como es la inversión en los sectores terciario y más avanzados (comercio, servicios y economía de la inteligencia) están pasando a propiedad de multinacionales, por adquisición de activos y no por montaje de nuevas empresas (excepto en comunicaciones y algo en hipermercados).

Algunos análisis hacen énfasis en la diferencia entre Producto Interno Bruto y Producto Nacional Bruto, siendo el primero la totalidad de lo producido en el país mientras que el segundo es lo que queda para su economía (por ejemplo, la producción petrolera de los Emiratos les daría el PIB per cápita más alto del mundo pero su PNB per cápita está al nivel promedio de países con igual nivel de desarrollo). En nuestro caso, aún si en verdad el PIB mejora, lo cierto es que el PNB disminuye.

Así, guardadas proporciones, Colombia se parece cada vez más a los encierros que existían en la zona bananera o que es típico de las explotaciones de minería, donde las grandes inversiones proyectan la imagen de una gran actividad económica pero en la realidad para la población local lo que se presenta no es crecimiento sino empobrecimiento.
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